4 de septiembre de 2019

The heartbreak prince (PART I)


Nos encontramos en el momento menos esperado, y al mismo tiempo, con el mejor timing que pudiésemos haber tenido. No voy a mentir, nunca pensé que pudiésemos coincidir en algo más que en una cena y algún que otro trago, pero de alguna forma, Francis consiguió arraigarse en mí como una hiedra, calándome de a poco, creciendo sobre las paredes de mi corazón y luego adentrándose en su más profunda oscuridad, y casi sin planificarlo, entre grieta y grieta, dejó entrar la luz.
Nos la pasamos hablando por casi dos semanas desde las 8 am hasta las 2 am. Convertimos las horas en segundos, y me sorprendí al observar la facilidad con la que se puede entablar una conversación cuando no está forzada, cuando hay una lista de “disparadores” para generar charla donde no la hay. Es que vengo de entablar relaciones con hombres que no saben mantener charlas porque les da pereza o bien porque simplemente, no les interesa (nada más que coger). 
No voy a mentir, porque aún sintiéndome increíblemente bien teniéndolo al lado mío, sabía que debería atenerme a las consecuencias de haberlo conocido por una red social, pero para ser franca, me daba un poco igual. Porque sin importar cómo, desde que nos encontramos, no puedo dejar de preguntarme si lo conozco hace 20 segundos o 20 años. Es ese tipo de conexión que te deja pasmada, estática y al mismo tiempo moviéndote al son de una canción de cuna, hipnotizada por todo eso que ves con mayor claridad cuando estas en acompañada por la persona indicada. 
La primera salida, fuimos a comer sushi, y me recuerdo estando preocupada por no repetir viajas malas experiencias en las que uno desearía ofrecerse para pagar con tal de no pasar la vergüenza del momento en que un hombre te pregunta “¿dividimos?”. Le pregunté varias veces si estaba seguro, si no le parecía mejor ir a tomar algo, para no comprometerlo ni generar posibilidad de crear un mal momento. Pero Francis insistió, y yo nunca se decirle que no a un buen plan de comida con alguien de quien sé que voy a disfrutar la compañía. Me pasó a buscar por casa y cuando subí al auto lo saludé con una sonrisa en la cara. Podía notar que estaba nervioso porque dimos varias vueltas con el GPS hasta que logró ubicarse, y lo se porque no paraba de mirarme de reojo, y yo tampoco. Me recuerdo pensando en lo lindo que es sentirse así de bien desde el comienzo, sin dudas ni antagonismos en la cabeza. 
Estacionó el auto y fuimos caminando hasta el restaurant que quedaba sobre Armenia. Sus jeans, sus zapatillas y su camisa roja acuadrillé colgando en el largo torso de un hombre de 1,90 que no podía dejar de mirar. Francis podía no ser el típico hombre que observaría en la calle, pero tenía algo, en su forma de moverse, en sus manos nerviosas que a veces no sabía donde poner. Me hacía acordar a un niño pequeño, lleno de energía en el cuerpo, a un alma joven atrapada en el cuerpo de un hombre de 27 años obligado a crecer muy de repente. Charlamos de todo. Incluso después de que llegara la comida, nos quedamos charlando y escuchándonos - literalmente - a la luz de las velas. Francis me habló de sus hermanos (su hermana y su hermano) que vivían lejos, por Europa, y de sus papás que vivían también lejos por el norte del mapamundi, y él...él deambulando por la ciudad de la furia sin comprender bien dónde pertenece realmente, en la perpetua búsqueda de esa ciudad que lo hiciera sentir como en casa. Para cuando terminamos de comer, me preguntó si quería que fuésemos a tomar algo a otro lugar y obviamente dije que sí, pensando en el fondo de mi cabeza en lo lindo de querer dilatar mutuamente el tiempo, para que no se termine, para que dure todo lo que pueda durar. Porque hay momentos que por más fugaces que sean, quieren quedarse, y uno...quiere quedarse eternamente en ellos. 
Caminando por Armenia, terminamos en un bar conocido, y esperamos para entrar en el frío helado propio de pleno invierno. Francis me hablaba de economía y yo si bien no entendía absolutamente nada de lo que me decía, lo escuchaba atenta. Me subí a un escalón y apenas lograba quedar a la altura de su hombro y cuando empecé a charlarle, Francis me miró a los ojos y me callé, no pude esquivarle la mirada, fue como quedar presa un segundo y al otro sentirlo besarme de una manera tan tierna, que no recuerdo a ningún hombre besarme así. No me lo esperaba pero lo necesitaba. Al sentarnos en la mesa, se colocó a mi lado y entre sorbo y sorbo de los tragos que nos pedimos, no perdía oportunidad para besarme. Le conté de todas mis malas experiencias, y entre risa y cara de "es lo que hay", le hice un pedido omiso de que no me lastimara y sin decir expresamente que lo entendió, confesó que "nunca podría tratarte así" y ahí, en ese momento de vulnerabilidad, sin que siquiera lo notara, me gustó él, me gustó la idea de haber coincidido muy a pesar de venir de lo que parecían dos mundos distintos...

CONTINUARÁ...



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preview (of a disaster)

Solía conocerlo, tan bien. Solía pensar que lo hacía. Que conocerlo me daba un estilo de privilegio, de ventaja por sobre otras personas. Lo...