2 de marzo de 2024

Tal vez... - PARTE II



Siempre fuimos opuestos: a él le gustaba escuchar música en español y a mi en inglés, a mi me gustaba leer y a el le aburría, yo era friolenta y él era una estufa viviente, le gustaba hacer chiste de todo y a mi me gustaba la seriedad con el humor negro que conlleva. Los veranos eran nuestros, con un helado o un frapuccino en mano, nos sentábamos a reírnos y mirarnos. Poco a poco, el calor de los eneros dio paso a la conquista del resto de las estaciones. Constantemente notaba que intercambiábamos palabras silenciosas pero, en cierto punto, suponía que éramos demasiado chicos para comprender ese tipo de lenguaje. Se preocupaba por mí, me acompañaba a tomar el colectivo y no se movías hasta que estuviera en él. Segura. 

Siempre pienso que un día todo cambió, con la leve sospecha de que siempre nos quisimos un poco más de lo que una amistad implicaba. En fin, un día, en la parada, abrazándonos y balanceándonos entre risas, seguro algo divertido decía, hubo un segundo de realización donde nos quedamos observándonos, extrañados quizás, por lo que sea que estábamos sintiendo, fuera de lugar, descolocado, interponiéndose en la amistad. Sentí un cosquilleo en el estómago que me hacía sentir estúpida. ¿Cómo me atrevo a sentir esto por Ricardo, justo por él?. Cuando divisamos el colectivo a lo lejos, nos separamos y con una sonrisa dibujada entre comisura y comisura, me diste un beso en la mejilla, cerca de la boca, algo que me hizo sonrojar y disparar mi corazón a otra dimensión. Me saludaste desde lejos con la mano derecha, todavía sonriendo, como si hubieses descubierto un tesoro, el secreto mejor guardado. Hubiese querido decir lo mismo, pero estaba aterrorizada. El miedo se apoderó de mí. No podía gustar de él, pensaba. Tenía que evitar el evento canónico que nadie quiere atravesar: el riesgo de perderlo, para siempre, como amigo.

Nunca imagine que una amistad que empezó de la forma más inocente, pudiera terminar con los dos enamorándonos. No me atrevería a contar su versión de la historia, pero si soy capaz de recordar su forma de mirarme. Desde el día que sentí esas primeras mariposas en el estómago, hasta que charlamos del tema, analicé y reanalicé como podía salir todo. Lo hable con amigas, algunas que lo conocían, y todas me dijeron "va a jugar con vos, no le creas, varias veces dijo que gustaba de mí". Quise empatizar con sus versiones porque quizás, como amiga de él, habían cosas que no podía percibir. Mi lado más irracional y adolescente necesitaba averiguar que le pasaba conmigo. Una vez, estando en la casa de una de estas amigas, le pedí que le hablara, así veía en persona como le respondía, sin saber que supiera que yo estaba ahí. 

Ricardo era de esos hombres que decía verdades entre chistes, que verseaba para poder sentirse cómodo con sus propias emociones. No era inseguro, todo lo contrario, pero en cuanto hablabas seriamente de un tema se transformaba en otra versión de si mismo, una vulnerable, que lo mataba de miedo. La charla fue una bofetada de realidad, si a Ricardo le parecían atractivas mis amigas, no era posible que gustara de mí. Espero no se me mal entienda, pero mis amigas son, en muchas cosas, mis opuestos y siempre las quise por eso, porque de nada suma tener iguales que se regocijen en tus ideas. Para mi no hay amistad más linda que esa que te nutre de pensamientos, sentimientos y sueños que dentro de tus parámetros serían imposibles siquiera considerar. Le dije a mi amiga que no se preocupe por mí, que de cualquier forma, no me gustaba. Pude sentir un gran alivio en su "que bueno amiga, vos te mereces a alguien mejor". Eventualmente Ricardo se puso de novio, con una chica que se parecía muchísimo a Rocío: pelo largo y morocho, de tez morena, flaca, y estatura baja. Dentro mío, eso fue la confirmación de mis sospechas: yo nunca fui una opción.

Nos seguimos viendo, seguido, porque en el fondo, su compañía me resultaba tranquilizadora. Me hacía reír y, de tanto en tanto, también me dejaba sonreírle como si fuésemos algo más y, aunque el no lo pidiera, yo también le dejaba mirarme con el deseo que el diablo siente cuando observa una posible conquista. Un día, sin previo aviso, recuerdo que nos vimos en nuestro lugar de encuentro asiduo y me confesó que ya no estaba con Janet, que él quiso terminar todo y que ella le dijo que estaba embarazada. Mis ojos se abrieron como dos platos. Pude sentir que el alma se me caía al piso y se destrozaba en mil pedazos. Recuerdo con claridad el nudo que rápidamente se creo en mi garganta. "¿Qué? ¿Cómo?", como si no supiera como pasan esas cosas. Me dijo que cuando se enteró no me contó porque ambos se cuidaban y que si bien las posibilidades estaban, finalmente, descubrió que le había mentido, que se había inventado eso para que no la dejara. No podía creer lo que me decía, no podía comprender como hay personas que se pueden inventar algo así para que una relación no finalice. No sabía que decirle pero lo primero que me salió de la boca fue "quizás, a largo plazo, esquivaste una bala". Sonrió con una mueca, con alivio de quien no está preparado para ser padre pero de quien, al mismo tiempo, se hizo a la idea de que ese era su futuro. 

CONTINUARÁ...

2/3/24

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