23 de junio de 2019

better off (without you)

Hay una versión de las personas que creamos en nuestras cabezas, una versión que intentamos mejorar aún sabiendo que, lo único que podemos hacer, es arreglarnos a nosotros mismos. Nadie llega a tu vida para pegar los pedazos rotos de quien antes te lastimó, nadie es un centro de rehabilitación. A veces, tenes que aprender a decir "suficiente", hasta acá llegué, porque el otro es quien es, y no hay nada que puedas hacer para que cambie. Y si esa persona no sabe valorarte, si no está ahí como vos estas siempre para él...creeme, no lo vale.
En muchas ocasiones pensé conocer bien a alguien, podría haber jurado que era de una forma que al final, no era. Porque eventualmente, todo sale a la luz, hasta la oscuridad más profunda, mostrándote que esa persona no sólo no era como la pensaste, sino que nunca realmente la conociste, que sólo era una idea en tu cabeza, un recuerdo que ni siquiera podes saber si fue real, porque a veces queremos creer tanto que algo puede ser posible, que lo modificamos, lo adaptamos para poder seguir, para poder estar bien. Pequeños engaños mentales, pequeñas caricias en medio del caos que la realidad te impone.
Así me sucedió la última vez que puse mi corazón, abierto de puerta a puerta a lo largo de la mesa, como un mazo de cartas, vulnerable ante la siguiente jugada hostil. Mil veces sentí que algo estaba mal, y sin embargo, me quedé. Porque nunca nadie fue ni será hecho a la propia imagen de uno, y es imposible vivir acompañado sin comprender y aceptar que el otro es otro, diferente en sus formas y tiempos. Pero...hay un limite. Es muy fino, pero está ahí. No escuché a mi subconsciente cuando me gritaba "salí de ahí", tampoco cuando me decía "abrí los ojos, no te quiere" y cuando decidí quedarme a pesar de ello, una parte de mi, quedó condenada a caer en silencio, en la indiferencia de quien elige querer a alguien que no sabe qué quiere...o con quien.
Armé toda una red bajo mis pies sostenida por sus mentiras y todas las malditas excusas que nunca me atreví a echarle en cara. Mientras yo lo quería, él construía una bomba para eventualmente dejarla a pocas cuadras de mi casa, para que viera como todo volaba por los aires mientras él se besaba con otra mujer que no era yo, otra mujer que seguro lo mandó a volar en dos minutos de soportar el peso que conlleva quererlo. Porque, la gente que está jodida, sólo sabe joder a quienes se atrevan a quererlos más allá de eso. Me hundió en su oscuridad y no supe chistar, y ¿cómo hubiese podido hacerlo?, era la única forma de estar al lado suyo, aceptando su lado oscuro. Pero querer a alguien así, quererlo a pesar de todas esos detalles que notas y pasas por alto, tiene su costo. Un costo personal, con uno mismo. Llevo una cicatriz que lleva su nombre, y por mucho que me cueste admitirlo, por mucho que sepa que él no lo merece, más allá de la bronca y la angustia a la que me sometió, hoy cuando vi su foto con otra mujer...sangré un poco. Sin llorar, sin palabras de por medio...sólo lo sentí en mis entrañas, retorcerse, esa sensación de injusticia de saber que aún siendo mejor persona, él salió bien parado, como un gato negro. 
Pero nada puedo hacer, y me quedo en mi cama, sabiendo que cuando lo elegí, elegí su desastre, y no puedo culparlo ni cargar sobre sus hombros una decisión que fue mía. Porque él es una mala persona y sus acciones son injustificables, pero quererlo fue un mal que me hice a mi misma. Nadie puede discutirlo. Y aún así, estoy segura...me enamore de alguien distinto, alguien que  definitivamente no era ese hombre detonando una bomba ante mis ojos con la intención maligna de quien quiere destruir a quien no puede tener. Es que, al abrir los ojos, lo privé de lo que más hubiese deseado poder tener: mi compañía y el cariño que sabía que nadie más podía darle (al menos, sin pedir nada a cambio). Cuando todo terminó, se cercioró de entrar durante varios meses a ver mis historias de Instagram con el perfil de su jefe. No tuve ni que decirlo, haciendo eso, él sólo mostró estar bañado en cobardía, en la vergüenza de quien hizo mucho mal.
Después de ver la foto, decido que es tiempo. Ya no me duele, porque hace tiempo que no lo quiero. Lo borro de todos lados. Borro las fotos que dan data de su existencia, y así, después de todo el mal que me hizo, elijo no hacerme daño con alguien que no valió ni va a valer la pena. Elijo preservarme y cerrar ese capítulo que lleva sus iniciales tatuadas a fuego sabiendo que un día cualquiera, el balance se establece y a los gatos negros, se les acaba la suerte de caer siempre bien parados después de lastimar a alguien. 

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