No puedo comprender cuando el interés se convirtió en indiferencia, esa que sentis cuando alguien te dice "me gustas" y procede a ignorarte durante horas, no porque no pueda responder, sino porque elige no hacerlo. No sé cuando es que el deseo se transformó en el suplicio de preguntarte constantemente qué es lo que le pasa a la otra persona, sabiendo que si preguntas, podes espantarlo. Cómo es que el amor se convirtió en decadencia, cuándo los besos se cambiaron por 'likes', dónde se van las ganas de verse cuando hay que moverse un poco por el otro, y por qué es que en vez de preguntarnos todo esto, aceptamos que las cosas son así, y dejamos que nos duela amar.
Soy consiente del mundo millenial en el que vivimos. Soy perfectamente capaz de adaptarme a diferentes realidades y personas, de aceptar imperfecciones e incluso, anhelar una persona que reconozca que es imperfecta (que está bien que así sea). Pero no puedo superar el hecho de que hayamos convertido oraciones que anhelamos escuchar en silencios perpetuos. A veces sueño con un "tengo ganas de verte" que no tenga que pedir, con un "buen día, cómo estas?" que no tenga que preguntar, con una conversación que hable de algo más profundo que lo estético y superficial de cómo se ve la foto en un perfil.
Estoy agotada de pretender que somos perfectos. No quiero tu "todo bien, y vos?", quiero la verdad, cruda y dolorosa, pero real. Quiero que me cuentes si te cuesta dormir por la noche porque no podes dejar de pensar, si a veces comes para no sentir, si vas al gimnasio para que nadie vea tu inseguridad, si te operas por los demás o porque queres encajar, si sonreís porque sos feliz o si llegas a tu casa y te largas a llorar. Quiero que me cuentes si sufrís de ansiedad, si te tiemblan las manos cuando pensas de más, si queres correr hasta que no quede nada por mirar detrás, o si te quedas parado esperando que haya algo más de lo que ya hay. Quiero saber si tapas tu dolor con pastillas o con alcohol, si pensas que esa es la solución o si la solución está en vos, perdida en algún rincón. Quiero que me cuentes de tu familia, de tus raices, de lo que te jode y lo que te llena cuando todo el resto te vacía, si te preguntas sobre las cosas más sencillas, o si simplemente te conformas con lo que te tocó. Quiero saber que pensas, cuales son tus convicciones y tus proyectos, si sabes hacia dónde querés ir o si simplemente necesitas un abrazo para contener los pedazos de quien realmente sos cuando se va el sol y no queda nadie en la habitación. Quiero saber de tu realidad, esa que habla de cuan real sos. No me interesa que tan bien salis en una foto, cuantas abdominales tenes, si andas en un BMW o si te moves en colectivo, no me interesa hablar del clima ni de las últimas zapatillas o serie que estén de moda. No quiero chamuyos baratos porque son halagos que nunca duran, que sólo pintan las paredes de color por un momento que nunca suele durar lo suficiente. Prefiero que me veas humana, con falencias, rollos en la panza, con ojeras, estrías, un poco celulitis en las piernas y con una inteligencia que rompa tus estructuras.
Quiero que me veas real y que te quedes si te gusto igual, sin filtro. Porque, la verdad es que en este punto, no estoy dispuesta a aceptar menos. No estoy dispuesta a aceptar que no hay nada más para hacer que sentarse en la cama, con la luz apagada, esperando que me manden un mensaje, rogando que guste cómo soy a quienes no saben ni siquiera lo que quieren, contando los minutos para que me inviten a salir de nuevo, como si lo unico que importara es que el otro me elija sabiendo cuan increíble ya es que yo me elija a mí misma. Sé que es difícil amar en la era millenial, porque quizás lo difícil es querer amar más alla de las redes sociales, pero me niego a conformarme con la idea de que el amor hoy en día sólo puede doler. Me niego a creer que todos estamos de acuerdo con lo terrible de querer con miedo a que el otro note que lo queremos porque eso puede alejarlo. Quizás es tiempo de cambio, quizás es tiempo de renovar esta idea del amor. Porque las redes sociales no se van a ir a ningún lado, llegaron para quedarse, pero quizás...vos y yo, podemos querernos más allá de las redes.

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