7 de marzo de 2018

If it ends, can we be friends?


Nos volvemos a ver, después de tres semanas. Quisiera decir que todo ese tiempo pensé en él, pero no. Estaba enojada, más conmigo que con él, por haberme enamorado, por haber dejado que mi corazón lo quisiera como si nunca hubiese aprendido de los errores del querer. Pero quererlo a él, no me trae malos recuerdos, no me hace sentir reducida a la idea de que no va a funcionar ni que va a reemplazarme como si no valiera o no le importara. Rindió sus exámenes y le mandé un mensaje con la excusa perfecta para poder saber cómo estaba, en el fondo, lo extrañaba. Me respondió y me dijo de vernos, y así, como si nada esa misma noche estaba en la puerta del departamento, en el auto, esperándome con esos ojos brillosos que tanto me gustan. "Hola" le digo después de cerrar la puerta tras de mí y me sonríe. No necesito nada nada más, estar ahí es todo lo que quiero, es todo lo que me llena. Hablamos como si nada hubiese pasado, y nos reímos, se que se muere por poner su mano sobre mi rodilla, o de sostener mi mano y besarme cada vez que el semáforo se pone en rojo, lo sé, pero no lo hace. "¿A dónde vamos?" le pregunto, porque siempre le gusta sorprenderme y me dice "al primer lugar donde fuimos, te gustó no?" y yo asiento, porque algo debió significar para él si volvimos acá, al comienzo de lo que era y se sentía ahora como el final. Bajamos del auto y hacemos una cuadra muy incómodos, y a la siguiente me frena del brazo y me intenta besar. Me toma por sorpresa y le corro la cara, y no se por qué lo hice, porque no quería, pero lo hice. E inmediatamente me arrepentí y lo besé yo, no quería ni podía soltarlo. Fue un intento frustrado por aferrarme a su amor, a todo lo que él me dió sin siquiera ser consciente de ello. Se que puede verlo cuando me mira, cuan enamorada estoy, pero al mismo tiempo puedo ver su inseguridad, y ese miedo al compromiso, ese miedo de quien un día lastimó o fue lastimado por esos motivos. Entramos al bar y vamos al sector de no fumadores que estaba vacío, sólo para nosotros, y creo que me hubiese subido a sus piernas y lo hubiese abrazado durante todo el tiempo que estuvimos juntos, porque charlábamos de todo, menos del corazón, y aún así cualquiera podía sentir la electricidad alrededor nuestro. El sabor de mi daikiri de lima se mezcla con el de la cerveza que él toma, y se sonríe con mis besos porque los extrañaba, lo se aunque no lo diga. Le pido que escapemos del calor del bar y no puedo parar de besarlo mientras caminamos y el se aferra a mi mano como un ancla al fondo del mar. Llegamos al auto y yo sólo puedo pensar en subirme arriba suyo y coger ahí, sólo quiero sentir que estamos bien aunque sepa que este es un espasmo de un amor de verano consumido. Pero sólo nos besamos y lo dejo tocarme aunque las calles estuviesen iluminadas como un arbol de navidad, pero frena porque no le gusta que nadie más vea la excitación que me provoca y menos, mi piel. Soy suya en mil formas distintas, pero principalmente, por esa forma suya de cuidarme hasta cuando no puede pensar con claridad. Llegamos a casa y nos sentamos en el sillón, charlamos un rato y prendemos la tele para rellenar los espacios vacíos, el silencio intimidatorio de dos personas que no pueden hablar de lo que realmente deberían. Y sin darme cuenta, entre palabras catalanas y el español, sucumbo entre sus manos y sus besos. Me desprende de la ropa y me lleva a la habitación, hipnotizada por todo lo que implica quererlo con el cuerpo y sí, con el corazón también. Con música de fondo, pienso en lo lindo que es tenerlo satisfecho encima mío. Nos quedamos abrazados por unas horas, y hablamos de tonterías hasta que le pregunto por qué dijo que ya no ibamos a poder vernos. "Soy un obsesivo del estudio, necesito tener mi cabeza en eso, y vos me distraes...francamente no tengo el tiempo que quiero dedicarte, y si ahora nos vimos seguido, es porque no curso (que lo hago de lunes a sábado)", pero le pregunto si realmente cree que soy tan ingenua como para creer que no va a estar con nadie mientras me río con sarcasmo y él tiene el semblante serio, por lo que freno con mi picardía y lo miro mientras me explica que "me recibí de ingeniero en sistemas y ahora estudio otro tipo de ingeniería, de nuevo, ¿eso ya no te da una pauta de cómo soy?". Se hace silencio. Siempre me dijeron que era una carrera complicada, y para personas con una capacidad que creo que ni yo ni nadie que conozca posee (más allá de él). Me escondo en su pecho desnudo y elijo el silencio, porque no quiero arruinar el momento. Pero son las casi 4 de la mañana, y es miércoles, mañana trabajamos y él se tiene que ir. Bajo a abrirle, y lo beso en el ascensor, en el pasillo, y al lado de la reja. Quiero llorar, porque por algún motivo esto se asimila mucho a una despedida. Otra más. Me abraza fuerte, siento mi cuerpo tan pegado al suyo que creo que voy a explotar en lágrimas que él no podría comprender ni yo podría explicar. "Me gustas...mucho...pero si esto se va a terminar, al menos podríamos ser amigos...¿no?" y él me sonrió, como con la sonrisa partida, y me abrazó más fuerte. Quizás sea que él nunca va a saber lo mucho que necesito preservar este vínculo que creamos, porque no quiero dejar de ser en su vida, ni que él deje de ser en la mía...necesito tenerlo, aunque sea para quererlo como amigo, aunque sea para sentarnos al lado del río y ver la luna llena iluminarlo todo, como un día, sus ojos iluminaron mi camino. 

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