Es una de esas noches en las que la casa queda en soledad. Somos yo y el silencio, yo y la tele llenando el vacío existencial. Ceno mi comida favorita, con alguna serie de confort de fondo que ya he visto y millón de veces. Me río con los mismos chistes de siempre y me enamoro una y otra vez de los mismos personajes. "Nada cambio realmente". Está bien así, me gusta esta predictibilidad donde se lo que va a pasar mientras en el fondo de mis pensamientos me veo obligada a admitir que puede ser consecuencia de la inestabilidad y soledad que padecí en la infancia. No quiero ir ahí. Miro el reloj de reojo y se que debería irme a acostar si mañana no quiero maldecir mi imprudencia. Últimamente leo para que el sueño me alcance, porque se que sino mi cabeza se resiste a la idea de frenar durante 5 horas. Me baño y disfruto del breve placer de meterse entre las sabanas estando limpia, con el pelo mojado y alborotado pero con una frescura anhelada en noches de verano, sabiendo que mañana puede que la humedad lo convierta en la melena de un león. No me importa. Por un breve momento observo el espacio vacío al lado mío y decido que hoy no hay lados, que puedo dormir en el medio de la cama; agarro el libro y leo hasta que pierdo el conocimiento.
Este es mi espacio seguro. Leyendo, o escribiendo. Donde nadie tiene que renegar de lo que siento, donde el silencio y los pensamientos parecen acomodarse sin la incomodidad de la mirada ajena. ¿Por que nadie puede darme esto?. Siento que siempre fui el lugar seguro de muchas personas, pero nunca nadie supo ser el mío. Quizás sea yo el problema. Quizás si soy "cargosa" como dice él cuando lo quiero besar o abrazar en un momento que no se cierne en su comodidad. "¿Lo sere?", me pregunto para mis adentros. Me acongoja pensar que esa sea la única denominación que pueda recibir después de casi 6 años de relación donde lo di todo. Desde mi dignidad hasta la última de mis lágrimas. Pero más me jode que piense que lo que él o cualquier otro hombre pueda decirme, me defina. Y aún peor, que de pronto yo me lo crea. Me despierto por la mañana con el peso de quien durmió pero no descansó y encuentro a su cuerpo que yace al lado mío, con una de sus manos en mi estómago, casi como reclamando pertenencia. Lo muevo intentando no despertarlo, y me pregunto cuando empezaré a ser equitativamente tan hija de puta a como son conmigo. Soy correcta hasta en el distanciamiento, hasta en el dolor más profundo. Soy todo lo que nunca son conmigo. Me levanto de la cama y me arrastro a la ducha, de nuevo, intentando apagar las ganas de llorar que me abordan cuando pienso en cuanto daño la gente es capaz de hacer sin hacerse cargo de su accionar.
El agua deja de correr y proceso a envolverme en una toalla. Miro al espejo intentando reconocer a esa Maite independiente que no necesitaba de nadie, ni siquiera del cariño de otros, y no encuentro ningún atisbo de ella. Me engaño sólo para descubrir que en verdad todo cambió. "No tengo tiempo para esto". Me cambio rápido porque lo único que le falta a la mañana es que llegue tarde al trabajo. Mientras bajo las escaleras lo escucho a lo lejos susurrar "avisame cuando llegues, maneja con cuidado", y de pronto entiendo por qué me cuesta tanto soltarlo. Son esos pequeños gestos que probablemente nadie valoraría pero que yo nunca tuve de nadie. No puedo soltar lo mucho que me molesta que tenga la insolencia de tildarme de cargosa. Mis demostraciones de cariño valen oro y él, que siempre dice que tengo el corazón de hielo, debería saberlo. Será que nunca entenderé a los hombres, nunca comprenderé cómo es que pasan todos sus días intentando encontrar a la mujer de sus vidas, sólo para arruinarlo todo y perderlas. Preparo el café frío y con el sonido de la máquina cierro los ojos, maldiciendo haberme quedado despierta hasta tan tarde, pero con el alivio de haberme privado de estos pensamientos en la madrugada. No quiero seguir aletargando esto, pero me resulta inevitable. Estoy en pausa, luchando equitativamente con mi deseo de perdonarlo y de irme, lejos, tan lejos como sea posible, hasta que olvide que un día alguien se animó a decir que mi contacto físico sólo sabe convertirse en una carga.
11/12/24

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