Siento que de una forma u otra, sabía que iba a terminar acá. Son las siete de la mañana y el sol entra por las puertas y las ventanas de nuestra casa como un día entraste vos a mi vida, sin permiso y con actitud altanera. Escribo esto mientras te veo dormir, dándome la espalda, respirando con la fuerza de quien tiene la consciencia intranquila pero acurrucado y tapado hasta el torso, con la certeza de que nada de eso podría notarse. Te conozco como a la palma de mi mano, y aún así, me cuesta reconocer de quien me enamore perdidamente. Te observo y me pregunto si hubo algún momento en todos estos cuatro años de relación en que me hayas mirado con un cuarto del amor con el que siempre lo hice yo. Hace unos días, entre frustraciones y confesiones, te dije "en las relaciones de pareja siempre hay uno que ama más, y en esta relación esa persona soy yo". Me duele escribirlo, porque lejos de sentirme orgullosa de que así sea, me enerva. Es injusto que nunca sea la otra persona, que nunca nadie me quiera más de lo que yo quiero. Y supongo que eso dice más de mí que de otros, pero siempre tuve la esperanza de que él fuera le excepción. Siempre aposté por vos, a ciegas, sin garantía de nada.
Pensaba en las primeras interacciones, en cómo supuse que los dos estábamos en la misma página, en cómo construí la ilusión de que, luego de unos meses, era la única con la que estabas. Creí todas las palabras como si fuesen un dictamen de fé, y me convertiste en la persona más agnóstica. No le di oportunidad a nadie más porque, para mí, la única opción eras vos. Y supongo que eso es lo que nos separa, lo que nos distancia al uno del otro constantemente. Siempre te elegí, y respeté esta relación lo suficiente como para no vincularme con hombres que sabía que tenían intenciones de llegar a mi corazón, porque ahí, solo había espacio para una persona, para vos. Y no importa cuantas veces lo diga, porque hay cosas que no se entienden hasta que se pierde lo que uno dio por sentado: mi corazón siempre fue tuyo. Aún habiéndome lastimado como lo hiciste, espero que nadie te haga sentir este desaire, esta sensación de nunca ser suficiente, de amar tanto a alguien que no te ame igual y que, inevitablemente, te quedes con las manos vacías. Espero que nunca te toque llorar al lado de alguien que duerme profundamente, y la única que reconforte tus lágrimas sea una almohada.
Quero reprocharme muchas cosas. Me cuestiono si era posible distinguir lo que pasaba y por necedad no pude hacerlo. Evalúo si todas las veces que me dijo que se juntaba con amigos, en verdad, se juntaba con mujeres también. Me pregunto si realmente pensó que nunca me enteraría, si pensó que mi intelecto sería incapaz de notarlo como sucedió con su ex novia, quien estuvo con él más de diez años en completa disociación de las cosas que él hacía. Quiero reírme de la ironía de que siempre me haya dicho que fue ella quien lo engañó primero porque, ahora, teniendo toda la información, es imposible para mí pensar que ella sea la mala de la historia. A fin de cuentas, la mayoría de los hombres tienen una fascinación con evadir responsabilidad sobre hechos que ellos consumaron, sobre mentiras que construyeron y, peor que todo eso junto, tener el tupé de culpar a las mujeres por todo lo anterior. Según estos hombres, el problema somos las mujeres: las que los queremos intensamente, las que "flashean" amor, las que les hablan demasiado - aunque ellos contesten, las que suben fotos como les place a las redes sociales, las que se visten "para provocar" y una sarta más de excusas inviables. Y no, el problema de raíz nunca será que revisen tu celular, el problema de raíz es que tengas algo para esconder, que estes hablando con otras mujeres cuando estás en pareja, que compartas tu intimidad cuando debería estar reservada para la persona que amas, con la que tenes un compromiso, que tengas las agallas de humillar a esa persona, a tu persona, exponiéndola frente a otros, frente a tus amigos, que permitas que sea razón de risas y comentarios denigrantes.
Todo este tiempo te protegí del "que dirán" porque en ningún momento compartí con nadie todo este pesar. Saber cosas y callarlas fue mi peor error. Soy consciente que pasando por todo esto sola, me lastimé mas a mi misma de lo que me lastimaste vos. Me convertí en una olla hirviendo a punto de salir volando por los aires. Nunca podrías recriminarme que no te quise lo suficiente, que no di todo de mi y un poco más. Una vez dijiste que soñabas con pasar toda tu vida conmigo, y solía creerlo. Construí mentalmente esta idea donde compartíamos la vida, podía vernos envejecer lado a lado, comprometernos en un nivel superior donde tu amor siempre estuviera reservado para mí, un lugar donde teníamos hijos, donde a pesar de las diferencias siempre salíamos airosos de situaciones que pusieran en riesgo nuestra relación. Porque nadie pretende que no hayan dificultades, sino más bien que hayan dos para superarlas, y nunca uno se encuentre sintiéndose solo. Cuando comencé a enterarme de todas las cosas que pasaron, un tramo de esa hermosa película que terminaba con nuestro último aliento, sujetados de la mano, comenzó a quemarse. Tramo a tramo, se fueron velando partes del film. Y lo que empezó como una historia de excepción, terminó por convertirse en una conversación con amigas y familiares que nunca quise tener, una donde convierto al hombre que todos más estimaban, en un mundano más.
Me duele pensar que todo este tiempo otras mujeres te tuvieron, me retuerce el estómago pensar que algunas de ellas sabían que era tu novia y que en cierto punto fui el hazme reír de ustedes, me rompe el alma pensar que le dijiste a otras cuanto las deseabas y nunca te gastaste en hacerme saber que me deseabas a mí. Me pregunto, ¿acaso les dijiste que las querías e ibas a dejarme por ellas?. Lloro por lo ilusa que fui y por todas las veces que me achiqué para que esta relación funcione, sólo para caer en la cuenta que nunca fui yo el problema, porque el que nunca me eligió, fuiste vos. Siempre tuve la expectativa de que esta relación sea la excepción a la regla, que no se convirtiera en un reflejo de esas historias que contaban sobre hombres que estando de novios engañaban, pero supongo que ya no quedan amores capaces de sobrevivir como sucede en las películas. El amor parece estar, cada vez más, destinado a morir.
17/05/23


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