Conoces a alguien. Avanzas con precaución porque ya te rompieron el corazón la suficiente cantidad de veces que sabes que podes aguantar en un año. Pero todo va bien, todo evoluciona acorde a lo esperado. Te convences lentamente de que tenes que confiar, de que no podes darle una oportunidad a alguien sin estar emocionalmente disponible y abierta a la posibilidad de que derive en algo bueno, en algo que te haga sonreír como nada que hayas vivido. Quizás sean las ansias de encontrar a alguien o quizás sea que queres probarte a vos misma que podes estar con alguien y que dure. Pensás “esta vez se siente como si fuese lo correcto”. ¿Quién dijo que el amor es sólo eso que se siente correcto? Quizás cuando sentis que es correcto es cuando más deberías dudar. El amor usualmente es ese sentimiento que no tiene lógica y que aparece para descontracturar todo lo que tenías perfectamente alineado.
Estuve pensando, y de todas las personas con las que salí, sólo tengo cosas para agradecerles a Alan, y pienso en su corazón y en todo lo bien que me hizo, y siento que debería haber cuidado más lo que teníamos, siento que por primera vez, alguien me quedaba grande. Es el único hombre que me cruce del que puedo decir esto. Y no me avergüenzo de admitir que debería haber actuado mejor, haber tenido mejores actitudes y no alejarme sólo porque la cosa se complico. Y digo esto porque después de él, no hubo nadie igual.
Ya no se a cuantas personas conocí, me cuesta llevar la cuenta porque ninguno de ellos me hizo bien, ninguno me sumó, todos restaron o no hicieron ninguna diferencia en mi vida. Mis amigas dicen que podría hacer escribir un libro sobre las anécdotas que resultaron de todas mis citas, y nos reímos juntas, porque es verdad que en cierto punto, algunas cosas que viví, fueron tan inesperadas, que sólo podríamos reírnos, para no llorar de que cosas así pasan. Pero en el fondo, me cuesta tomarlo como algo bueno, porque tener algo que contar, no me ofrece ningún tipo de confortabilidad, sólo un momento que dura poco. Haber salido con más de veinte hombres, y sólo haber conectado con uno, habla de lo que siempre señalo: la importancia de los vínculos.
Siempre charlo de esto, ya que nunca deja de asombrarme la capacidad con que las personas creen que las conexiones emocionales son algo que se puede conseguir con cualquiera, de forma casual y simple. Si hay algo que no es, es sencillo. Cuando hablo de conectar con alguien, hablo de esa sensación de que podes contarle lo que sea a una persona y que, por muy retorcido y complejo que sea, no vas a asustarlo, y si lo haces, al menos sabes, que esa persona nunca elegiría el camino más fácil de alejarse, sino que se quedaría, para comprender, para darte la mano, para armar un espacio entre sus brazos donde sólo quepas vos. A veces esperas que algo bueno llegue, esperas que alguien te haga sentir algo único e inigualable, y crees que dejando ir algo que ya tenes, esa persona que te de un shock electrico de amor, va a aparecer. Pero nunca funciona así. Lo sé, la experiencia me lo enseñó.
Comprendí que hay personas que van a contarte que tan rotas están, sólo para que sea el pegamento que los arregle. Y una vez que hayas cumplido con lo que necesitaban de vos, van a pasar a la siguiente persona. Porque con el corazón completo, ¿quién no va a quererlos? ¿no?. Y vos que quisiste a esa persona, en su peor momento, en su peor forma, te quedas con las manos vacías. Hace poco aprendí que algunas personas sólo llegan a tu vida para romperte el corazón porque otra persona les hizo eso y necesitan - consciente o inconscientemente - hacerle sentir eso a alguien, como si fuese una cuestión retributiva con el mundo. Y quiero que esto quede bien claro: NO TENES QUE PERMITIRLO. No dejes que te corrompan de esa forma tan cruel e inhumana, porque puedo asegurar, que de eso, no hay vuelta atrás….

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