El año pasado fue difícil, ya lo dije muchas veces, lo sé. Será porque desearía haber podido contarteselo, a alguien, quien sea, aunque sea a la única persona en la que confiaba en ese momento como para compartirle un poco de mi vida como él lo hizo con la suya. Supongo que desde ese momento, todo lo que sucedió fue una seguidilla de infortunios, increíbles descubrimientos, decepciones, caídas, asensos y entre heridas letales, renacimientos. Se que para poder soltar a todas estas personas que me hicieron daño al punto de cambiarme, al punto de dejarme sin otra opción más que parar mi vida y re evaluar cómo seguir, porque seguir haciendo lo mismo suele dejarte en los mismos lugares, y tanto en ese momento como ahora, encuentro que algo tiene que cambiar, si es que ya no lo hizo. Aprendí a diferenciar que no siempre es culpa mía pero que tampoco puedo permitirme colocarme en la posición de víctima. Estoy convencida de que soltar no siempre es de cobardes, sino de aquellos que saben reconocer cuando una situación o una relación (de cualquier tipo) llegó a su límite. El problema fue que siempre transgredí esos límites. Nunca se cuando parar con el fin de preservarme. Existe un instinto de supervivencia, uno que no tengo. Cuando quiero a alguien, no hay nada que no sea capaz de hacer por esa persona, sin importar que pase conmigo. Es una locura, ya se, pero lo hago siempre. Cuando me lastimaron el año pasado, lo único que corría por mí era odio, ganas de devolverle a quien me dejó desangrando todo lo que hizo, generarle sufrimiento, noches de insomnio y culpa, infinita culpa. Pero con el tiempo comprendí que devolviendo con la misma moneda la única que salía lastimada era yo, sobre todo por no respetar a quien soy, a mis principios, mi educación y moral. Pero estaba muy perdida, estaba devastada, y todas esas cosas que solían hacerme bien me eran indiferentes, por mí el mundo podía arder en llamas que hubiese estado bien. Me prometí no volver a estar así, y este año cuando colapse otra vez, solo pedía no volver a ese estado de frialdad que no te permite sentir nada. Prefiero sentir, sentirlo todo, aunque no siempre sean cosas buenas. Descubrí que el problema con confiarle mucho a alguien, es que cuando te decepciona, algo tuyo se pierde con esa persona. Y esta vez no sentí odio, sentí que era capaz de hacer cualquier cosa con tal de que es persona se quedara, aunque me hubiese hecho mierda, aunque todas las cicatrices que tengo ahora lleven su nombre y apellido. Para cuando comprendí que mi dignidad ya estaba en un tacho de basura y mi autoestima pisoteada por alguien a quien no le importo, disparé con mis última municiones, sabiendo que iba a acertar, sabiendo que lo que quedaba de mí era un manotazo de desesperación. Llegué al límite solo para descubrir algo que ya sabía pero me obligué a ignorar, que yo valía más, que merezco mejor. Lo único que quedó después fue sequía, ya no lloraba, ya no me dolía, sólo me asqueaba la idea de luchar por alguien que cambió al punto de desconocerlo, al punto de tratarme como a su peor enemigo. Dije cosas hirientes que realmente no siento o pienso porque es lo que se hace cuando ya no queda nada. Me gustaría que sepa que nunca quise iniciar una guerra, sólo quería que me quisiera y me dejara entrar. No debía haber usado mis municiones, debería haberlo dejado ganar porque después de todo, sabía que era una batalla perdida cuando estableció que el precio era perderlo. Nunca quise que lo que sentía por él muriera así, entre reproches y rencor. Cometí mis errores, y para aceptarlo, tuve que soltar, tuve que analizar mis acciones y perdonar, a otros y a mí misma. Perdonar a todos los que me hicieron daño para poder así también soltar ese odio que a veces se acumula sin que puedas verlo contaminarte. Vivir odiando, no es vivir. Supongo que por eso sufrí tanto, por eso me dolió tanto tiempo y mis heridas sangraron más de lo normal. Pero ya no quiero aferrarme a recuerdos ni a acciones ajenas. En el fondo, se que lo importante es lo que hago yo con eso. Y si un día luché y terminé lastimado a otros, pido perdón, porque no lo dudo, la única forma de salir ganando siempre es dejarlos boquiabiertos con bondad, con una sonrisa y con la determinación de que si voy a matarlos, sea de amor.
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