...Le ayudo a poner la mesa, pero no dice nada. La tele está prendida, estaba mirando un partido de tenis. Y lo dejo, porque se que es su pasión frustrada, porque se que ese quisiera él, pisando una cancha de ladrillo, con todos los ojos sobre él. Si tan sólo viera como lo miro yo. Pero no. Santiago pone la comida sobre la mesa: carne al horno con papas y ensalada. No sabe que como poco, no sabe que sólo puedo pensar en repetir un buen rato de sexo a estar comiendo en una mesa ratona frente a una televisión, sin conversación de por medio, sin miradas cómplices. Pero lo acepto, y al menos intento ponerme cerca de él en el sillón. Pero lo noto rígido, como si lo incomodara mi presencia, y la verdad estoy perdida, perdida en este juego imposible de comprender.
No puedo evitar preguntarme si hice algo que le molestara, pero repaso todo y no encuentro nada, ningún signo que me de la pista de que así fue. Y de nuevo, odio estar culpándome por la inseguridad ajena. ¿Por qué dudo de mi accionar si es él el que está actuando extraño? ¿Quién dijo que soy yo - como mujer - la que necesariamente se equivocó con algo?. Esta sociedad de mierda construyó parte de estas preguntas que las mujeres nos hacemos cuando un hombre de pronto (literalmente, de la nada) comienza a actuar de forma diferente. Nunca pensamos que quizás estamos con un pendejo que no sabe que quiere y que cualquier acción suya u ajena lo confunde como a un niño de 5 años. No pensamos que el hombre es el que está haciendo todo mal. Pero no analicé nada de todo eso en el momento, sólo pude pensar en intentar aminorar la pesadez del ambiente. Dejé mi mano en su pierna, acariciándolo, pero como no noté que funcionara, pensé en sacar de mi cartera sus chocolates favoritos, esos que compré en el kiosco de camino a su casa en Uber. Se los dí y recibí un "gracias", tan seco que su agradecimiento se pareció mucho al lamido áspero de la lengua de un gato. Que lastimosas pueden ser algunas de las palabras que emite alguien de quien estamos esperando al menos un poco de reciprocidad ¿no?.
Levantamos los platos y me ofrezco a lavarlos, a lo que obviamente, accedió. La secuencia después de eso fue muy rápida: nos acostamos, él apagó la tele y se dio media vuelta en la cama para proceder a dormir (porque según se explicó "estoy agotado por el gimnasio"). Nunca me sentí tan asquerosamente sola. Pensé que sabía lo que era la soledad en la cama, pero no. Me empecé a sentir muy mal...casi como si me estuviera rechazando sin palabras. Aunque a decir verdad, su brusquedad era suficiente. Lo que nunca deja de sorprenderme es cómo algunas personas con su inseguridad, te hacen sentir insegura/o a vos que tenías convicción y seguridad sobre todo lo que te pasaba con esa persona. Mi nerviosismo me llevó a preguntar "che, te gustó que estemos? o no?". Y su respuesta su "se" hizo que se me partiera el corazón. Nunca nadie me había mostrado ese tipo de indiferencia en persona. Y entiendo si no te gusta una persona, o cómo es fisicamente o cómo coge o inlcuso que si te sentiste por debajo de la línea (porque también puede pasar, porque si somos sinceros, el que acabó en dos minutos fue él). Pero lo que no puedo entender ni puedo justificar es esa maldad que se esconde en el silencio o en acciones que claramente demuestran lo que tu boca cobarde no puede decir. Lo que duró el resto de la noche, dormí hecha un ovillo, helada de frío, contra su espalda...y en ese momento no me quedaron mas excusas para justificarlo, porque ¿para qué me invitas a tu casa si después vas a tratarme así? ¿por qué vas a ser tan hijo de puta que ni siquiera te da para abrazarme diez minutos antes de ceder al sueño?...
Cuando finalmente se durmió, en medio de un silencio sideral, lejos de la comodidad de mi cama, sólo pude pensar en una frase: "morite de amor, cagón".


No hay comentarios:
Publicar un comentario