13 de febrero de 2026

Thin air

Miro los ojos del azafato. Son celestes, un azul profundo, parecido al color del mar. Lo miro sabiendo que estoy blanca como el papel. "Estas bien?" me pregunta, preocupado por mi semblante. "No" le dije con los ojos llorosos. Y era verdad. No estaba bien. No se hace cuanto no estoy bien pero específicamente ahora mismo, bien no estoy. Nunca me sentí completamente minusválida como en este momento. Se siente como si me hubiesen arrebatado la posibilidad de mando sobre el cuerpo y la mente. Sin previo aviso, estoy comandada por la voluntad de una tercera persona que un día decidió que arruinarme la vida era el plan perfecto. "Quedate tranquila, sentate que te hago un té" dijo el chico mientras me tocaba el hombro para que vuelva a mirarlo y de paso chequear que no iba a desmayarme al siguiente segundo. Es extraño saber que me ofrece un té como si eso pudiese enmendar todas las heridas por las que sangro, sin saber que un poco de su empatía es mucho más de lo que vengo recibiendo de gente que dice quererme, a quien supuestamente le importo. Le sonrío con la poca fuerza que tengo, y el me devuelve el mismo gesto. No hay mucho para decir, ni tampoco hacer. "Relajate, quizás te pusiste nerviosa por algo" dice cuando se sienta en cuclillas frente a mí. Su tonada me distrae de los pensamientos que me invaden. Procedo a observar alrededor y todas sus compañeras están compenetradas con su trabajo, sin percatarse en lo absoluto de mí, pero él parece haberse aislado de sus deberes para centrar toda su atención en mi persona. Le agradezco mientras me toma la mano y la aprieta, como queriéndome dar aliento. Más que a mis vacaciones, parece que estoy rumbo a mi propia tumba. Se siente como si mi muerte ya estuviese pactada, como si ya estuviesen repartidas las tarjetas invitando a todos a mi funeral. Puedo sentir el goce que le daría a algunas personas que fuese así. Cierro los ojos, sacando fuerzas de vaya a saber dónde, deseando que estos doce días lejos de casa allanen las montañas de las que caí de bruces. 

Me tomo tres tés y me quedo ahí sentada, esperando que merme esta sensación que bambalea en mi cabeza y extremidades. Quisiera contarle a este desconocido que me siento muy sola, que me altera pensar que nadie comprende lo difícil que han sido estos tres meses y lo mucho que me han afectado. Quisiera contarle que he descubierto cosas que prefería no descubrir, que me arrastraron a un mundo en el que no quiero vivir y que, aún a pesar de ello, siento que tengo que luchar hasta el final. Una voz en mi cabeza me exige no darme por vencida, y mucho menos por un enemigo externo. Es la primera vez en treinta años que siento que mi peor enemigo, no soy yo. "No puedo dejarle el camino libre a quien quiere limpiarme como si no importara que esté acá" pienso. Y es verdad. No me creo capaz de ceder el paso a quien está dispuesto a asesinarme con alevosía, utilizando la emoción violenta como excusa y justificación. Quiero contarle que me duele el corazón y que nadie está dispuesto a curarlo, ni mucho menos, protegerlo. Nadie ha cuidado de mi, nunca. Y lo se. Me duele. Como si fuese un reflejo, me toco el pecho. "Segura que estas bien?" pregunta el chico, a lo que asiento con una sonrisa falsa que espero no devele. Empieza a hablar con las otras azafatas sobre mí - más por la molestia que genera que este sentada entorpeciendo el paso - y yo me disocio, para no tener que explicar nada. Quiero contar lo que me pasa pero no sé cómo, no se como poner en palabras cosas sucedieron, que vi y viví, que me resultan indescriptibles. 

Se que al bajarme de este avión voy a recuperar un poco de mi fuerza. Un poco de perspectiva positiva. Pero lo que realmente querría es recuperar a mi antiguo yo, a quien vivía en el desconocimiento, cegada por la expectativa del futuro, inmersa en un mundo libre, sabiendo que, por mucho mal que existiese, siempre pensaba que existía luz en él. Querría recuperar el color que el mundo perdió y, por sobre todo, el que perdí yo...

Julio 25'

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preview (of a disaster)

Solía conocerlo, tan bien. Solía pensar que lo hacía. Que conocerlo me daba un estilo de privilegio, de ventaja por sobre otras personas. Lo...