Dame paz, me dice, mientras vuelve mi vida un infierno, un campo minado de inseguridades a causa de su accionar. Así son los hombres, exigen sin dar cuenta de todo lo que hacen, sin comprender que lo que les falta es responsabilidad afectiva, y sin ella, no hay paz que valga.
No existen grises. O somos guerra o somos paz. Al menos así es para él. Si lo expongo, soy una loca, aún cuando sabe que tengo razón, aún cuando sabe que de mi boca lo último que va a escuchar, es una mentira. Quisiera entender qué pasa con todo lo que va en el medio, entre un extremo y el otro. Pareciera que todo lo que almacené en mi cabeza como buenos recuerdos se reducen a nada. Pide paz sin saber que una guerra es lo que se desata en mi cabeza cada vez que lo descubro mintiéndome, cada vez que promete cosas que nunca va a cumplir, cada vez que lo agarro con las manos embarradas con traiciones que nunca se atreve a reconocer. No entiende que cuando una mujer pregunta por la verdad, es porque ya la conoce. No entiende que le pregunto para ver si al menos puede ser lo suficientemente hombre para admitir su error, para admitir que es humano y al menos así, podes buscar una solución, para no repetir la misma historia. Todas las veces que prometió dejar de hacer las cosas que me lastimaban le creí, quise creerle por el bien mutuo, y porque en el fondo, necesito creer que no me enamore de un hombre que miente de forma patológica. ¿Cuántas veces son suficientes? ¿Acaso no sabe que si me voy, nunca más volvería?.
Una vez que una persona falta a su palabra, hay algo que se rompe, algo de la confianza se quiebra, y es para siempre. Hay cicatrices imposibles de enmendar. Lo supe siempre, es claro e indiscutible para mí: la gente no cambia. Es difícil saber donde la mentira empieza y donde termina, desde cuando lo hace, y hasta dónde es capaz de llegar. Una parte de mi ser desea ignorar lo que pasa frente a mis ojos, todas las veces que traicionó mi confianza, todas las veces que eligió no elegirme, todas los momentos en que decidió anteponer su aburrimiento y narcisismo por sobre el supuesto amor que me tiene. ¿Se puede decir que alguien realmente te ama si te engaña?¿Acaso amar no es sinónimo de cuidar?. Nunca fui esta persona que se queda, nunca permití que me mientan y pudieran tener el beneficio de la duda, nunca les permití seguir gozando de mi compañía luego de que la verdad me encontrara. Siempre me retiré del campo de batalla conociendo mi valor y sabiendo que, aún perdiendo, a fin de cuentas, ganaba algo más importante. Será que por primera vez, creí que realmente estaba al lado de un compañero, de un par. Y con más razón me siento defraudada, por la fe que deposité en esta relación, me siento debilitada por tener que luchar contra alguien que se suponía que estaba en mi equipo, a quien hasta el día de hoy, me abraza por las noches como si no abrazara a nadie más, me habla con una complicidad que finge no compartir con nadie más, a quien besa como si existiera un código secreto que sólo nosotros podemos develar. No existe un nosotros si da igual si es conmigo, o sin mí.
No puedo evitar sentirme como una mariposa atrapada en un vaso de vidrio, y observar progresivamente como, mirándome a los ojos, es capaz de desarmar todo lo que construimos, borrar todos los años que profesé amor a lo que creí que era un diamante en bruto y terminó siendo bronce chamuscado. No hay salida que no implique dejar heridas en mi cuerpo, aún cuando no haya sido la que hizo un mal. He ahí el meollo de la cuestión: el que lastima, siempre cae bien parado. La única persona que pierde es la que apostó a un vínculo de manera solitaria, la que saltó el abismo sujetada de una mano que luego la soltó, la que puso todas las cartas sobre la mesa y no escondió las manos, la que se quedó cuando el barco estaba repleto de imperfecciones y hendiduras de las que no era responsable y, ni más ni menos, la que se quedó cuando todo el resto vio el panorama y huyó. Me cuesta no sentirme culpable por seguir acá. Nunca me dijeron que ser engañada implicaba sentir culpa, como si yo hubiese sido la que trascendió el pacto que se hizo entre dos. Por momentos mi cuerpo tiene miedo y tiembla descompensado de tan solo pensar en lo que vendrá después. Siempre dijiste que veías tu futuro a mi lado, pero nunca lo dijiste enserio. En cambio, por mi parte, nunca pensé que fuese a existir un después de vos. Nunca pensé en que no fuese con vos.
Me insto a retroceder y evaluar cómo salir airosa de una situación que no elegí, sobre la que no tenía palabra ni decisión. No me merezco este dolor, no merezco sentirme así. Lo sé...pero la cama se hunde o yo me hundo ahí, llorando mi inocencia, consolando a esa pequeña fracción de mí que creyó que esta vez, no iba a ser igual. Que él no era igual.
18/02/23

No hay comentarios:
Publicar un comentario