7 de septiembre de 2019

Beautiful glow (PART II)

Francis fue desde un comienzo ese hombre con el que no estaría, con quien, en mi cabeza, no podría conectar sin importar cuanto lo intentara. Somos tan distintos que nunca podría haber apostado que iba a sentir algo por él, que iba a estar pensando en él como si realmente fuéramos algo que, en verdad, no somos. Siempre fue muy claro y me dijo "en marzo o abril me voy a vivir a Canadá" y tomé esa frase como un imperativo para no involucrarme sentimentalmente, o al menos no al punto en que mi corazón se viese comprometido. Parece que en materia de amor nunca aprendo que no es algo que uno pueda controlar. 
El bar se fue vaciando, incluso apagaron la música en un intento de ir "invitándonos" a irnos, sólo quedábamos él, yo y un par de personas más que evidentemente estábamos pasándola tan bien al punto de perder la dimensión del tiempo que había pasado. Eran casi las 2 am. Estábamos desde las 21 horas juntos, y juro, hubiese podido pasar una eternidad sintiéndome así de bien al lado suyo. Agarré mi abrigo y salimos al frío, agradeciendo que estemos en auto, y que haya traído mi campera. Francis, con su camisa como si hicieran 20 grados, me abrazaba para que el viento no me congelara los huesos, aunque al lado suyo, francamente, eso nunca hubiese podido pasar y explicó sin que tuviera que preguntarle "estoy acostumbrado al frío" y se encogió de brazos mientras por dentro, esperaba que ese frío no se hubiese hecho su mejor amigo, convirtiéndolo en ese tipo de hombre a quien nada le conmueve. Ya no quería estar con hombres frígidos que nada pudiesen sentir. Sí algo aprendí de las personas así, es que sin importar qué sientas, siempre vas a querer "intensamente" o "demasiado" y siempre van a terminar pidiéndose que les quieras menos, o en caso contrario, van a usar tu cariño como excusa para evadir cualquier tipo de sentimiento. No, ya no quiero eso. pienso, sacudiendo la idea de mi cabeza y escurriéndome un poco más en su brazo derecho. 
Ya en el auto entre risas le explico como llegar a mi casa desde donde estábamos, y me doy cuenta de que da vueltas. Sé que lo hace a propósito, y me alegra no ser la única que desea alargar lo inevitable. Es increíble cómo algunas cosas nos juegan en contra cuando nos gustan lo suficiente. Usualmente en una cita siempre estoy deseando que la noche se termine, pero con él, sólo puedo desear que se confunda siempre de calles para que nunca lleguemos a casa, y su compañía se convierta en mi destino final. Pero ya saben, eso no pasó. Francis estacionó un poco antes de la puerta de mi edificio, se sacó el cinturón y me besó. No fue un beso desesperado, fue sorprendentemente igual de cuidadoso como el primero y luego, me abrazó, dejándome un poco en shock. Un shock hermoso de amor. 
En el fondo, siento que algo está pasando, que ni yo ni él podemos explicar. Y no nos incomoda, simplemente nos hace desear que nunca acabe. Lo sé porque nos quedamos horas y horas charlando y besándonos, en un momento acostados sólo mirándonos, en otros deseando no desearnos tanto. En un abrir y cerrar de ojos se hicieron las 6 de la mañana, y Francis me dijo "quisiera quedarme con vos todo lo que pueda" y supe que no estaba sola, al menos no sintiéndome como me sentía, casi como extasiada por el momento que parecía estar aprovechándose de nosotros más de lo que nosotros podríamos aprovecharnos de él. Francis me abrazó y me dijo "no te vayas, no te quiero soltar" y yo lo besé y le dije "tampoco me quiero ir", así que me propuso vernos al día siguiente, o mejor dicho, después de dormir unas horas y supe que no podría haberle dicho que no, nunca...porque sea lo que sea que pasó esa noche, ya sea Mercurio retrógrado o la luna llena, Francis era todo lo que estaba necesitando: besos, abrazos e interés por crear un vínculo sin ese espantoso miedo que parecen tener los hombres millenials de que el vínculo luego se torne una relación...

CONTINUARÁ...

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