1 de septiembre de 2025

Nightmare

La habitación esta en completo silencio hasta que mis pesadillas se traducen en un murmullo que termina por convertirse en un grito ahogado. Mientras mi cuerpo se incorpora con un golpe seco, me llevo involuntariamente las manos al pecho intentando contener mi corazón que está por las nubes. Me reconozco empapada en transpiración y asustada por lo que vi. De a poco intento recobrar el aliento, volver a mí, centrarme. Tengo que tranquilizarme. Tardo en ubicarme en tiempo y espacio, tardo en darme cuenta de que no estoy en mi cama, que esta no es mi casa. Por un momento creo que el calor de Madrid fue el que me abrazó, pero el aire acondicionado reza estar en 24 grados. Me siento en la cama. Tomo agua para compensar la deshidratación a la que me sometió mi inconsciente. Internamente analizo lo que soñé, frunzo el cejo e intento descifrar que quería decirme, por qué soñé con él después de meses de silencio, un latente y compungido silencio. Me cuesta revivir las imágenes porque nunca lo vi así, y si bien en mis sueños siempre podía ver una versión juvenil y cuasi atrevida de él, esta vez fue como ver a otra persona con su rostro, con todo lo que lo hace a quien es él pero completamente apagado. Prendo la luz de la mesa de luz y apoyo los pies en el piso pretendiendo devolver mi alma al mundo de los vivos. "Lo que sea que estes pensando, soltalo" me reprendo. Suspiro porque no se nada de su vida (de nuevo) y no entiendo por qué aparece justo ahora. No entiendo por qué elije este momento, por qué dijo lo que dijo. 

Si cierro los ojos puedo sentirlo tocarme el hombro, puedo ver cómo me doy vuelta para hallar mi reflejo en sus ojos. No estaban como los recordaba. Con las lágrimas contenidas, me sujeta la mano y sin quitarme la mirada dice "no tienes idea lo mucho que te he echado de menos...". Se me dibuja una sonrisa tímida que no podría disimular. Cuando me dispongo a interrumpirlo para confesar que también lo extraño, rápidamente suelta un "no estoy bien, hay alguien haciéndome daño, mucho daño...". La alegría que me dio verlo se desvanece. "¿Alguien? ¿quien?" le pregunto con la preocupación apropiándose de mis gestos. Él mueve la cabeza de un lado al otro, negando. "Podes decirme" insisto con mi ansiedad a cuestas, pero él solo me observa con lo que parece ser un espíritu roto. Puedo notar un dejo de miedo en su expresión, pero no se si es porque teme decir la verdad en voz alta, o si teme por lo que eso podría generar en si mismo. Tiene los ojos tristes y se me parte el alma solo de verlo así. Jamás pensé verlo así, no en mis sueños. Me suelta lentamente la mano mientras hace una mueca de dolor. "A donde vas?" le pregunto casi adelantándome a lo que estaba por venir. En completo silencio, se da media vuelta y empieza a caminar. Mis pies me ganan de antemano y comienzan a hacer lo que les resulta un reflejo, seguirlo. "Necesito que me digas, que me expliques quien te está haciendo mal para poder ayudarte" digo mientras camino atrás suyo, pero él no se inmuta, no se vuelve a verme. Parece estar en un trance ignorando completamente que estoy ahí. Camina lento pero por algún extraño motivo nunca parezco poder alcanzarlo. Empiezo a correr para tomarle la mano nuevamente y detenerlo, pero sin importar cuanto acelere el paso, nunca logro llegar hasta él. Corro como si el misterio y la incógnita me estuviesen persiguiendo a mí. Quizás esa sensación es la que me insta a mirar hacia atrás, y es ahí cuando puedo atisbar una sonrisa invertida. Me detengo de golpe y solo llego a decir "no...", como si en ese instante hubiese entendido, como si supiera, como si estuviese explícito lo que me había querido decir, de quien hablaba.

Acá estoy, intentando comprender, intentando no pensar en él, intentando reprimir el impulso inmediato de escribirle para corroborar que es todo mentira, que en realidad, esta bien. Me convenzo a mi misma de que es solo un sueño, pero en el fondo algo me dice que puede que no este muy lejos de ser verdad. Me compelo a acostarme de nuevo pero no puedo parar de pensar. Agarro el celular y me planteo y replanteo, una y otra vez, si escribirle o no, pero son las 3 de la mañana, un día de semana y se que estaría fuera de lugar. De pronto pienso que a esta altura cualquier día y horario puede resultarle fuera de lugar. Tiro el celular a un costado y me tapo la cara con las manos. Me interpela una bronca que remonta a Abril. Una que tiene que ver conmigo misma, por haberme alejado por un estúpido mal entendido, por estar con la cabeza en otras cosas. Estos meses fueron un infierno. Realmente pensé que iba a enloquecer, realmente creí que iba a perderme a mi misma como nunca antes lo hice. Y aún así, no puedo evitar sentir mucha rabia al pensar que, con lo excepcional y raro que es reconectar con alguien con quien no hablaste por más de diez años, lo hayamos arruinado. Por algo que, en retrospectiva, me parece una tontería, una por la cual dejamos de dirigirnos la palabra. Se supone que somos adultos. Se supone que crecimos. Y si, quizás él no quiso decir lo que dijo, y yo nunca me imaginé ser capaz de arrancarlo así. Pero sucedió, lo dejamos suceder. Y por momentos, creo que no hay nada que pueda hacer para borrar mi actitud. 

No me justifico. No me siento a gusto con lo que hice, pero realmente no podía conmigo. Creo que en parte no hablarle fue mi instinto protector. Mientras me deshacía, sólo pensaba que lo mejor era protegerlo de una versión mía que no conoce, una que es fría y que en medio de mucho dolor usa las palabras como dagas. Temía lastimarlo y no supe hacer otra cosa más que alejarlo, aislarme. "Él también podría haberte hablado y no lo hizo" me digo en silencio, y se que es cierto, se que es posible que por elección propia también haya decidido que no valía la pena enmendar, que era mejor dejar todo como estaba. Como un buen recuerdo o, en el peor de los casos, algo que nunca debería haber pasado. Me encuentro esta vez siendo yo la que hace una mueca de dolor. Me lastima pensar que así es como me ve, pero es posible y lo se. Doy vueltas en la cama mientras que torpemente me enredo con las sabanas, de la misma forma que lo hago con mis pensamientos. Lo único que espero es que no sea cierto, que sea solo una pesadilla. Algo irreal. Espero que, si es cierto, si esta mal y apareció en mis sueños como un pedido de ayuda, como una señal, sepa que puede contar conmigo, aún si no estamos en los mejores términos, aún si pasan años y piensa que me da igual (algo que jamás sucederá), espero que sepa que en mí siempre va a tener a alguien con quien contar, alguien que sin pensarlo dos veces, lo defendería hasta del mismísimo Diablo. 

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