5 de febrero de 2019

In love (fears banish) PART II


Estoy enamorada de un hombre hermoso, que en mis ojos es más de lo que puedo ver superficialmente. Y lo que más me enamora, es la seguridad que siento a su lado. Es casi como si no hubiese duda de por medio, como si en mi corazón, no hubiesen preguntas que responder. Está ahí, en mis ojos, cuando me mira, y me lo dice. “A veces me miras con ojos de enamorada”, porque mis ojos siempre dicen todo, porque después de todo, los ojos siempre son la entrada al alma. Y puede verme. Incluso cuando pienso que mis miedos nublan su imagen de mí, no lo hace. No le tiene miedo a mi todo, a mis defectos, y eso hace que mi miedo problemático le ceda lugar a ese miedo que impulsa y te hace volar. Vuelo lejos del suelo, y está bien. No temo a la caída, porque no pienso en eso. No pienso en todos los porvenires, con él, siento mi presente más que nunca. Mi presente me hace sonreír por la calle, me hace querer ser siempre mi mejor versión (o al menos intentarlo incansablemente). Este miedo me lleva a querer que vea mi luz y mi sombra, y no temer. No temo. Me quedo expectante, y con la sensación de que la vida es linda y colorida cuando aprendes a transformar los miedos que te vuelven un ser inseguro, en tus fortalezas. Al lado suyo, me siento indestructible.
Ahora quizás, entienda por qué me la paso abrazándolo. Despierta y dormida. Es casi como estar muerta de miedo y de amor, todo al mismo tiempo. Porque abrazándolo encuentro un poco de mi, porque abrazándolo temo por el fin del momento y su no repetición. Temo al tiempo, que a veces no alcanza con la persona indicada y tantas otras veces, cuando menos lo esperas y queres, sobra con la persona equivocada. Pero el miedo se esfuma apenas abro los ojos por la mañana y lo veo tumbado a mi lado, con sus brazos, entrelazados con mi cintura, día tras día, y se con seguridad que mi miedo a no encontrar a nadie, me llevó a encontrarlo, cuando menos lo esperaba, justo cuando pensé que mi miedo era sólo frustración, un miércoles por la tarde, con un café de por medio, sin expectativas de nada, lo miré a los ojos, y sentí tranquilidad, esa paz que te inunda cuando ya no esperas porque llegaste. Llegaste a la cima sin darte cuenta, y ahora sólo queda apreciar la vista…

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