21 de febrero de 2025

Alquimia



No salgo a bailar hace años. Me acostumbré a estar en mi tranquilidad, en esos espacios donde no temo por la mirada ajena, donde me siento cómoda. Pasé de publicar toda mi vida a reservarme el 90% de las cosas que me pasan. Aprendí que a veces no suma estar contando todo lo que te pasa, aún cuando se trate de algo positivo. Una semana antes le hablo a una amiga y le digo que "tengo ganas de salir" aunque en verdad debería haber confesado que de lo que realmente tengo ganas es de no estar en mi cabeza. Ella siempre me dice que sí, aunque no se estoy segura de si lo hace por pena o porque realmente le agrada mi compañía. Suelo hacerme esas preguntas que luego terminan por parecerme banales porque la conozco, porque se que, por sobre todo, es una buena amiga, casi como la hermana que no tengo. Llega el viernes y ya me arrepiento de haberme involucrado en la salida. Es tarde para acobardarse. La entrada para la fiesta ya está comprada y su grupo de amigas sabe que voy, lo cual me pone en el odioso aprieto de no querer quedar mal. 

Pongo música fuerte y hago todo el ritual para prepararme, uno que me resulta hasta extraño después de tanto tiempo. "Es San Valentín y salís con amigas, eso es lo raro" me digo. Sacudo la cabeza porque no quiero pensar en eso. Me baño, me cambio mientras tiro toda la ropa al suelo hasta darme cuenta de que no tengo nada que ponerme y entro en pánico. De pronto, recuerdo que esto era lo que odiaba de salir. Me pruebo todo y me decido por un vestido y unas botas altas sin taco para no sufrir las horas parada, me plancho el pelo y me pinto los ojos. No me gusta pero me conformo, se que da igual porque sin importar que me ponga,  mis amigas siempre me parecen mucho más lindas que yo. De cualquier forma, no me interesa sobresaltar y mucho menos que se me acerque ningún hombre. Sólo quiero salir con ellas. Agarro las botellas de alcohol que deje preparadas en la mesa, las llaves del auto y salgo apurada. 

Es bizarro pensar cómo pasa el tiempo, si cierro los ojos, todavía es 2019 y tengo 27 años. Todo el camino voy escuchando música fuerte, y por poco me olvido de todos los pensamientos que tenía reservados. Llego a la casa de mi amiga y está su novio mirando la tele. Me pregunto si él tampoco le regaló flores ni chocolates, me pregunto si al menos intentó hacerla sentir especial. Después me recuerdo que no importa, da igual, ¿no?. "Quizás esté proyectando". Ella se ve hermosa y yo me siento lo que hoy llamarían como "mid" pero me sonrío porque estoy en paz con la idea. Cuando nos vamos a encontrar con el grupo de chicas, nos servimos todas tragos y mientras empezamos a tomar, jugamos a hacer un bingo, nos reímos, hablamos de novios y hombres y lo difícil de salir con ellos hoy en día. La última vez que tome, fue revisando la maldita computadora y ya sabemos como terminó eso. "No vayas ahí" pienso internamente. Durante toda la semana me la pasé teniendo sueños extraños y pensando en esto, y no quiero arruinarme la noche. Me obligo a tomar para olvidarme, para no pensar, para convertirme en una versión frívola que pueda disociarse de absolutamente todo. 

Una cosa lleva a la otra y termino tomándome la mitad de una botella de vodka (mezclado con gaseosa de pomelo), sola. Ahora sí, silencio. Silencio mental, pensé. Pedimos un taxi y vamos a la fiesta. Lo primero que hacemos es ir a la barra donde hacemos shot de Jagermeister con mi amiga. Puedo todavía sentir la quemazón del alcohol en la garganta, en el esófago. Me compro un vaso más de vodka con Speed para alivianar la sensación, como si dos positivos pudiesen restarse, pero extrañamente ayuda (aunque resulte difícil de creer). Estaba sumamente alegre, bailando, en otro planeta donde las actitudes ajenas no duelen. Veo en la pantalla del lugar un cartel enorme "este es tu momento de mandar ese mensaje" y me río porque se me ocurre la estrambótica idea de enviarle un mensaje a él (a quien mínimamente consideraba un amigo) que tristemente decidió ghosterarme como si le hubiese importado una mierda mi vida. Me detengo, y termino guardando el celular. "Basta" me digo "pasaron años...que hayas encontrado todos esos recuerdos no hace que tengas que revivir esto". 

"Voy al baño" aviso a mis amigas. Mientras espero para entrar al cubículo, un grupo de chicas se me acercan a hablar. A veces siento que tengo un imán para que se me acerque gente, como si sintieran que soy empática y encontraran paz en una charla. Nunca voy a comprender qué tienen los baños en los boliches que instan a todas las mujeres a hablarse como si se conocieran de toda la vida. "Te cuento algo..." me dice una de las chicas con pelo ondulado, morocha y ojos nuez "...soy bruja" y nos reímos todas aunque seriamente creo que no miente; "ah mirá...yo a veces también creo que lo soy...no sabes los sueños que estuve teniendo..." le cuento, como si fuese mi más íntima amiga. Nos quedamos hablando hasta que me olvido de que había venido para eliminar todo el alcohol que tenía en las venas. No sé cómo terminé hablando de él. No sé en que momento lo dije en voz alta ni por qué no me avergonzaba estar borracha, hablando con desconocidas con más confianza de la que le tengo a mis propias amigas.

 "Tenes su número?..." me pregunta la amiga de la morocha, una pelirroja que parecía de la película de Hoccus Poccus mientras miran mi celular. Me río y le digo que no, que hace años no lo tengo y, de nuevo, no sé ni por qué lo dije, pero me escuché decir "...pero me acuerdo su correo electrónico". Ellas tres se ríen, todas estamos borrachas (creo), y parecen casi cómplices de mi confesión. "Deberías escribirle, si tanto lo estuviste pensando, es por algo; al menos para decirle que te acordaste de él, no tiene nada de malo..." dice la rubia. De pronto me entra una cierta preocupación, como si presintiera que él no está pasando por un buen momento o peor aún. que no está bien. ¿Qué pasaría si tiro la primera piedra, si me animo a dejar el miedo de lado? evalúo para mis adentros. No, no se, no, mejor no. La chica morocha me mira a los ojos, como si pudiese mirar a través de mi alma lastimada y me dice "realmente te importaba...se nota...si vos lo estas pensando es porque él también te está pensando y vos podés sentirlo, no se si crees en esto, pero existen hilos que unen a las personas, y quizás, quien te dice, después de todo, vos también seas un poco bruja..." le sonrío, incómoda principalmente por la idea, pero con la extraña sensación de que en su sinceridad quizás había un poco de sabiduría. Agarra mi celular y escribe, mientras a mí se me detiene el pulso por unos minutos. ¿Cómo es que estoy acá? ¿Vale la pena detener esta situación? ¿Acaso podría?. Quizás esto es justamente lo que tenía que pasar.

Cuando me devuelve el celular, esta la oración escrita en mi correo y las tres proceden a insistirme en que lo haga, que no pierdo nada. Puede que sí, que sí pierda la batalla, pero estoy agotada, borracha, y fui completamente transparente con estas tres desconocidas. "Enviar", las tres chicas me abrazan, sin que se los pida, como si pudiesen censar algo que yo no puedo pues el alcohol tiene todos mis sentidos inhibidos, como si ellas se hubiesen convertido en mis mayores aliadas en esta misión secreta. "Si te responde, nos tenes que contar" dice mientras escribe su nombre en mi celular; ella me mira de nuevo, como desnudando partes de mí que ni me atreví a contarle, agarra a sus dos amigas, las rodea por los hombros y se van. Me quedo observando como se alejan entre la muchedumbre. "No va a responder" pienso para mis adentros, pero no tengo el valor para romper el hechizo del momento. Es muy probable que mañana sienta culpa, que piense en las miles de situaciones que debería haber contemplado, cual adulta que soy; pero ya estaba hecho.

Por un momento dudo de mí misma, porque el encuentro fue entre gracioso, bizarro y esotérico. Nadie me creería si lo cuento. Finalmente, voy al baño y cuando vuelvo a donde están mis amigas, finjo demencia. Finjo que nada pasó y que el alcohol es el responsable de todo lo que acaba de pasar. Una de ellas me mira y me dice "estas bien? te fuiste un rato largo..." y le respondo que sí, como si nada hubiese pasado, que había mucha gente haciendo fila. Miento para zafarme de explicarle toda la secuencia que hasta a mi me parece extraña. "Tomamos algo más...?" pregunto, porque necesito apagar la cabeza de nuevo, y apoyan la moción. Me vuelvo a fundir en el calor que da una buena borrachera; no lucho contra la idea de que todo lo que paso es un sueño, uno donde da igual que es lo que pase mañana al despertar. 

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