Me quedo esperando una señal, que el semáforo cambie de color o que un relámpago ilumine un poco toda esta desazón en el medio de la noche. Miro de reojo el celular y el reloj marca las 22.22. Rápidamente desvío la mirada hacia adelante porque me incomoda como el Universo me habla cuando quiero respuestas que no estoy preparada para escuchar. Debería moverme de este lugar, pero estoy paralizada. Y se que no debería escribir esto, se que debería proteger todos mis sentimientos pero no soy capaz de esconder mis manos, no soy capaz de callar lo que mi corazón quiere gritar. Asique, de ante mano, advierto que lo lamento. Lo lamento si le es inconveniente, si no le pasa lo mismo, si esto termina directamente en el medio de la nada, flotando, sin llegar a ningún lugar. ¿Me va a doler? Sí, probablemente, pero peor es vivir con el tormento que implica sentir remordimiento, ese mismo que sentía cuando lo quería como si la tierra dejara de girar por unos segundos, algo que sucedía aún cuando ya no estaba en mi vida y, por alguna estúpida razón, se me ocurría recordar que un día existió. Quedó claro el punto, quedo claro que no somos las mismas personas. Quedó tan claro que no hizo falta decir más nada. Me quedo en silencio, con las palabras atragantadas, con su indiferencia atravesándome. Hay cosas que no hace falta decir en voz alta para que se sepan, a veces uno simplemente lo sabe.
Sabía que esta verdad me frenaría en seco, que me haría replantearme absolutamente todo. La verdad...la verdad es dolorosa cuando resulta tan estrepitosamente utópica. Cuando lo único que puedo hacer es analizar todos los motivos por los cuales no debería estar acá, repitiendo la historia. Dando segundas oportunidades a quienes ya me han fallado, a quienes les entregue mi corazón y decidieron tomarlo sólo para romperlo. Se que estar acá no es coincidencia, pero también soy consciente de que en gran parte, es mi culpa. Es mi responsabilidad haber lanzado una moneda al aire esperando que sea seca y que, efectivamente, haya sido lo que tocó. "¿Cuáles eran las posibilidades de que realmente suceda?" me digo a mi misma. Después de incansables intentos, ahora, después de tantos años finalmente pasa lo que tanto espere pero ya no soy adolescente. Ya no sueño como antes, ya no me dejo llevar por la corriente sólo porque se siente bien nadar en ella. Ahora solo puedo preguntarme a donde me lleva, si tiene sentido y si, aún no siendo lo que esperaba, vale la pena quedarme ahí.
Juro que lo quiero, como siempre lo hice, como si el tiempo no hubiese transcurrido, como si no existiera nadie más. Y se que este sentimiento, quererlo, es lo mejor y peor que me ha pasado. Se que quererlo, de una forma u otra, arruina mi vida. No entiendo que es lo que tiene. No entiendo y me frustra no poder desentramar lo que me genera, no poder ponerle etiqueta y clasificarlo internamente para poder identificarlo. No puedo frenar esto que siento cuando se acerca y el tiempo se detiene, como yo ahora, en el medio de una avenida, pensando en él. Me enojo conmigo, porque no debería quererlo, porque no debería involucrarme así, no debería...pero por algún motivo no puedo evitarlo. Es como intentar evitar que dos imanes se unan. Quizás lo que necesito es aire, espacio. Quizás lo que necesito es justamente todo lo contrario. No puedo pensar así. Tengo que parar. Lo conozco. Me conozco. Se que el silencio puede crear un abismo imposible de cruzar, pero me temo que debería hacerlo. Un poco con la expectativa de frenar el sentimiento y, otro tanto, con la leve esperanza de que él vea a través de mí y decida tontamente cruzarlo igual.
16/4/25

No hay comentarios:
Publicar un comentario