27 de agosto de 2026

Long overdue

Estoy intentando encontrar una forma de sobrevivir a este sentimiento, a toda esta conjugación de emociones. Este último tiempo he sido golpeada por tantas situaciones al mismo tiempo que me pregunto que tendré que aprender de todo esto, qué es lo que la vida quiere mostrarme porque, francamente, si tenía una mínima idea, ya no lo tengo del todo claro. ¿Puedo ser una niña de nuevo? ¿Podemos volver el tiempo atrás? ¿Puedo volver a creer en cosas mundanas sólo para recuperar mi inocencia?. Al menos un rato, al menos por una breve fracción de segundo. Quiero volver a vivir en un mundo donde no todo este destinado a morir.

No es como si no hubiese sabido que este día iba a llegar, pero uno siempre quiere pensar que no lo hará, que el tiempo y las circunstancias eludirán que suceda lo inevitable. Siempre supe que quedaba poco tiempo. Desde que mi hermano nació supe que era así. Nunca existió un momento en que los médicos no dijeran que se iba a morir, que no había nada que pudiesen hacer, que sólo quedaba esperar. De tanto que lo escuchamos, nos fuimos todos un poco haciendo a la idea de que quizás los médicos y la ciencia no saben tanto como dicen del cuerpo humano, o al menos, no del de mi hermano. Lo se porque a mis quince años, fuimos a terapia familiar para duelar una muerte que no había acontecido, pero que por aquel entonces decían sucedería en cualquier segundo. Nunca podría olvidar esas sesiones, como tampoco el día en que mis papás me preguntaron si debían operarlo o no, porque ellos sentían que no podían decidir. Por aquel entonces, fue la primera vez que comprendí la niña que tuve que dejar de ser cuando él nació para que mis papás le den la atención que él si necesitaba para seguir viviendo. Desde entonces, mi hermano nos regaló otros 18 años de su compañía. Yo le regalé a él mis años de niñez y mi adolescencia. También parte de mi adultez temprana, cuando necesitaba que alguien me salvara de la selva a la que voluntariamente me mude con sólo diecinueve años, en un tonto intento de escindirme de un mundo que giraba entorno a él. De una casa llena de médicos, de maestras particulares, de acompañantes terapéuticos. El divorcio de mis papás. Mi mamá haciendo una nueva vida con otro hombre en mi propia casa. Mi papá intentando rehacer su vida con mujeres que podrían haber sido hijas de él. Y yo aprendí a convivir con todo el sufrimiento de una niña que sólo disfruto 5 años de niñez con sus papás, que tanto la desearon, que tanto la buscaron...sólo para luego pasar toda una vida sintiéndose sola. No los culpo. Ahora, con los años, entiendo que hicieron lo que pudieron con lo que tenían, con lo que sabían. Todos somos nuevos cuando se trata de vivir la vida.  Eso no quita cuanto los extraño...extraño esa vida que no pude tener con ellos, memorias compartidas que sacrifique. Los años que no fui hija porque no había tiempo ni espacio, porque urgía la vida, de nadie más y nadie menos, que mi hermano. Se que lo haría de nuevo, se que no cambiaria nada...tan sólo intentaría disfrutar más, desde donde estaba, desde ese lugar que tuve, por minúsculo que fuese. A veces creo que me prive de ese disfrute. De abrazar más, de querer más, de estar más. 

Hoy, otra vez, tuvimos que escuchar que no hay nada que puedan hacer. El sistema de salud, nunca evoluciono. En todos estos años, fueron contados con la mano los profesionales que han sabido empatizar por mi hermano, tratarlo como a un ser humano, y no como a una cosa que hay que enmendar sin importar los medios ni las formas. Me pelee con médicos en nombre de mi mamá que parece no tener las fuerzas para confrontar. Sostengo a mi familia, con todo lo que tengo de mí. Discuto con mi papá que por momentos reniega de hacerse cargo de su paternidad. "Tenes que ponerte los pantalones porque no hay tiempo", le digo. Y se que no lo hay. Se que no hay después, se que no hay redención posible si se llora sobre un árbol caído, sobre todo cuando sabías que iban a tirarlo abajo. El momento siempre es ahora. Intento estar presente, aún estando lejos de ellos. Les mando mensaje todos los días, me preocupo. Siento como si todo deshuasara mi espíritu. Me duele el corazón, en formas y en dimensiones inmensurables...

Mi hermano nació y nos dijeron que moriría. Así, sin más. Lo conectaron a muchas máquinas mientras las enfermeras susurraban entre ellas que no saldría de Neo-natología. Yo hacía carteles de aliento en casa, sola, mientras mamá lo cuidaba. Los llenaba de los colores que por aquel momento mi vida tenía y, en los día de visita, los pegaba en los ventanales donde estaba internado. No solían dejar que se hagan esas cosas, porque eran cuidados intensivos, pero era tan poca la expectativa de que mi hermano salga de ahí, que las enfermeras me dejaban. "¿Que daño puede hacerle?", decían por lo bajo. Cuando las cosas están mal, no parece que puedan ir peor, porque en las circunstancias más extremas, no se pierde vida, se pierden oportunidades para salvarla. Mi hermano salió de esa, como salió de tantas. Salimos todos. A trastabillarnos, a cuidarnos, a cometer errores y aprender cada día. Siento que fuimos muy afortunados porque dentro de nuestra propia familia fuimos sistema de apoyo, porque cuando no había nadie, y todos nos miraban raro, cuando nos juzgaban, cuando todo estaba mal, entre todos ayudaban. Mi abuela, mi tía abuela, mis primas, mis tíos. Y aún en momentos de extrema desazón, nunca estuvimos solos. Nunca lo sentí así. Y mi mamá, mi bella mamá, que todo lo pudo. Cielo y tierra. Espero un día poder ser un cuarto de lo madre que siempre fue ella, aunque muy probablemente falle en el intento. 

Estoy intentando aceptar que esta es la realidad innegable, que 29 son la cantidad de años que nos trajeron hasta acá. Siempre dijeron que no iba a vivir, que iban a ser menos. Quizás esta vez también se esten equivocando. Quizás como todas aquellas veces, otra vez, se esten confundiendo. Pero esta vez, se siente algo distinto en el aire, en sus facciones, en su cuerpo, en sus ganas de luchar, como si no pudiésemos darnos el lujo de negarlo. Tengo que escuecer mis heridas y hacerme fuerte, no por mi, sino por otros. Por mi familia. Intento hablar sin llorar, intento salirme de mi cuerpo para poner el cuerpo por los demás, como barrera, como escudo. Pude hacerlo un mes sin mostrar un solo atisbo de dolor, pero ahora, puedo sentir como mi corazón se retuerce. Últimamente no puedo hacer otra cosa más que sentir hacia adentro. No creo ser capaz de decir lo que siento en voz alta, de atravesar este dolor, este tunel, porque sólo puedo ser faro y camino, si es que pretendo no desarmarme al andar. Y aún así, también se que ese tiempo llegará. 

Mientras tanto, sujeto la mano de otro fuerte, tan fuerte como puedo. Mientras tanto, lo estoy intentando, lo juro, con todo mi corazón, lo estoy haciendo...


10 de agosto de 2026

The dark side

a man with a hood on his head is crying with a tear running down his face .

Siempre he dado lo mejor de mí. En cada relación, en cada vínculo, a cada paso que di. Siempre cuide de los míos, siempre estuve ahí, día y noche, a cualquier horario, ante cualquier adversidad, con abrazos y oídos disponibles, ofreciendo mi tiempo aún cuando ya comprendía de la finitud y la importancia que posee. Las personas que me conocen bien nunca han dudado de que pueden contar conmigo, sin excusas, sin prejuicios bajo la manga. Ofrecía de mí sin escatimar, sin medir. Y si bien nunca daba esperando algo a cambio, presumía de que las personas por las que entregaba todo, estarían para mi si lo necesitaba. Desde chica siempre fui así, di más de lo que recibí. Así me enseñaron, así aprehendí. Lo hacía aún sabiendo que nunca fui prioridad de nadie y que, inevitablemente, siempre terminaba segunda. Sin importar mis triunfos, siempre había algo que urgía más. Alguien. Entendí también que no había manera de luchar contra eso, porque uno no puede controlar lo que otros hacen, las decisiones que toman, la posición en la que te colocan en su historia. Daba todo de mí como si un día no fuese a quedarme hueca, vacía. Como si mi propia elección de poner a todos como prioridad, no fuese a tener consecuencias sobre mi propia vida. Daba todo sin tomar en consideración que la otra persona podía no hacer lo mismo, que la otra persona también esta en completa libertad de no valorarlo, de despreciarlo e incluso, de pagarte con la otra cara de la moneda. 

Ya nada queda de esa persona en mí. Han consumido toda mi empatía, todo mi amor, toda mi calidez, mis risas, mis gestos, mis sonrisas genuinas. Y yo que sentía todo cariño con intensidad, he perdido toda mi capacidad de sentir, de emocionarme, incluso de llorar. Nada me conmueve, nada me toca, aún cuando mi piel siente sus manos intentando acariciar este cuerpo inerte, ya completamente falto de deseo, de ese amor que acciona desde su propia voluntad. Las circunstancias de la vida me han convertido en una mujer que nunca pensé llegar a ser, me hice de la desesperación de Cassandra cuando gritaba a los cuatro vientos verdades pero nadie le creía. Quizás es eso lo que haya pasado. Debo haber sida maldecida por algún Dios amigo de Apolo. Debo haber enojado al mismísimo Zeus quien tuvo la brillante idea de poner a prueba mi voluntad de vivir de tal forma. Descendí lo más bajo que se podía descender. En el inframundo intente engañar a Hades, para conseguir al menos sobrevivir a duras penas. El costo fue confrontarme con la realidad irrefutable de ser amada a medias. Sobre las aguas telúricas, me mostró como es que nunca nadie realmente se la jugó por mí, como es que nadie tuvo convicción cuando se trataba de elegirme, de priorizarme. Mi debilidad son las heridas de una infancia solitaria, de una adolescencia problemática y una adultez rodeada de falsedad. Hades me miró con sus ojos gélidos y señaló al extraño que un día sentenció "esencialmente, eres una persona triste". Movió su cabeza de manera negativa, desaprobando no sólo lo dicho sino que por mi parte haya permitido tales tratos. Y yo también. El fuego de su ira se apropio de mi pecho, me sentí arder por dentro. No puedo comprender como es que han tenido el tupé de decirme que era mi impresión, de que "no era personal", que no era para ofender, que las palabras no siempre estan hechas para lastimar. Pero ¿que se supone que uno hace con todo el residuo de lo que se escucha? ¿que hace uno con las consecuencias de las acciones ajenas cuando se llevan a cabo sabiendo el daño que van a generar en uno?. Siempre pense que la oscuridad atraía hacia sí como un imán, pero lo cierto es que, el lado oscuro no es el que te empuja a fusionarte con él, sino quienes te demuestran por qué ese lado oscuro existe. 

Nadie parece merecer el perdón que tanto dicen anhelar. Casi nunca lo piden porque realmente lo necesiten. Todo se hace "para quedar bien" con Dios y con el Diablo. Como si existiera un compromiso ante los ojos de la sociedad al que no pueden fallar. Como si la persona a la que no deberían fallarle, en comparación, no significara nada. Asique, no. No te atrevas siquiera a pensarlo. No creas que estas en la posición de volver a asesinarme como si no fuese un fantasma lo que te acompaña día a día. Como si no hubieses matado ya todo lo que había en mí, de mi antiguo yo. No te atrevas a querer fingir que no hubo una muerte, que no hubo un funeral, que todo no se tiño de un negro sepulcral. Todos asistieron, todos me vieron ahí, con un ramo de lirios entre las manos, duelando mi inocencia, duelando a una mujer que perdió toda esperanza en el amor, todo color en sus días. No finjas que tus manos no estan manchadas con mi sangre, no te convenzas de que esto no es tu responsabilidad. No confundas mi perdón con redención porque lejos está una cosa de la otra, lejos estás de convertirte en un ser de luz. Todo lo que te rodea es oscuridad, y oscuridad es lo que acarreas, adentro, bien adentro. Y si, podes escapar de mi, podes negar que lo hiciste, podes ponerte una mano en el pecho y jurar en vano, pero nadie escapa de su sombra. 

Ahora entiendo a la luna y sus faces. Admiro como transiciona de la luz a la oscuridad sin perderse. La línea entre lo bueno y lo malo es tan fina que, a veces, cuesta saber de que lado está uno. Y yo que era luz pura, me fui apagando. Corrijo, me fueron apagando. Soy víctima de mi inocencia, de haber perdonado a los que me han lastimado sin garantías, sólo para que vuelvan a hacerlo sin remordimientos. Soy culpable de haber confiado, de haber actuado siempre de manera noble, de no devolver con la misma moneda aún cuando tuve la oportunidad, de haber abierto mi corazón sin pretextos, de haber amado...incondicionalmente. Siempre tuve la convicción de que nunca lograrían teñir mi alma de negro, pero creo que lo han logrado. Creo que debería aplaudirlos, halagarlos, después de todo, no es trabajo sencillo marchitar todo lo que se toca. Espero que siempre recuerden como corrompieron mi paz. Espero que recuerden todo, cada detalle, porque van a necesitarlo. Van a necesitar recordar quienes eran antes de destrozarme, van a necesitar su fuerza porque ya no estoy en la luz. No completamente. Antes de cualquier persona, vengo yo. Por eso, te recomiendo que no vuelvas a confiar en mí porque, la traición, con traición se paga. Te recomiendo que te guardes la valentía para más adelante, para cuando la necesites al mirarte al espejo y observes los resabios de un hombre que nunca existió, de un niño que con fuego jugó, de quien dejó ir a lo mejor que le pasó como quien deja escapar su último aliento sin saber que no habrá más. 


a close up of a person 's face with red eyes

Long overdue

Estoy intentando encontrar una forma de sobrevivir a este sentimiento, a toda esta conjugación de emociones. Este último tiempo he sido golp...