14 de mayo de 2026

Trash (gets itself out)



Hubo un tiempo en que me impacientaba porque las cosas simplemente sabían romperse. Esperaba quizás que otros se comportaran con la ética y la moral con la que yo me comporto. Me desesperaba pensar que sin importar cuanto entregara de mí, nunca habría una contraparte que diera siquiera un cuarto de lo que yo daba, alguien que desinteresadamente entregara lo mejor de sí, que coloque todas las cartas sobre la mesa sin esconder las manos en el proceso como si la vida se tratara de un juego de azar. Solía tener el convencimiento de que todos guardábamos luz dentro nuestro, un lado positivo, un costado que sin importar que tan tosco y frío uno pudiese mostrarse frente a otros, uno conservaba. Pensaba que existía un mundo mejor, uno que estaba al alcance de la mano. Nunca hubo un tiempo donde no me considere una soñadora nata. No necesitaba cerrar mis ojos para visionar las cosas que podían suceder. Guardaba un poco de esa inocencia que forma parte de la infancia, una que te cuida en silencio, que controla que no olvides lo que realmente importa en esta vida. Y sin importar cuantas cosas malas me hayan sucedido a lo largo de mis años, siempre recordaba que no podía quejarme, que siempre hay alguien a quien le toca el lado mas corto de la varilla, alguien que está sufriendo más, alguien que tiene menos, que no puede, que está completa e innegablemente solo. Siempre empaticé con otros, creía en la lealtad, en esas cosas que lo vuelven a uno una persona "de bien". Lo cierto es que cuando te lastiman, cuando te noquean y quedas partido en dos pedazos, no hay bien que todo lo pueda. 

Lo pienso y se me caen las lágrimas por las mejillas. Observo las sombras moverse con la luz que entra por la ventana de la calle mientras que espero que el tiempo pase, que las horas traigan al sol consigo. Extraño a quien era antes de todo esto. Extraño a esa versión de mí que aún aconteciéndole lo peor, salía adelante. La habitación parece sumergirme en una oscuridad que me inunda, me perturba los pensamientos, me eriza la piel. Intento respirar hondo porque sigo acá, porque eso ya es un logro más, pero lo cierto es que nunca quise ser heroína, nunca quise tener que ponerme una armadura. Yo siempre quise sentir, todo. Me preocupa que no me den los brazos para  proteger a los míos, me preocupa que esto nunca frene, me preocupa que mi vida quede en blanco y negro de por vida. Me carcome la culpa, me cuesta no mirar hacia atrás por mucho que me fuerzo a pensar en el futuro, por mucho que me obligo a recordar quien soy. Por momentos, creo que deambulo perdida día tras día, y cuando lo pienso, me invade un enojo inmensurable, una sed de venganza que jamás sentí por nada. El lado oscuro si tienta, tironea para que ceda, para que sucumba ante las actitudes mas primitivas. Nunca fue una competencia, pero si eso es lo que fue, se que gané. Se que la basura, siempre se saca sola. Pero nada de todo eso quita que el campo de batalla se haya convertido en un espacio minado por los restos conglomerados del odio que siento, y no tiene que ver conmigo o lo que puedan hacerme, eso no me inquita en lo más minimo, sino con la amenaza constante y plausible sobre los míos. Soy consciente de que la guerra terminó, de que todo se acomoda, de que el karma se encarga, pero el resentimiento que guardo por todo lo perdido en el camino, nadie ni nada puede enmendarlo

Me siento en la mesa de domingo con mi familia y todos se rien, me relajo junto con mis músculos porque todos estan bien, estamos juntos y pasando un buen momento. Todo esta bien hasta que recuerdo el dolor como una punzada reflejo. Internamente rezo porque siempre pueda cuidarlos, que mi manto los cubra, que mi segundo idioma los proteja, que fuego queme todo mal que siquiera intente acercarse. Sonrío como si hubiese un gran agujero negro en mí. Estoy, pero por dentro solo puedo pensar, una y otra vez: "Mira en lo que me convertiste, mira lo que hiciste de mí. No se cual es tu plan, cual es tu próximo movimiento pero deberías saber que no hay un lugar al que puedas correr, donde te puedas esconder, en el cual puedas escapar de las consecuencias de todo el daño que hiciste, de todas las lagrimas que derroche, de la soledad a la que me tuve que someter para sobrevivir. Me quitaste la alegría, robaste mis sonrisas en medio de la noche y cubriste todo de un conocimiento que preferiría no tener. No hay un lugar en este Universo donde puedas escabullirte y no me entere. No hay dolor que no merezcas sufrir, no hay carencia que no merezcas vivenciar. Todo lo que va, viene, y en el mundo del misticismo, en la vida y en la muerte, todo se paga"

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