27 de marzo de 2025

Erase me

Esta bien, entiendo. Entiendo que ya no somos las mismas personas, entiendo que sin importar cuanto lo intente, nunca vamos a volver al mismo sitio en que quedó todo antes de arruinarse. Se que nunca entendería por todo lo que pase, y aunque quisiera ponerlo en palabras, dudo que alcancen para demostrarle el suplicio al que sobreviví. No quiero explicitar las obviedades. No quiero sentarme a hablar sola mientras hago un circo de emociones y sensaciones que ya dan igual. Sólo quiero transcurrir este momento lo mejor que pueda mientras me sujeto el corazón con fuerzas para evitar que quiera escaparse y ponerse de tu lado, justificando que ahí es donde quiere permanecer. No se por qué mi cabeza se convence de que somos amigos de nuevo, como antes, como en ese inocente comienzo, antes que de un huracán se llevara todo a su paso. 

Tiendo mi propia trampa recordando todos los 'te quiero' que ahora probablemente desea retractar, y está bien, es lo que tiene sentido. Lo entiendo, y eso no quita que a veces desee volver a discar su número en el teléfono para escuchar su voz jugar una carrera con la mía, para ver quien se ríe de los nervios antes. Escribo mensajes y los borro. El amor y el desamor nos vuelve esta versión adolescente e impulsiva que nos lleva a hacer de todo para sujetarnos a una persona. Rezo que no me atienda, no quiero esto, se que diría mucho más de lo que debo, sólo se pronunciaría y haría evidente el deseo que se tiende entre líneas cuando todo lo que deberíamos estar haciendo es olvidarnos, el uno del otro. Su recuerdo se desvanece, como el mío. Empiezo a creer que estamos mejor en el pasado, en un tiempo que ni siquiera tuvo la posibilidad de existir. Quiero llorar de tan solo pensarlo, de tan solo conciliar que esa es la mejor opción 

"Eso debería ser todo" pienso, pero se que es sólo el comienzo de un nuevo espiral mental. Parece que todo lo que hago es causarle dolor, o hablar hasta convencerlo de que está mejor sin mí. Está bien, entiendo, el distanciamiento, los silencios, las lapsos de amnesia temporal, las palabras destructivas, la puñaladas disfrazadas de defensa personal, los mensajes sin leer, el vacío que dejó a su paso. Todo tenía sentido, hasta que llamó, hasta que titubeé y atendí, hasta que todo me llevó a lo que siempre parecemos volver. Y se que no debería, pero en el fondo, todo parece ser una condescendencia detrás de otra donde la vida va por ahí riéndose como si fuese su mayor propósito humillarme. Mi fortaleza se hace un nudo y sin importar cuan gruesa sea mi piel, todo mi ser se retrae a costas conocidas para evitar deshacerse con el aire que lo roza. Todo esto me duele, pero pienso que, al menos una vez más, sobreviví para mirarlo a los ojos y reconocerlo, a través de las décadas, a través de la neblina que generan los cambios, a través de las arrugas que se hacen alrededor de los ojos cuando uno sonríe. Sobreviví para recordar cómo se sentía quererlo aunque nunca pueda volver a decirlo en voz alta. Está bien, lo dejo acá. Esto es todo...

...pero el teléfono suena otra vez...




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