No me gusta pensarlo, pero por momentos me siento desencantada. Me encuentro a mi misma preguntándome a dónde vas cuando amas a alguien pero el desgaste de las diferencias y las equivocaciones hacen que el cariño se disipe. Un día te levantas y la carroza se convirtió en calabaza y poco podes hacer al respecto. Es posible también que no este lista para admitir que cuando la reconversión se estaba dando, yo estaba ahí, intentando todo para salvar el barco de su mayor pérdida: nosotros. Algunas personas te pierden frente a sus ojos y cuando terminas el duelo, ya no queda nada más para dar, nada que pueda solucionar todas esas cosas que flotan en el aire en un silencio que simula quietud y esconde la violencia de varias mentiras. Algunas personas son demasiado tercas como para admitir que una vez que algo se rompe, no importa cuanto quieras pegar las piezas, siempre van a quedar las grietas.
Las marcas de este amor son el constante recordatorio de la historia que compartimos, de la historia que podría haber sido si el respeto y la fidelidad hubiese sido mutua, si uno hubiese tenido la consideración de cuidar lo que tenía, de no dar por sentado y recurrir a placeres pasajeros con terceros en discordia. Cuando uno se va de una relación, lo hace sabiendo que cada uno tiene que responsabilizarse por lo propio, con la certeza de que los deslices tienen un costo. Como todo.
No estaba equivocada cuando sospechaba que el amor es una construcción de nociones engañosas. Conoces a alguien y, si está interesado en vos, todas sus mejores cualidades afloran sin mayor dificultad. Supongo que el tiempo sí lo marchita todo. Lo que ves y lo que no. Cuando elegís a alguien como tu pareja, sos consciente de sus imperfecciones, de que es humano. Ser humano te hace propenso, indefectiblemente, a cometer errores. La pregunta es, cuántos errores son suficientes, cuál es el nivel de gravedad tolerable, cuántos deslices se permiten antes de alejarte, cuántas veces tiene que pasar algo para que decidas levantar los brazos y agachar la cabeza en son de derrota.
Solía pensar que era la única. Que éramos de esos amores que otros miran de lejos y desean con ojos llenos de envidia. Solía pensar que me mirabas con un aprecio que nadie tenía por mí, con la convicción de que nadie podría reemplazarme, que nadie más te generaba lo que yo sí. Te convertí en el protagonista principal, en el héroe de la película, sólo para enterarme 4 años después de que sos un hombre más, dispuesto a perder lo más preciado que conoció sólo para enaltecer su ego, para sentir el éxtasis que implica tenerlo todo y estar penosamente dispuesto a generar un multiverso donde es posible perderlo frente a tus ojos.
29/12/23

No hay comentarios:
Publicar un comentario