Se que en parte todo llegó a este extremo por mi culpa. ¿Quien hubiese adivinado que esta parte de mi existía?. Nunca hice tanto para conseguir estar en la vida de alguien...lo cierto es que sin importar cuanto lo intentes, si esa persona no te quiere ahí, nunca vas a estarlo. Y podes llorar, enojarte, odiarlo para quererlo un poco más, dejarlo y volver, pero nada va a cambiar. Porque las cosas se hacen de a dos, o no se hacen. Y después de tanto tiempo pesando que lo conocía, ¿quien hubiese pensado que iba a ser tan frío?. Todo ese tiempo en que fui fría para evitar conectar con alguien, y cuando decido derretirme, él decide volverse un glaciar ártico. La verdad es que soy muchas cosas malas. Lo sé, y por tanto, no lo niego. Pero escuchar como alguien más lo dice, escucharlo a él pronunciar todos mis defectos y no poder decir nada, no defenderme para no lastimarlo, para no ser extremadamente mala, hizo que me diera cuenta de cuanto puse de mí en la línea. Agachando la cabeza, llorando para procesar lo que no puedo decir, pidiendo perdón cuando no me corresponde. Me volví todas las cosas que nunca sería por nadie. Insistente, pendiente, preocupada, cariñosa, un tanto pesada, un tanto vulnerable, sincera, confianzuda. Y cuando leo todos estos adjetivos, pienso que no están mal, porque son todos lo que se escriben cuando queres a alguien. Pero por algún motivo, con él son sólo adjetivos mediocres, que es mejor que no estén. ¿Quien hubiese dicho que sentir podía ser tan jodidamente complicado?. Y no puedo hacer más que sentir culpa por dar tanto de mí por alguien que cree que todo lo que hago está mal. Estoy fuera de lugar, fuera de mí, lejos de él, y nada de todo esto parece tener sentido. Porque cuando lo quiero, me empuja, y cuando vuelve sólo quiere un poco más. Nunca pensé que decirle a alguien que te importa pudiera ser tomado de mala forma, nunca pensé que quererlo a él fuese a significar constantes no clavados en mí como espinas que no puedo remover. Supongo que a veces el amor puede ser sano, fuerte y sólido, y otras veces no. Otras veces simplemente es frágil y significativo pero efímero. Porque no, no está bien querer a alguien que cree que todo lo que haces es un problema. Para él, soy un cable en corto circuito. Y yo no se cómo es que sigo acá, estacada, queriendo a alguien que se acostumbró a lastimarme para así poder sentir empatía por mí. Y a veces me gustaría escucharlo decir algo bueno, escucharlo decir una razón por la cual no soy igual a las demás, pero puede que nunca lo haya dicho porque, a sus ojos, esa razón simplemente no existe. Se que tengo y que puedo parar, pero no quiero. Pero no querer parar no significa que esa no sea la mejor opción. Y justo ahora creo que lo mejor sería al menos frenar por un tiempo, frenar en seco y quedarme donde estoy, dejarlo estar. Ya no voy a estar ahí, ya no voy a seguirlo, ya no voy a sonreír cuando me hable, no voy a hablarle primero para saber que es de él, ya no voy a insistir, ya no voy a quererlo como lo quiero, ya no va a importarme si es conmigo o sin mí. Porque va a costarme no ser quien fui durante todo este tiempo con él, pero si no alcanza con ser todas estas cosas, puede que no alcance con nada. Porque antes cuando pensaba en él era alguien, y ahora se siente como si fuese alguien más.
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