Perderlo, lentamente, como un reloj de arena a punto de quedarse en cero. Perderlo a él se siente como dar dos pasos adelante y tres atrás. Perderlo aunque no quiera hacerlo, aunque intente con todas mis fuerzas hacer las cosas bien. Perderlo a él es empezar a creer todo lo que dice y recordar que debería estar superándolo en vez de esforzarme por alguien que no sabe valorar lo que doy de mí. Perderlo es escucharlo decir que no soy suficiente, que mis fallas son eso que me vuelve inelegible en vez de humana, que tengo que actuar y hablar en sus términos, sin esperar nada a cambio. Perderlo se siente como decirle que lo quiero (porque lo hago) y que no pueda decir lo mismo sin que le pida que lo haga. Perderlo es haberle abierto mi corazón a una persona incapaz de abrir el suyo. Perderlo es soportar que sea afectuoso con otras mujeres, que las vea mientras a mí me rechaza. Perderlo es escucharlo halagarlas, criticándome de por medio, y no poder decir nada, no saber que decir. Perderlo es como perder algo que nunca fue mío, que nunca me reconoció como importante en su vida. Perderlo a él es amargo y frustrante, como cuando perdes en un juego que no sabías que estabas jugando, cuando se pierde porque no se intentó lo suficiente, porque no se me ofreció la oportunidad. Perderlo es darme cuenta que la fragilidad en un principio hacía que todo fuese más importante, pero ahora sólo lo hace vulnerable, ahora sólo soy un blanco fácil. Perderlo a él, lentamente, palabra a palabra, de actitud en actitud, saltando del silencio a las peleas, de las puteadas al perdón, y finalmente, a base de indiferencia total. Perderlo es ese silencio después de explotar y ser sincera, ese silencio carrasposo, que en vez de limar asperezas, te lastima, ese maldito silencio abismal. Perderlo a él duele porque de los dos, era la única capaz de ver que podíamos ser mejor, porque para él era mejor y mas sencillo dejarlo todo donde estaba, reposando, muriendo. Perderlo es saber que podíamos ser todo eso que a veces me confesaba necesitar. Podríamos ser dos, sin perdernos, sin lastimarnos, sin mentirnos, sin olvidar quienes somos. Pero mirame, perdiéndote, hablando en condicional porque es lo único que puedo hacer, perderte hasta al hablar.
7 de mayo de 2016
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