Lo pienso y se me caen las lágrimas por las mejillas. Observo las sombras moverse con la luz que entra por la ventana de la calle mientras que espero que el tiempo pase, que las horas traigan al sol consigo. Extraño a quien era antes de todo esto. Extraño a esa versión de mí que aún aconteciéndole lo peor, salía adelante. La habitación parece sumergirme en una oscuridad que me inunda, me perturba los pensamientos, me eriza la piel. Intento respirar hondo porque sigo acá, porque eso ya es un logro más, pero lo cierto es que nunca quise ser heroína, nunca quise tener que ponerme una armadura. Yo siempre quise sentir, todo. Me preocupa que no me den los brazos para proteger a los míos, me preocupa que esto nunca frene, me preocupa que mi vida quede en blanco y negro de por vida. Me carcome la culpa, me cuesta no mirar hacia atrás por mucho que me fuerzo a pensar en el futuro, por mucho que me obligo a recordar quien soy. Por momentos, creo que deambulo perdida día tras día, y cuando lo pienso, me invade un enojo inmensurable, una sed de venganza que jamás sentí por nada. El lado oscuro si tienta, tironea para que ceda, para que sucumba ante las actitudes mas primitivas. Nunca fue una competencia, pero si eso es lo que fue, se que gané. Se que la basura, siempre se saca sola. Pero nada de todo eso quita que el campo de batalla se haya convertido en un espacio minado por los restos conglomerados del odio que siento, y no tiene que ver conmigo o lo que puedan hacerme, eso no me inquita en lo más minimo, sino con la amenaza constante y plausible sobre los míos. Soy consciente de que la guerra terminó, de que todo se acomoda, de que el karma se encarga, pero el resentimiento que guardo por todo lo perdido en el camino, nadie ni nada puede enmendarlo.
Me siento en la mesa de domingo con mi familia y todos se rien, me relajo junto con mis músculos porque todos estan bien, estamos juntos y pasando un buen momento. Todo esta bien hasta que recuerdo el dolor como una punzada reflejo. Internamente rezo porque siempre pueda cuidarlos, que mi manto los cubra, que mi segundo idioma los proteja, que fuego queme todo mal que siquiera intente acercarse. Sonrío como si hubiese un gran agujero negro en mí. Estoy, pero por dentro solo puedo pensar, una y otra vez: "Mira en lo que me convertiste, mira lo que hiciste de mí. No se cual es tu plan, cual es tu próximo movimiento pero deberías saber que no hay un lugar al que puedas correr, donde te puedas esconder, en el cual puedas escapar de las consecuencias de todo el daño que hiciste, de todas las lagrimas que derroche, de la soledad a la que me tuve que someter para sobrevivir. Me quitaste la alegría, robaste mis sonrisas en medio de la noche y cubriste todo de un conocimiento que preferiría no tener. No hay un lugar en este Universo donde puedas escabullirte y no me entere. No hay dolor que no merezcas sufrir, no hay carencia que no merezcas vivenciar. Todo lo que va, viene, y en el mundo del misticismo, en la vida y en la muerte, todo se paga".

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