Los sueños con él se sienten reales, casi tanto que me despierto preguntándome si sucedieron o fueron producto de un deseo subconsciente que me niego a aceptar. Nunca di una batalla de este calibre para apagar un sentimiento como lo hago con él. Siento que podría ahogarlo en un océano y aún así, las cenizas permanecerían.
Camino hasta llegar al umbral de un complejo de departamentos, llamo a la puerta y me atiende su papá. Hace frío, voy abrigada como si el invierno pudiese calar mis huesos y, al mismo tiempo, con una sensación de calidez interna difícil de explicar, casi como si estuviese caminando a casa. "Llegaste, que bueno, te estaba esperando, vas a sorprenderlo". Le sonrío como si hubiese una complicidad pre-existente con alguien que no conozco realmente. Hay cierta familiaridad en el ambiente, uno que ya estando despierta me resulta extraño y hasta fuera de lugar. Cruzo el umbral de la puerta, subo unas escaleras, dejo mi abrigo, y cuando empiezo a caminar hacia lo que creo que es un living-comedor lo veo hablando con una mujer (que tampoco conozco) pero que al verme sonríe como si hubiese salido el sol después de mucho tiempo. Él conserva una postura de preocupación, con el brazo izquierdo sujetando el codo de su brazo derecho y su mano en el mentón, escuchando atentamente a la mujer hasta que ella decide mirarme y la atención se bifurca hacia donde estoy. Le sonrío esperando quizás que me devuelva el gesto, pero cuando clava sus ojos en los míos, se larga a llorar, casi desconsoladamente.
Su sensibilidad me toma desprevenida y frunzo el ceño mientras lo observo recorrer lo que queda de esa habitación con pasos agigantados hasta abrazarme. De lejos uno podía ver su distancia y frialdad, casi como si fuese inalcanzable, pero una vez que sus brazos me estrechan contra su pecho, puedo sentir la desesperación de quien sabe que estuvo a punto de perderme. No entendía que pasaba porque internamente yo sentía una gran paz, no había preocupación, dolor, ni angustia en mí. "Por qué lloras?" le pregunto mientras le devuelvo el abrazo, como si no existiese un mundo donde pudiese rechazárselo. Pero él no para de llorar. "Perdóname por favor" dice en un hilo de voz quebrado mientras algo en mí hace un gran esfuerzo por sentir pena sin conseguirlo completamente. Por tanto tiempo he sentido un gran amor, un afecto inmensurable por este hombre, pero lo único que podía procesar era mi duda. Qué es lo que debería estar perdonándole. "De que hablas? no entiendo" re-pregunté mientras intento separarme de su esternón, pero sus brazos lo evitan y vuelven a sujetarme fuerte "Por favor, no me dejes...dejalo a él", lo miro a los ojos, como si me hubiese perdido un cuarto de una historia que nunca vivimos. "Qué?" pregunto, "que lo dejes...déjalo" repite mientras le siguen cayendo las lágrimas por las mejillas. No se que me sorprendía más, si verlo llorar sin la templanza que siempre dice mantener, o su petición.

Le pido que se calme, pero mis palabras no surten efecto. "No puedo perderte" dice, y en el fondo, se que si no fuese un sueño, no lo escucharía jamás decir algo así. "Estoy acá, por que pensas que me perdiste?" le pregunto ahora un poco consternada porque la duda empieza a carcomer un pedazo de mi consciencia que está sublimando mis verdades más crudas. Sigmund Freud se daría un banquete conmigo, ahora que lo pienso. De cualquier forma, ahí estaba yo, en un sueño, en una realidad alternativa, viviendo un tiempo inexistente, con alguien que prefiere fingir que no existo. Las dicotomías de la vida supongo. Recuerdo mirarlo a los ojos y que el silencio lo consumiera todo. Sin previo aviso, estoy en otro lugar, donde se me acusa de traición, sólo por querer a alguien con todo el corazón. "No, no soy asi" decía a gente que no conozco. "Nunca estuve con él, asique nadie puede tirar la primera piedra y acusarme de algo que no hice" digo, intentando justificar mis indecencias, mis deseos reprimidos y todas esas cosas de las que nadie habla. "Pero lo queres, o no?", me preguntan, "si, siempre..." digo con resignación.
De pronto, la inquisición calla, como si hubiesen conseguido lo que querían. Como si esa información no fuese de público conocimiento a esta altura. De nuevo salto a un tiempo completamente distinto. Esta vez estoy yo, de la mano de otra persona, y lo veo en el mostrador de un local. Se ve tan distinto que me cuesta reconocerlo, algo de lo que pensé que iba a ser capaz de hacer toda mi vida. Verlo en medio de cualquier multitud. Pronuncio su nombre, con miedo y entrecerrando los ojos, para ver mejor. El dice el mío como una pregunta, en un susurro que denotaba dolor. Su mirada fue directo a mi mano, sujetando una ajena a la suya. No lo dijo, pero podía entrever el arrepentimiento, la culpa, la desazón. Sus ojos viajaron hasta los míos con rapidez y nos miramos, compartiendo en un instante todo lo que podría haber sido y no fue, todo eso que se deja ir cuando uno no arriesga a ganar y termina por perderlo todo. Le dedico una media sonrisa y me encojo de hombros como si fuese a reconfortar el corazón que vi romperse frente a mi.
Me despierto asustada, como si el fantasma del pasado estuviese decidido a asediarme hasta que entienda que debería hablarle, chequear que esté bien...pero ya lo hice, hace unos meses y ese episodio terminó conmigo llorando, en una habitación de hotel, esperando que llueva en la ciudad más árida que la historia dijo conocer. Ojalá existiera una pastilla para evitar soñar con personas que no te quieren en su vida. Tomo el vaso de agua que siempre dejo por la noche en mi mesa de luz y sereno mi espíritu. Observo el celular de reojo. Es 29 de diciembre. Quisiera desearle feliz cumpleaños pero ya no tengo la certeza de que mi mensaje sea bienvenido, y francamente, me reuso a terminar el año con otro rechazo en mi haber. Me quedo en silencio, viendo el amanecer por la ventana, sentada en el borde de la cama. Pienso en la promesa que hice a los pies de todos los Arcángeles de dejarle en paz si le cuidaban, y suspiro. Espero que esté bien, espero que tenga un gran día, un gran año de vida. Y suelto.
La vida sigue.
29/12/25
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