Si me preguntas como nos conocimos, no lo recuerdo bien. Me río ante la posibilidad de no recordarlo, porque sin importar si lo hago o no, se que no cambiaría en nada el recuerdo que guardo de nuestra relación. No se si fue por conocidos o amigos en común o, si al fin y al cabo, se trato de mera coincidencia. Esas que sucedían con Facebook por aquel entonces, en los 00', cuando todo era más sencillo, cuando quererse no era tan difícil. Después de tanto años de por medio, sigo pensando en nuestra amistad, sigo sintiendo ese "no se qué" que nos atraía como inercia en un barco balanceándose en medio de un mar agitado. Mientras nos quisimos, fuimos equilibrio y refugio.
Sólo tengo claro que una vez que empezamos a hablar, no podíamos parar. Charlamos un tiempo antes de decidir que deberíamos vernos, cara a cara. La primera vez que nos encontramos, era verano, le pedí a Rocío, una de mis mejores amigas por aquel entonces, que esté cerca del lugar donde estábamos por si pasaba algo. Todo fue bien, resulta que teníamos más conocidos en común de lo que esperábamos. Recuerdo el saludo incómodo de nuestros torsos, los brazos y los besos que nunca saben como interactuar cuando no te conoces con el otro. Nos empezamos a juntar de forma asidua en un Mc Donald's ubicado sobre la Av. San Martín. Charlábamos hasta que nos doliera la garganta, algunas veces de estupideces redundantes y, otras tantas, de los temas más profundos que se nos podían ocurrir con mis 15 y tus 17 años a cuestas. Fuiste el único hombre al que le conté sobre mi hermano, de mis inseguridades y mis problemas alimenticios. Fue con la facilidad de quien sabe que no va a ser juzgado, con una empatía capaz de escuchar una historia desgarradora y la idoneidad para enmendar las heridas con un abrazo. Al principio, iba a los encuentros con los nervios entre las manos, pero con el pasar del tiempo, tu voz y tu risa me hacían sentir una calidez que por aquel entonces me resultaba extraña y tus brazos, se convirtieron en un sitio seguro y contenedor. No entendía como es que nos habíamos vuelto tan cercanos, pero agradecía que nos hayamos encontrado.
Nunca fui la más linda de mis amigas, de hecho, muchos hombres las deseaban a ellas, me pedían que se las presente. Yo solía ser esa amiga que pasaba desapercibida, que nadie invitaba a bailar, que nadie miraba con ojos de algo más. Ricardo siempre me vio, entre mis amigas, entre una multitud, me miraba a mí. Quizás esa es la energía que nos unió, quizás fue el poder de algo que los dos sentíamos pero ninguno decía. Allá por 2009 me dijo "Siempre que escucho "Insisto" me acuerdo de vos...sé que siempre voy a acordarme de vos cuando escuche esa canción". Es un tema de Ciro y los Persas. Era fanático de esa banda y, por aquel entonces, a mi no me atraía en lo más mínimo. No, nunca sentí que fuera una indirecta, porque nunca me senté a escuchar la letra, algo que hice luego, mucho tiempo después.
CONTINUARÁ...

No hay comentarios:
Publicar un comentario