25 de mayo de 2019

Silence of the night



Me puse a llorar. No estoy cien por ciento segura de por qué, o sí. Quizás estoy demasiado segura del motivo, pero prefiero ignorarlo para poder adormecer el dolor que me genera la respuesta.
Pensaba en todas las veces que me quedé al lado del teléfono, esperando un mensaje de texto, una respuesta, un llamado. Siempre me recuerdo en estas situaciones muy angustiada, porque soy del tipo de persona que espera cosas de otros. No grandes gestos, sino más bien recíprocos. Es difícil ser el tipo de persona que siente mucho hoy en día. Generalmente, somos calificados como intensos e incluso, en muchas ocasiones, locos. Hoy en día, se estila más no sentir, no empatizar, no conectar, ni siquiera intentarlo. Y en este punto, es donde todo se vuelve un poco confuso. No puedo evitar preguntarme si el problema es la falta de interés o la falta de amor propio. Aunque quizás sean ambos.
Siento que en cierta manera, estar esperando de otro lo que uno da, es en principio, estar esperando el mismo tipo de interés. Es verdad, el interés puede expresarse de diferentes formas, pero uno sabe...uno sabe cuando la otra persona está interesada, te lo hace saber, como puede. Pero justamente, quizás para mí, la expresión de interés es no dejarme esperando una respuesta a un mensaje por 24 horas, quizás para mí, interés es la inmediatez de la disposición de tiempo, ese "sacrificio" que hace la otra persona de tenerte en cuenta incluso cuando le falta lugar en su agenda. No hay nada que exprese mayor interés, para mí, que un acto que diga por sí solo "me hice un tiempo, me tomé 2 minutos para vos", para contestarte, porque me importas, porque no quiero ni necesito dejarte esperando. Cada uno sabe lo que hace cuando hace las cosas, e incluso, cuando elige no hacer nada. Miro el teléfono de reojo, estoy leyendo o comiendo, y no puedo evitar pensar en la facilidad con la que el celular pasa a ser mi peor enemigo, sin importar si luego vuelve a ser mi mejor aliado cuando el nombre de la persona que apropia de mis pensamientos aparezca en la pantalla. Pero nada llega...y pienso...pienso que si realmente le interesara, ese mensaje hubiese llegado. Y ninguna justificación que haga por la otra persona, le gana a esa premisa. Porque, a fin de cuentas, el interés es eso que se exterioriza mediante acciones.
Sin embargo, sé que si observo todo desde afuera, a esa versión mía, ansiosa y expectante por el accionar ajeno, no tiene sentido. ¿Cómo es que una mujer independiente y fuerte puede debilitarse así?. Y entonces pienso que quizás, el problema no es el otro, sino lo que yo proyecto en esa persona, en la expectativa. En el fondo, siento que debería quererme más, mejor. O al menos, debería alejarme de esa posición en la que me coloco. Y tengo que hacerlo con la gracia que se que tengo. Después de todo, no sirve quedarte donde no sos deseada, donde no sos considerada, donde no te cuidan. Y no es justo que tengas que andar rogando, porque habrán cosas que pueden confundirse, pero lo único que tengo claro, es que el amor nunca debe mendigarse. Y no importa cuanto te interese, cuanto te guste, cuantas cosas harías por esa persona, cuanto lo queres en tu vida...el amor, sano, es de a dos, y va de la mano, uno al lado del otro. Nadie atrás de nadie.
Supongo que a veces...no hay que taladrarse la cabeza tanto con los por qué, ni tampoco justificando a la otra persona por su accionar...a veces, marcar retirada habla por sí sólo, porque todavía, hay lugares donde las palabras no llegan, y las acciones sí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preview (of a disaster)

Solía conocerlo, tan bien. Solía pensar que lo hacía. Que conocerlo me daba un estilo de privilegio, de ventaja por sobre otras personas. Lo...