Conoces todas mis heridas, sabes el camino para llegar a mi corazón para hacerle bien tanto como para lastimarlo como nunca nadie pudo ni podrá hacerlo. Tenes la llave de la única cárcel que conocí, de las rejas que vos colocaste alrededor mío para tenerme pero no agarrarme, para no quererme pero tampoco soltarme. Supongo que de a poco fui dejando partes mías en cada caricia, en cada beso u abrazo, en un silencio que ni vos pudiste apreciar, en formas que nunca vas a poder darte el lujo de comprender. Morí en tus brazos, de nuevo, y ahora estoy volviendo a mí, volviendo a esta versión mía que sólo desea apreciar la vida y los días, junto con aquellos dispuestos a compartir, aquellos decididos a quedarse en vez de partir. Con mi muerte, pasé de ser la persona que querías a un cadáver, putrefacto y poco apetecible. Me convertiste en una cosa, y como tal, anulaste todos mis sentimientos, y la posibilidad de sentir cualquier tipo de compasión por mí. Estaba muerta, y aún así osaste seguir lastimándome. Al principio estaba muy enojada porque después de todo lo que hice por vos, no tuvieses el decoro de respetarme en lo más mínimo, de respetar el cariño que decías tenerme. Nada te importó, más que vos mismo, y eso sólo dejó paso a un gran dolor en mí. Llore como si no hubiese fin, como si no pudiese superarlo aunque al final si lo hice. La decepción es la peor caída que podes tener cuando queres a alguien que termina demostrándote ser otra persona, o al menos estar compuesto de otras partes que simplemente muestran cosas que no queres para vos mismo. Nunca pensé que iba a pasar con vos, nunca me lo hubiese esperado...y la sorpresa de tu puñal por retaguardia sólo hizo que todo sea peor. Nadie nunca podrá entender lo que se siente ese tipo de traición donde toda confianza se pierde hasta que realmente le sucede.
No queda nada en mí para vos, ni odio ni amor, ni resentimiento ni arrepentimiento, ni dolor ni esa alegría que me desbordaba cuando tu nombre pensaba. Sólo queda esta vaga sensación respecto de lo que soñaba antes de morir, lo que soñaba cuando estaba entre tus brazos. Y el resto, el resto sólo habla de mí. Siento que por fin estoy en otro lugar, uno que elegí yo, no uno que se me impuso y acepté porque no quedaba otra opción. Estoy en un lugar de mucha paz interior, un lugar al que me costó llegar (no voy a negarlo), pero valió la pena. Siento que este lugar es mío, y el sacrificio que implicó, hace que nadie pueda ser capaz de quitármelo. Porque es verdad que en tus brazos sentía que existía un estilo de refugio que nadie más podía darme, una paz que no dependía de mí, sino del cariño mutuo que nos teníamos, y por eso duró lo que pudo durar. Cada día que pasa, entiendo más cuan importante es que las cosas esenciales, esas que nos hacen permanecer sobre nuestro propio eje, son las que no podemos permitirnos perder. Perder el amor propio, por amar a alguien más, es un camino destinado a la condena, a morir. Y eso pasó con nosotros dos...llegó un momento en que olvidé lo que era quererme, porque eso implicaba quererte a pesar de que me trataras mal o de que (no) encontraras razones para tratar conmigo (y aún así yo me quedaba) decían más de mí que de vos...
Comprendí que la única forma de volver a este lugar en el que estoy hoy, dependía mucho más de mí que de otros. Y cuando te solté, emprendí esta búsqueda, que nada hablaba de vos, que mucho esperaba de mí. Ahí fue cuando decidí que tenía que volver de los muertos, que tenía mil motivos por los cuales hacerlo, y que principalmente, lo hacía por mí. Vengo de muchas relaciones en las que nunca estoy primero, en las que priorizaba los sentimientos del otro sólo para no perderlos. Finalmente siento que necesito quererme y ponerme primero, y por eso volví...volví a la vida por mí.


No hay comentarios:
Publicar un comentario