2 de diciembre de 2022

Can I ask you a question...?


Un recuerdo oxidado. Eso somos. Y está bien, lo acepté hace mucho tiempo. Algunos vínculos están indiscutiblemente destinados a ser un sueño que nunca llega a convertirse en realidad. Somos una idea que nunca pasó del dicho al hecho, y ya sabes lo que dicen del trecho que separa a la una cosa de la otra. 

Nunca te pienso. Soy buena dejando personas atrás, estoy automatizada para hacerlo, pero hoy...hoy estas en todos lados. Es una de esas noches con gusto agridulce donde me pregunto si en algún momento de tus días te replanteas que hubiese pasado si te hubieses animado a más, a dar ese paso de decir en voz alta lo que tus ojos me decían en silencios compartidos, con miradas sostenidas y sinceras. Nunca comprendí los motivos por los cuales uno le da vueltas a decisiones ya tomadas, la ausencia de personas con las uno ya no se habla, a recuerdos guardados en cajones del olvido y sentimientos desabridos. Es casi masoquista de mi parte jugar a suponer que hubiese pasado con circunstancias que nunca se dieron y personas que nunca quisieron lo suficiente para jugársela, pero acá estoy. No se que tienen las noches, pasada la medianoche, donde cada hora es una eternidad, donde me pregunto si te acordas de mi, si es que acaso mi nombre cruza por tu cabeza como una estrella fugaz. 

Esta bien, confieso que solía tener la mala costumbre de armar escenarios hipotéticos donde vos y yo éramos algo, y nada se asimilaba a la euforia que desprendían mis entrañas cuando me besabas. Nunca pasó pero nunca necesité experimentarlo para saber que se sentiría así, para saber lo adictivo que sería, para saber que una vez que empezara, nunca sabría como darle fin. Tan solo tenerte al lado podía sentir un manojo de nervios y mariposas aleteando en mi panza, alocadas, anhelantes y atentas a cualquier expectativa de roce entre tu piel y la mía. Nunca sentí algo así antes pero supongo que tampoco conocí a alguien como vos, con un corazón transparente y cálido como un atardecer en pleno invierno. 

Nos éramos fieles en formas poco convencionales. Podría decir que ni todo el humo de los cigarrillos que fumabas era capaz de nublar mi mente como para no ver tus verdades, y vos, que sin importar todo lo que dijeran de mi, nunca pusiste en duda mi palabra. Tu mano golpeando la puerta del baño y tu "¿estas bien?", un día llorando, en plena crisis existencial, fue una invitación a salir de la oscuridad en la que me sumergía cuando todo parecía irse por la borda intempestivamente. Ahí estabas, con tus ojos castaños intentando descifrar que me pasaba y cómo estar, sin decir nada, sin interrogar. Y al volver, frente a otros, somos cómplices de secretos que nunca compartimos, de manos que nunca se entrelazaron.  

Siempre dijeron que teníamos algo y nosotros respondíamos riéndonos, y supongo que si lo teníamos, se que era así porque desde que te conozco pintaste mi vida de colores que no conocía antes. Se me eriza la piel de tan solo recordar como me hacías sentir. Y se que es extraño decirlo, después de tanto tiempo, pero no puedo evitar estar acá, con un café en mano y descociendo mi alma a mediada que escribo cada palabra. Hubiese dado lo que sea por que el sueño sea realidad, y quizás lo que me invade es la incertidumbre eterna de no saber si lo sentías igual. No puedo evitar que me corrompa la nostalgia por todas las mañanas y las charlas de cosas irrelevantes y otras tantas importantes que compartimos. Recuerdo la desazón que cubrió todo cuando me enteré que ya no íbamos a poder tener todo eso, una mañana gris donde tu asiento quedó vacío, y quizás pensarte es una forma de perdonarte la traición de abandonarme, de dejarme como nunca pudiste dejar el cigarro, con una facilidad envidiable.

En los últimos encuentros, en pequeñas reuniones grupales, te acercabas cautelosamente a hablarme y yo no sabía cómo decir todo lo que hubiese querido. "Como va tu vida?" dijiste con una sonrisa pintada mientras me dabas un beso en la mejilla, y no pude evitar notar nerviosismo en tu voz. Hubiese querido abrazarte, porque esa era la única forma de sintetizar lo que pensaba y sentía. Te extrañaba como loca en un manicomio al que nunca quiso someterse. Todos están locos, y vos y yo éramos la excepción a la regla. Eras mi sostén entre medio de toda esa gente despreciable y verte fue revivir ese dolor de perderte injustamente. Te quedaste cerca mío todo el tiempo que duró el evento, y mientras todos intoxicaban sus cuerpos en alcohol y drogas, mi corazón se embriagaba con todas esas sensaciones pasadas, en tu olor y tu voz. Te observé con la minuciosidad con la que ve un artista a su obra favorita, grabando detalles, por si no te veía por mucho tiempo más. Y mi corazón...mi corazón que tiene debilidad por quienes quiere en silencio, se ablanda cada vez que es con vos. 

Han pasado casi tres años, y hoy, quisiera saber ¿acaso te preguntas si me olvide de vos?. Se que de nada sirve cuestionárselo, se que es el pasado, y es verdad que nunca te pienso, pero sucumbí en este abismo que llevó hasta tu recuerdo. Puedo evitarte, salvo en noches como esta, donde miro el techo y juego con mi imaginación, juego para saber hasta donde llega un corazón con incertidumbres y puntos suspensivos en un historia donde tu nombre es el título. Juego a desvelarme imaginando tus ojos observándome y tus manos trazando lazos con ese lápiz con el que siempre dibujabas. Soy la chica que mira al este, con ojos de ensueño, y expectativas por un futuro en un horizonte lejano. Puedo imaginarte dándome la mano y mirando, conmigo, todo lo que pudimos ser y por cobardes, dejamos ir. Y desde acá, desde el olvido mismo, te quiero, y te suelto, hasta la próxima madrugada, hasta que mi corazón terco y adolescente vuelva a pensarte. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preview (of a disaster)

Solía conocerlo, tan bien. Solía pensar que lo hacía. Que conocerlo me daba un estilo de privilegio, de ventaja por sobre otras personas. Lo...