15 de abril de 2025

300 coffees later...

Son las 4:09 de la mañana, y no puedo dormir. Francamente, no quiero hacerlo. Me quedo leyendo para aletargar el cansancio aunque eventualmente, siempre me gana. Hace más de una semana que vengo soñándolo, y si bien la primera vez me resultó sorprendente ( y hasta me dejó una sonrisa pintada durante todo una jornada), con el pasar de los días, encontrándomelo ahí, constantemente en mi inconsciente, me empezó a asustar. Empecé a pensar que quizás había un motivo, algo que explique esto. Llegué a la conclusión inevitable de que me está pensando y algo de esa energía (que probablemente él ni registra) me llega. Mi empatía no me permite eludir la idea de que puede que no esté bien, lo cual me aterra, aún habiendo pasado la cantidad de años que pasaron, me sigue importando, lo sigo queriendo. Comprendí no mucho tiempo después de que dejara de hablarme que, realísticamente hablando, nunca iba a ser conmigo, y desee que sea feliz, con quien él elija. Me trague el dolor, literalmente. Después de un par de años en pausa, lo acepté y proseguí con mi vida.  Como él lo hizo sin mí. Nunca más volví a pensarlo porque, hacerlo, me generaba la angustia que siento ahora. Lloro sin un por qué, y procedo a sentirme como una idiota. En el silencio de la noche me desarmo, como si siguiera teniendo la inocencia de cuando lo conocí, lloro porque cada vez que me viene a la mente, tengo que volver a hacer un esfuerzo para olvidarlo

Se que si esta pensando en mí, es probable que lo esté haciendo desde un espacio de nostalgia. No voy a negar que lastima un poco comprender que, con la cantidad de años que pasaron, él me recuerde más como un momento, como una entidad en blanco y negro; completamente inerte en un tiempo y un espacio que ya no existen...aunque yo siga acá, respirando. Quizás ya no siente el menor de los apegos, ni le genera ningún sentimiento. Lo entiendo, o al menos intento comprender. No voy a decir que soy la misma que la que era por aquellos entonces, pero hay cosas que internamente nunca podrían cambiar de uno, mi centro sigue siendo el mismo. Por eso siempre dije que, sea donde sea que lo viera, podría reconocerlo, casi como un reflejo de la memoria muscular en el cuerpo. Está claro que si lo hubiese deseado, si realmente hubiese querido, podría haber retomado el vínculo, como todas las veces que intenté yo...pero de nuevo, los dos sabemos que nunca quiso hacerlo, porque si lo hubiese querido lo suficiente, sería una realidad.

Detesto que mi corazón se ablande tan fácilmente cuando se trata de él. Tengo miedo de seguir encontrándomelo por las noches, no porque no disfrute del encuentro efusivo, sino porque nunca fui como él. Nunca soy la que se da media vuelta y se va, sin tomarme un instante para mirar atrás y contemplar un momento que al terminar, deja de ser. Me despierto sabiendo qué soñé, sabiendo que fue con él. Me desespera no poder controlarlo, no poder removerme de una narrativa de la que fui expulsada hace ya demasiado tiempo. Me enojo conmigo misma mientras me suplico parar, pero no hay medicina para el tormento, no existe un remedio milagroso para lograr ser indiferente al hostigamiento de lo que uno no dice. Tampoco se por qué después de tantos años sigo escribiendo sobre él, ¿sobre nosotros?. Se siente extraño decir "nosotros", como si nuestra existencia en tiempo y espacio fuese parte de otro sueño, como si fuese todo producto de un mecanismo de defensa para evitar sentirme sola. 

Lo cierto es que soñarlo, me recuerda a cómo se fue. Y duele un poco, como una punzada recordatoria en la boca del estómago. Cuando era chica solía leer un libro donde uno tenía que elegir su propia aventura, y cada camino terminaba en un resultado distinto;  y me hace divagar sobre la infinita cantidad de posibilidades que podrían haber hecho de esta historia, algo totalmente distinto. Deambulo por la incógnita de qué sería de nosotros si no nos hubiésemos cruzado, si no encontraba mi pagina, si no leía lo que escribía, si no me escribía, si no le respondía, si no le contaba quien era, si no me desapegaba del anonimato, si nunca hubiese visto mi foto, si nunca hubiese visto la tuya, si nunca hubiese escuchado su voz, si no hubiese estado pasando por lo que pasaba, si no se convencía de que esto era demasiado para nuestra edad, si no se enamoraba de otra chica o si, simplemente, nunca nos hubiésemos contado tanto de nuestras vidas personales... tan personales, que hasta nos permitimos conocer nuestra oscuridad sin temor a juzgarnos. 

Esta conexión no es aleatoria, nada realmente lo es. A veces creo que nos conocemos de otras vidas, y por eso nos atrajimos como imanes. Nos encontramos porque teníamos que hacerlo, como si fuese un mandato de lo desconocido (que nadie podría entender si no fuese así) y, para bien o para mal, siempre vamos a estar unidos de una forma u otra. Quizás por eso no me resulta sencillo soltar una conexión de este calibre. No es sencillo. Al menos, no lo es para mí. Y se que quizás debería avergonzarme de sentirme así, ocultarlo, pero tampoco puedo permitirme eso. Se me acurruca el estómago pensando que quizás, sólo quizás, nunca comprendió la rareza del vínculo, el grado de importancia que tuvimos el uno para el otro como yo ya lo comprendía siendo adolescente. Dicen que cuando uno es chico no entiende nada del amor, pero por aquellos tiempos, todo estaba mucho más claro para mí...


27/2/25

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preview (of a disaster)

Solía conocerlo, tan bien. Solía pensar que lo hacía. Que conocerlo me daba un estilo de privilegio, de ventaja por sobre otras personas. Lo...