3 de diciembre de 2023

Withered heart



Últimamente, vivo en mi cabeza. No se como salir de ahí. No se si quiero. Las cosas que me permiten subsistir en este ámbito nocivo, son cosas que me dan culpa. Siempre viaje mucho, lo disfruto, no voy a mentir. Pero con el tiempo, se fue haciendo cada vez más y más difícil ignorar las razones por las cuales emito pasajes a la primera excusa que encuentro. Empezó como un pasatiempo y terminó siendo algo imprescindible. Si no me voy, no puedo estar acá. 

Escapar. No puedo hacer más que escapar. Me alejo de todas las cosas que no puedo controlar pero que lastimosamente logran controlar todo de mí. Corro y corro hasta sentir que no me persigue la obligación moral de renunciar a un trabajo que no me hace feliz, hasta que ya no siento el dolor punzante en el cuello que sólo se me quita con medicamentos incapaces de solucionar el problema de base. Nadie podría entender lo que es trabajar donde trabajo a menos que estén en el ámbito. Es de esas cosas que te cuentan y no las crees hasta que las experimentas en carne propia. Siempre que lo hablo con amigas, me dicen "no puedo creer que pasen esas cosas", pero pasan. Y no es cosa de un día, como excepción, es todos los días. Una y otra vez, lidiar con personas nefastas que disfrutan y se nutren del sufrimiento ajeno. Es muy difícil entrar diariamente a la jungla y pretender salir ilesa. Desde temprana edad aprendí que todos ahí son el diablo disfrazados de oveja. Es lo más parecido al infierno, si es que existe tal lugar, donde la gente entra y no sale, donde se renuncia o se termina pidiendo ayuda con gritos que luego son silenciados por un sistema hecho para que nadie se vea obligado a escuchar. 

"El problema sos vos", dicen. El problema es la víctima y nunca el victimario. Se normalizan las situaciones más aberrantes y desagradables. Nadie puede convencerme de lo contrario, nadie puede decirme que no hay cosas que simplemente no está bien. Poco importa si el precio es ser la oveja negra, que no coincide con ridiculeces sin sentido. Si el precio de pertenecer es perderte, prefiero conservar mi raciocinio a resignar quien soy para evitar ser una outsider, la que está fuera de lugar. Es que el loco a veces no es el desacertado, sino más bien el que lucha contra viento y marea cuando todos simplemente se dejan llevar por la corriente, aunque sepan que en el trayecto, el cuerpo y el alma pagan un precio. 

Nunca nadie me dijo que enfrentar día a día al lobo iba a ponerme en riesgo de esta manera. Es eso. Me siento en riesgo. Mi salud mental y física viven al borde del abismo. Quiero que mi vida signifique más que esto y escapo. Busco horizontes y atardeceres que me llenen de un calor que solo siento cuando mamá me abraza y sin saberlo me alarga la vida un poco más. Quizás si esté deprimida, quizás este es el pozo que todos evitan, del que todos hablan, y yo no se como salir. 

28/04/23

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