Toda mi vida fui insegura. Y dentro de esa inseguridad había una gran responsabilidad en mi entorno, en todos esos comentarios nocivos que dicen los niños cuando no conocen el peso de las palabras. Y cuando esas voces ya no hablaban, quedó su eco, flotando en mi cabeza. haciéndome mierda. Probé todos los males para hacer que mi cuerpo se achique, que mis huesos se marquen y mi sufrimiento pare. No sabía que el dolor a veces solo sabe atraer más dolor, y esos males nunca iban a sanarme, sólo hacían que el hueco creciera más y más en mi. Nunca me consideré linda, nunca siquiera lo pensé. Mirando en retrospectiva me siento un poco tonta, pero al mismo tiempo, quién soy yo para juzgar las cosas que sentía en ese entonces, quien soy yo para hablar, si esas voces de vez en cuando siguen haciendo eco, todavía las escucho, todavía me duelen y me hacen dudar de quien soy. Hubo un momento de quiebre, donde empecé a pensar positivo sobre mi cuerpo y mi vida, y las cosas estaban bien, al menos conmigo misma. Me sentía suficiente, y tenía en claro que si a alguien no le alcanzaba, no era para mi.
Nunca pensé que estando en pareja podía volver a sentirme como me sentía en aquellas épocas. Nunca pensé en volver a odiar mi cuerpo, pero acá estoy. Es difícil aceptar como algo "normal" que la persona que amas urilice las redes sociales para ese coqueteo que pretende ser inocente y no lo es. Superé que le hable a otra mujer de manera provocativa, que reciba de ellas fotos de desnudez, que guarde fotos de otras mujeres en su celular como si fueran trofeos y las observe como si las extrañara, que jugaba a encontrarse con chicas y sus amigos estuvieran presentes (para no sentir culpa), pero nunca pude comprender cómo es que todas ellas son tan distintas física e intelectualmente de mí. Es imposible ignorar la verdad cuando ya la conoces. Es como intentar tapar el sol con la mano...no se puede, créanme, lo intenté. Me sentí desterrada de una tierra que pensé que era mía, que era mi refugio. Mi casa ya no era mi casa, y en cierto modo, me exilié a este lugar donde sólo puedo compararme, donde sólo puedo pensar en que no le gusto porque no soy como ellas. Y no entiendo cómo pasé de ser la protagonista a ser la actriz secundaria, cómo lo permití, cómo me pudo hacer esto la persona que elegí, con quien pensé que iba a pasar mi vida.
Llevo un tiempo intentando adaptarme a esta nueva realidad donde sé lo que pasa, donde la verdad está expuesta, a la luz de todos para observar. Intenté perdonar, fingir demencia y no sentirme afectada, pero siempre lo estuve. La traición es peor que el engaño, y nadie puede discutírmelo. La traición destruye la confianza, vuelve inhabitable ese lugar que tanto amabas y de un día para otro, lo convierte en territorio enemigo. Ahí estuve, un tiempo, paralizada, llorando a solas, desarmándome de a poco para que la relación no se caiga a pedazos. Di todo de mi, y un poco más. Arriesgue todo lo propio por una vida en conjunto y (me) perdí. Terminé cuestionando mi valor porque no era suficiente para él, porque no era del todo lo que deseaba, y tampoco lo que elegía. El pensaba que peleábamos siempre por lo mismo, cuando en verdad pasaba la mayor parte del tiempo callando infiernos y cediendo, porque aún después de todo, no quería perderlo. Y si me preguntan por que no querría perder a alguien que se anima a jugar con fuego sin importar si al quemarse quema todo lo que construimos, diría que este no es el hombre del que me enamore...o quizás la triste realidad es que siempre lo fue, y simplemente elegí creer ciegamente en cuanto decía amarme.
"Dame algo en lo que creer, sólo puedo quedarme si me elegís", le dije varias veces. Las palabras nunca alcanzaron para explicar la desazón que sentía, y aunque lo intenté, nunca estuvo dispuesto a escuchar lo que tenía para decir. Nunca pudo negarme una verdad, pero se armaba de excusas para no responsabilizarse por sus actos. Lentamente, las palabras dieron paso al silencio, a la implosión, y a todas esas señales que da el amor cuando está muriendo.

me puedo identificar con eso que escribiste,pasé por algo similar, amé profundamente a una persona, aun lo hago, pero en esa época mis demonios no me dejaban ver bien el panorama completo y terminé perdiéndolo todo, desde mi dignidad hasta el amor de mi vida. Sin embargo eso me dió la oportunidad de ver hacia mi y sanar aquello que necesitaba ser sanado. Hoy me siento mejor, y aunque esas heridas a veces vuelve a doler, ese dolor es u recordatorio de lo fuerte que soy.
ResponderEliminar