7 de enero de 2026

Never to keep

Hay amores que mueren y renacen con la misma facilidad. Tuve que soltarlo para que todo ese cariño que le tenía eventualmente volviera a mí, de la forma en que podía. Nunca deje de quererlo, nunca lo deje ir. Se convirtió en una de esas cosas que uno envía al fondo del corazón para no sentirlas, para no pensarlas, para (sin saberlo realmente) no olvidarlas. Entiendo perfectamente de las limitaciones, de los sueños imposibles y de las responsabilidades. Entiendo de la adultez desde mis seis años cuando la vida me obligó a crecer. Quizás el problema sea que se haya convencido de que soy demasiado ingenua para entender todos los motivos por los cuales lo nuestro nunca fue una posibilidad, algo que evidentemente lo llevó a creer que era mejor no "ilusionarme". Temo que, en el proceso de reordenamiento de ideas, lo que esté haciendo sea proyectar sus inseguridades sobre mí en vez de asumir que algo dentro suyo se movió cuando volvimos a hablar. 

Me duele un poco pensar que lo que empezó como algo natural y sentido, terminó por convertirse en algo forzado. Siento que constantemente estoy intentando revivirnos, a los que éramos, como si el tiempo no se hubiese cobrado lo propio, como si no hubiésemos pagado un costo por la distancia y el silencio de tantos años. No se si es mi inconsciente, o sólo sea mi corazón que tiene la terquedad de un caballo indomable. Es que nunca voy a entender como es que alguien te borra, como alguien te puede llevar al cielo y al infierno con la misma facilidad. En el fondo, se que no tiene sentido fingir, y si voy a ser señalada por tirar la primera piedra, que así sea. Puedo vivir con la vergüenza, con la incomodidad de quien quiere a otra persona sin pudor. No tengo miedo a perderme, no esta vez, pero de tanto en tanto creo que quizás el que tiene ese miedo es él. Se que quiere alejarme, lo se con la misma certeza con la que lo supe antes. Me sorprende un poco la facilidad con la que puedo ver a través de sus palabras. A través de las actitudes mezquinas que actúan como escudo para proteger su corazón, y una estabilidad que tiende a confundirse con paz mental. 

Nunca me importó ser crucificada por decir la verdad, por querer con sinceridad, de una manera tan genuina que me cueste no ser egoísta conmigo misma. Me hubiese gustado decirle en la cara lo mucho que lo aprecio, lo mucho que hubiese deseado no ser esa persona a la que prefería romper antes que querer. Una persona a la que prefiere desconocer por el miedo que le genera ser visto en su completitud. No me malinterpreten. No me cabe duda de que es mas sencillo tener una personalidad con la cual uno puede manipular, hacer y deshacer sin que nadie sepa por qué, para qué. A veces creo que olvida lo mucho que lo conozco, a veces me asusta creer que el que me conoce poco, sea él. ¿Acaso le teme a quien sabe que fui en el pasado? ¿a quien creyó que debía rescatar de si misma? o ¿es que teme que ya no necesite ser salvada y eso lo vuelva prescindible?. Ojalá supiese que la única razón por la que tanto tiempo fue la excepción, por la cual nunca lo odie ni guarde rencor por su abandono repentino y sin explicación, es porque, justamente, lo quería. Joder, si que lo quería. Es ese tipo de cariño que a partir de una determinada edad, uno ya no desarrolla. Cuando uno crece, entiende. Y mi cariño por él, nada de entendimiento guardaba. Era sentimiento. Puro. Y puede que decir todo esto, escribirlo, me haga ver como vulnerable, ilusa, hasta tonta. Puede que se lea como imprudencia, pero créanme, es valentía. Son verdades que antes no estaba preparada para leer en mí. Y al escribirlas, algo de mi, suelta. 

Tengo en claro que por un momento lo tuve. Por un momento, compartimos nuevamente sincronicidad en una línea del tiempo que no sabía que podíamos habitar. Peter volvió de Nunca Jamás para ver si Wendy seguía esperando su retorno y la encontró en la misma ventana de siempre, con la luz encendida, sin saber que así la dejaba por si un día decidía volver. No es que me arrepienta, porque ahí estaba yo, con la emoción de una niña que hubiese deseado no crecer, que hubiese deseado ser querida con la pureza con la que quiso. Lo triste, si me preguntan a mí, es quizás la simplicidad con la que fui absorbida por su energía, por el halo de su mera existencia, y a posterior, la facilidad con la que fui expulsada. Por un momento, robo mi corazón roto. Pude ver el reflejo de amor que hace a uno desear cuidar de otro y confié en que esta vez iba a ser distinto, que el tiempo había puesto perspectiva y madurez en su camino. Pensé que había podido apreciar cuanto yo crecí, internamente. Ahora no puedo evitar pensar que en su intento por enmendar mis heridas, viera los resabios de mi independencia emocional y eligiera decirme que era mejor que lo dejara atrás, en un pasado idealizado. Puedo sentirlo pensar "es mejor así" como justificación sin saber que sin el, lejos estoy de estar mejor. Pensé que al fin había recuperado un pedazo de mi que se llevó consigo, ese lugar seguro donde podía decir y ser sin limitación. No, no estoy mejor sin él. Pero esta vez, no es porque necesite ser salvada, sino porque esperaba que viera que justamente, no lo necesito. Esperaba que haya vuelto por el mismo tipo de cariño que durante tantos años, yo le profesé. Sin nada a cambio. Sin exigencia. Solo sentir. Pensé que había vuelto porque me quería, porque recordaba lo que teníamos, como si el tiempo no hubiese pasado, como si nuestro tiempo no hubiese expirado...



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