No me animo a escribir. Tengo las palabras en mi cabeza, a flor de piel, pero temo escribirlas. Será que estoy acostumbrada a ser esclava de esta forma de filtrar sentimientos. Será que no estoy lista para arrancar la cascarita de la herida todavía, menos sabiendo que va a sangrar, y que sí, va a arder como el mismo infierno y doler como si nunca me hubiesen roto el corazón.
No estoy lista para llamar las cosas por lo que son, ni tampoco lo estoy de darme por vencida. Sigo luchando, aunque ya no sepa muy bien por qué, ni si realmente debería seguir haciéndolo.
Siempre fui la que se coloca el armadura y va a la guerra por lo que ama, nunca con duda, siempre con la convicción de querer, aún cuando es cuesta arriba. Pero duele lo solitario que puede ser el camino, duele pensar que siempre vas a ser la que más da, la que más quiere, la que más se compromete. La lógica de "dos a a la par" es más dificultosa de lo que simula ser cuando lo haces rimar en una canción. Porque coincidir es un laburo de locos, porque querer a pesar de todo es complejo y nadie quiere tomarse el esfuerzo de quedarse. Siempre es más fácil empacar todo y tirarlo por la borda. Siempre es más sencillo apuntar con el dedo y abrirse, dejar una conversación a medias o desaparecer sin explicación alguna.
Creo que por primera vez quiero tomar el camino fácil, quiero dejar todo en pausa y largarme de este lugar, que a veces se vuelve oscuro y tenebroso, un lugar en que sin importa cuan acompañada esté, me hace sentir sola, distante de absolutamente todo. Me descubro llorando en la incertidumbre de quien sabe lo que quiere pero no tiene con quien compartirlo, en la desesperación de querer demasiado a alguien que no puede comprometerse emocionalmente, es el desamparo de quedar discutiendo sola, luchando sola por algo que debería valer la pena para dos, aunque uno más uno nunca de el resultado esperado.
Cuando te sentis solo, parece que todo lo haces vos. Lo bueno y lo malo. Te cargas todo lo que pasa en los hombros y de alguna forma, te culpas. Es imposible que no te preguntes qué hiciste mal, aún cuando no haya nada que reprocharse, aún cuando no quede nada por dudar. Las palabras son esa arma de doble filo que nadie parece valorar hasta que cortan con la misma intensidad con la que un día llegaron a tu vida para sanar. A veces las palabras son más persona que quien las dice, tienen más entidad que un edificio con paredes de concreto, e incluso, pueden llegar a ser igual de acuosas como el mar y volátiles como el viento. A veces las palabras son vacío y muchedumbre, pero al menos son algo. Al menos, dan realidad.
Quisiera poder hablar, pero se me hace un nudo en el estómago de solo pensarlo. Y lloro. No puedo parar de llorar cuando afronto la sensación de estar atada a personas que nunca se ataron a mi, que son más ancla para mí, y yo salva vida para ellos. Son las 3 am y en mi desvelo pienso en el sueño y descanso ajeno, uno que se me arrebató, porque eso es lo que pasa cuando a vos te importa algo o alguien, le das vueltas a la cuestión hasta que puedas darle una solución, pero quien no lo siente así, se deslinda de la carga emocional y deja todo donde está. Cierra la conversación cuando quiere aunque el otro se quede hablando solo, aunque sepa que le está quitando la tranquilidad. Ese egoísmo que salva a uno, enciende una quema forestal en otro. Y a pesar de querer, a pesar de luchar, a pesar de seguir acá, no puedo evitar pensar en que ya no podría tolerar otro desastre natural.
Sigo esperando poder ser la que se desvincula rapidamente de las personas y de los sentimientos que ellas le generan, sigo esperando transformarme en esa persona que si la otra se queda atrás sigue mirando para adelante como si nada pasara, sigo esperando ser la que le quita el sueño a alguien y no la que llora en la cama intentando comprender, sigo esperando volverme esta persona que yo detestaría y admiraría si me cruzara, porque ser roca y oro al mismo tiempo no es tarea para cualquiera, porque no cualquiera puede ser impenetrable como la mismísima Muralla China y al mismo tiempo, ser deseada, halagada, querida.
Y no voy a negarlo, así como espero cambiar, también es cierto que sigo esperando cruzarme a alguien que me demuestre que no necesito ser esa persona, que con ser yo alcanza y sobra, que existe un lugar donde podes sentir y no sentir que te excedes, que existe alguien que va a quererme sin hacerme sentir que nunca alcanzo. Aunque me averguence, sigo esperando escuchar "vales la pena" de una boca ajena aunque de nada me sirva, aunque en nada me cambie. En el fondo, sigo esperando ser mi propia heroína, y salvarme de esta desazón que genera siempre estar esperando la validación ajena de que valgo la pena, aún sabiendo que la única que debería tener ese poder, soy yo.
Será que sigo esperando verme más como una obra de arte que como una vasija rota, donde entra la luz y la oscuridad se esconde en mil recovecos. Será que soy una bola de sentimientos, principalmente de mucho dolor pintado de rosa sólo para pretender que no lo siento, que no me invade cuando sonrío aún con dudas de estar donde estoy. A veces simplemente quiero bajar el telón, sin explicación, sin pensar, y volver a espacios que mentalmente me den felicidad o tranquilidad. Quiero volver a tiempos simples y llanos, porque esta pendiente me dobla las rodillas, y sin importar cuan hermosa sea la vista desde la cima, me pregunto si vale la pena llegar.
Será que sigo esperando verme más como una obra de arte que como una vasija rota, donde entra la luz y la oscuridad se esconde en mil recovecos. Será que soy una bola de sentimientos, principalmente de mucho dolor pintado de rosa sólo para pretender que no lo siento, que no me invade cuando sonrío aún con dudas de estar donde estoy. A veces simplemente quiero bajar el telón, sin explicación, sin pensar, y volver a espacios que mentalmente me den felicidad o tranquilidad. Quiero volver a tiempos simples y llanos, porque esta pendiente me dobla las rodillas, y sin importar cuan hermosa sea la vista desde la cima, me pregunto si vale la pena llegar.

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