Estoy volviendo a ser quien era. Volviendo a mí. He pasado por todas las tormentas habidas y por haber, y por fin, me siento más en paz conmigo. Con la idea de que, si hay alguien a quien no puedo perder, es a mí misma. Estoy cansada de ser la que pone todo el esfuerzo, la que siempre se preocupa, la que sobre piensa y está pensando más en los otros que en ella misma. Mi prioridad soy yo, mi prioridad es mi bienestar. Y quizás parezca un understatement y algo evidente, pero para mi no lo es. Fueron demasiados años poniéndome última en la lista de prioridades para sostener todo, para que todo funcione. No debería costar tanto, debería ser más simple. Y no pasa por jugar a ser difícil de atrapar, pero sólo quiero estar con alguien que aparte de decir que me ama, lo demuestre. No soy una mujer para estar en segundo lugar, esperando en la banca de suplentes, nunca lo fui. Quiero ser presumida por la persona con la que estoy, a tal punto de que no quede duda de que soy yo, y nadie más. A veces creo que las mujeres nos acostumbramos a recibir lo mínimo e indispensable por ese inmensurable miedo a perder a un hombre que, si no demuestra cuanto le importas, es mejor no tenerlo a tu lado.
"Los hombres solo parecen apreciar lo que tienen cuando lo pierden" pienso. Y se que es verdad. Pero ya no quiero competir, no debería hacerlo, se que estoy en otra liga; y si alguna mujer quiere a la persona con la que estoy, si él accede y lo permite, entonces ese hombre ya no es mío, ella puede llevárselo. No lo necesito. La rivalidad con otra mujer por un hombre no la quiero. ¿Es mucho esperar que en una habitación repleta de personas, alguien sólo te busque a vos?. Será que siempre pensé y romanticé la idea de compartir la vida con alguien, de tener a alguien que sea esa persona, tu persona, que siempre esté, en las buenas y en las malas, con la que puedas viajar, convivir, llorar, reír, ser amante, confidente. Quería eso. Quería todo. Sigo queriéndolo, pero no a costa mía. No a costa de quien soy.

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