"Hace poco pensaba que si algo es seguro, no hay por qué tener miedo. Pero cambié de parecer. Tengo la impresión de que el miedo no es más que un reflejo que sentimos cuando sabemos apreciar cuando algo es lo suficientemente contribuyente en nuestras vidas como para saber que no es algo que querramos perder. Supongo que eso es lo que me pasa con él. Y tengo escalofríos de tan solo decirlo: me gusta tanto que temo perderlo. Y se que si no temiera, si no tuviese esta sensación de que vale mucho, de que me suma, no temería.
Creo que el problema del miedo, no es el miedo en si mismo, sino más bien el miedo cuando toma control de todo lo demás. Cuando actúa como reactor de otros síntomas, como la ansiedad, que se vuelve un problema cuando se traduce en pánico. Y no lo siento así. No ahora. Lo siento más como ese miedo que te hace estar consciente de tener algo lindo, y apreciarlo con mayor detalle, con más atención, casi como si estuvieses grabando fracciones de momentos, del accionar ajeno y el propio, en conjunto. Porque el miedo a veces también es lindo, vertiginoso, y te hace sentir inmensamente vivo. Estoy viva, y puedo sentir todo esto. Puedo sentirme llena y sentir miedo al mismo tiempo. Porque el único miedo al que realmente habría que temerle, es a ese que te vacía y te hace olvidar quien realmente sos.
Si te pones a pensarlo, el miedo siempre te lleva a hacer y decir las cosas que en la comodidad de tu cuadrado no te animarías siquiera a pensar. El miedo muchas veces es motor, y no está mal. El miedo es eso que te lleva a decir “te quiero” sabiendo que la otra persona puede no sentir lo mismo, es eso que te hace dejar tu orgullo de lado y hablar hasta de las cosas que te incomodan para poder enmendar, es eso que te lleva a saltar, incluso cuando no estas cien por ciento de que haya agua en la pileta. Si lo pensas bien, el miedo es una fuerza caprichosa, que avanza, y que te lleva a lugares increíbles, que aún cuando carecen de hermosura evidente, te dejan un refrán, una enseñanza. El miedo, cuando no es extremo, es lo mejor que puede pasarte.
Hace poco me desafíe a confiar. A decir lo que siento, aún cuando no estoy segura de que la otra persona vaya a recepcionarlo como quisiera, de que no vaya a responder como espero. A veces, estar enamorada, da miedo. Al menos a mi, me sucede que empiezo a registrar absolutamente todo, y me invade un poco de este miedo, que a veces me lleva a pensar que las cosas siempre se terminan. Pero ese es justamente ese miedo que hay que evitar, el que te lleva a restar, el que te vuelve inseguro aún con cosas que sabes que no podes manejar. Y se que a veces es difícil no pensar “ojala no hiciera tal o aquello, porque eso me hace dudar”, pero lo cierto es que uno tiene que hacerse de los miedos propios, y enfrentarlos. Tengo miedo al abandono, tengo miedo a querer “más” que el otro, a dar cosas de mí y después quedar desolada. Estos son mis miedos, míos. Y no tienen nada que ver con la otra persona. Y por esa misma razón, no hay que reflejar las inseguridades propias en el otro. Quiero volver mis miedos mi motor, porque esa es mi elección..."

No hay comentarios:
Publicar un comentario