2 de marzo de 2025

Always on your side

Miro el reloj y son las 4 de la mañana. Me tapo la cara con las manos, irritada por esta situación de mierda, un poco convencida de que es mi culpa y, también un poco, de que no depende de mí.  Me pregunto cuantos días más lo tendré en la cabeza, cuantos días más esta establecido que va a aparecerse en mis sueños. Doy vueltas en la cama porque tengo miedo de dormirme. Leo para distraerme y llevar mi cabeza a personajes inexistentes y escenarios imposibles. Si tengo que admitirlo, se que a lo que le temo es a volver a soñarlo y que, inevitablemente, un día de estos, llegue la última vez. Como un día también supo ser el último día que hablamos. Ojalá encontrara las palabras adecuadas, esas que puedan transmitir por completo lo que me pasa, lo que siento pero por momentos creo que, sin importar cuanto lo intente, algo va a perderse en la traducción. Estoy agotada, pero pensarlo y encontrarlo por las noches en mi inconsciente me ha dado un sentido de perspicacia que no puedo explicar. Puede que por eso esté escribiendo tanto. "La hoguera suena a una mejor opción", me digo cuando sucumbo a la frustración de no poder hacer nada al respecto, porque no hay chance de que esta sensación pueda quitármela de otra forma que no sea ardiendo en el mismo infierno. El problema nunca va a ser ver su rostro, intacto en el tiempo de cuando sabía como lucía, sino saber que un día como hoy, no voy a tener derecho ni siquiera a poder reconocerlo. 

No creo que exista un día en que él deje de ser la persona a la que le diría "solo decime cuando, y voy a estar ahí". Y se que suena ridículo y que incluso debería avergonzarme por sentirlo así, aún después de haberme dejado atrás sin explicación alguna...pero algunas cosas son lo que son. No tiene explicación, y francamente, ya no busco entenderlo. Perdí dos años de mi vida intentando entender irracionalidades allá por ese entonces cuando era evidente que no quería saber nada más de mí, aunque nunca se animo realmente a decirlo. A veces creo que si me hubiese pedido que deje de hablarle, de insistir como lo hice, todo esto hubiese dolido menos, porque un silencio eterno sin resolución es la condena perfecta. Y no digo que sea inocente, pero ¿qué tanto me quería si creía que merecía esa tortura?. Quizás se dijo a si mismo que era mejor así, que desaparecer era lo que tenía más sentido, pero en el fondo, se que fue un acto arrebatado que luego fue sostenido en el tiempo por su ego. Quizás se dijo a si mismo que no lo escucharía si volvía, o que ya nada sería igual. Quizás se engaño lo suficientemente bien a si mismo como para no hacerse de valor y enfrentar su accionar. Es probable que nunca lo sepa, y lo se. Por muy duro que suene, pienso que es probable que por eso en mi cabeza siga aferrada a quien yo sí conocí, y no a todas las versiones suyas en las que probablemente se convirtió para alejarse de quien era conmigo que, en definitiva, era su mejor versión. 

Aún habiendo pasado tanto tiempo, daría lo que sea por escuchar su voz llamar mi nombre una vez más, pero de nuevo, quizás por eso temo tanto a caer en mis sueños, porque se que son solo eso. Un sueño. Soñarlo me recuerda a todo lo que perdí, y eso incluye su amistad. Perdí un amigo, de los mejores que he tenido, e incluso, un poco más. Me odie por permitir que lleguemos a ese momento, por no entender cómo se llega a una despedida de ese calibre. Cómo es que dos personas que dicen quererse se dejan como dos extraños al cruzarse en la calle. Hubiese reconocido cualquier error, hubiese pedido perdón hasta que me creyera que realmente no era lo que deseaba, porque en toda esta historia fuimos dos, y porque se que los dos nos equivocamos, probablemente más veces de las que nos animemos a reconocer. Ojalá sepa que nunca quise lastimarlo con mis heridas, con angustias que lo excedían y que nada tenían que ver con él. Mi dolor era mío, y es una pena que nos hayamos cruzado en un momento de tanta fragilidad, pero de nuevo, sin explicación alguna, se que estábamos destinados a encontrarnos. Aún habiendo desaparecido, una parte de mí, teme haber sido responsable de su huida, aún cuando mi intelecto me grita que no es así, que sólo fue él, decidiendo algo que no le correspondía sólo a él decidir.

No va a haber un día en que no me sorprenda que lo quiera de esta forma, tan incondicional. Que lo extrañe aún sabiendo lo que tuve que pasar para hacerme a la idea de que ya no iba a volver. Es un sentimiento que guardo bajo llave, escondido del mundo externo, que resiste el polvo y el pasar de los años. De la misma manera, cuando que lo recuerdo me cuesta no enojarme conmigo misma, por seguir siempre de su lado, aún cuando conocí su máscara más frívola e indiscriminada. Intento resistirme a quedarme dormida pero, como todo en esta vida, hay momentos inevitables. Y se que me quedé dormida porque ahí esta él...y por primera vez en dos semanas de encontrarlo, me abraza. "Ojalá no llegue el día en que tenga que soltarte" me dice al oído. Quisiera explicarle que ya lo hizo pero me callo. Se me escuece el alma recordando la sensación que, aún al despertarme, me costó sacudir. Me quedo todo el día, preguntándome cuándo va a pasar esta tormenta, si sólo la estoy viviendo yo o somos dos pasando esto aunque no lo sepa. Soy consciente de que esto va a detenerse eventualmente, pero me encuentro deseando no quererlo pero, por sobre todo, no extrañarlo de esta forma. 

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