12 de noviembre de 2017

Let it go, I don't know let it go.

Te quiero bien, sí, intenso, pero bien. Pero supongo que vos nunca vas a saber ver eso, hasta que sea lo suficientemente tarde como para no tenerme más. Me la pase pensando que tenías razón, que yo era una mujer tóxica, y de hecho, llegue a no comprender (como vos) cómo es que otros pueden quererme si quiero de la forma en que quiero, como si fuese algo malo o erróneo. Pensé que algo estaba mal conmigo, sólo porque a vos se te ocurrió decirlo, porque pensas que tenes el derecho de lastimarme así sólo porque te quiero de forma incondicional. Quizás si fuese reacia, fría y hasta un poco hija de puta, quizás si no te quisiera tanto, aprenderías a valorarme. Pero no importa cuanto te de, no importa cuanto desee tenerte, vos siempre queres a alguien más. Decís que es mi culpa, que tengo que hacerme cargo de lo que digo, que no hay vuelta atrás. Supongo que para vos siempre es más sencillo crucificarme que perdonarme, como todas esas veces que yo te perdoné a vos. Todas esas veces que te necesité y no estuviste ahí, aún pudiendo estar y, ahí yace el problema principal, o al menos para mí. A vos te basta un enojo para mandarme a mudar, pero yo si tengo que elegir entre vos y mi orgullo, te elegiría a vos. Muchas veces te elegí por sobre otras cosas, por sobre otras personas. Y no puedo dejar de sentir que nunca nadie va a conocerme tanto como vos, ni nadie va a conocerte tanto como yo a vos. Me la paso soñando que eso que es tan único e irrepetible alcanza, pero a vos nunca te es suficiente.
La última semana fue un suplicio para mí. La angustia de perderte a conciencia de saber que lo que tenemos es como ese tren que pasa una vez en la vida me consume. Lloro, y ni siquiera es por vos, es por esto, porque no soy buena dejando ir. Y no puedo dejar de pensar que siempre estuve para vos, como una roca en el medio de la oscuridad, como oído cuando todo estaba lo suficientemente mal como para preferir dejarlo todo a luchar un poco más. No puedo dejar de pensar que mientras yo pienso y siento esto, vos me aislas no sólo de tu corazón, sino de tu cabeza también. Decís que nunca más queres hablar conmigo, por todas las razones que siempre nombras, y a mi se me cierra la garganta, puedo sentir como se me cierra el estómago. ¿Cómo te animas a decirlo así? ¿cómo osas a tratarme como si no valiera la pena? ¿que hice para que me devuelvas así? ¿cómo es que siempre preferis anotar en tu pizarra mis errores por sobre todos mis aciertos? ¿cómo es que queres quitarme después de todo lo que te doy? ¿cómo es que queres salvarte a mi costa sabiendo todas las veces que te di vida?. 
Dejo de comer, por cuatro días, porque entre tus malos tratos y tus silencios prolongados sólo parezco dejar partes de mí. Y ni siquiera es que no quiera comer, es que no puedo siquiera tragar, siento este nudo en la garganta que no me deja estar. Sabías que hace poco me operaron, sabías que no es momento para lastimarme, y aún así lo haces. No le digo a nadie, porque pienso que en algún momento voy a volver a comer, como por arte de magia, pero eso no sucede, el cuerpo simplemente no funciona así. Era esperable que me descompusiera, era esperable que tuviera que ir al médico y confesarle que lo mío era tener el corazón roto. Pero ellos me habían advertido que no jugara de nuevo con mi vida, que mi estupides no se convirtiera en mera imprudencia. "Te vamos a tener que internar" y me pongo más blanca de lo que ya estoy, soy un fantasma, y no puedo evitar ponerme a llorar enfrente de ellos "debes estar deshidratada, pero hay que ver que esto no haya generado problemas con el procedimiento de la operación, porque si es así, tendríamos que operarte de nuevo". Siento que se me cae el alma al piso. Siento que esto es simplemente muy injusto. Me ingresan en una habitación y vuelven a pincharme los brazos, me sacan sangre y me dejan puesto una vía intravenosa para pasar el suero y la medicación para calmar el dolor. Me hacen casi diez estudios, y paso todo el día ahí, mirando por un la ventana de la habitación que da a un espacio verde del patio interno del hospital, me la paso llorando, y ya no por vos, sino por mí. ¿Cuanto más voy a darte de mi?. De pronto todo esto me parece una ridiculez y quisiera reírme por la ironía que implica haberte salvado la vida y que vos me la quites así. Pero no es gracioso, no es ni remotamente placentero para mí ponerme en riesgo sólo porque vos no me queres bien. Porque mirame, estoy en una cama, en un hospital, llena de cables y vos planificando tu fin de semana como si nada pasara. Decime quien es el que no sabe querer...decime quien es la persona tóxica...porque claramente, no soy yo. 
Me llama medio mundo, enojado, muy enojados conmigo. Y yo no tengo excusa ni justificativo que valga. No te nombro en ningún momento, pero ellos saben, saben que algo así sólo se hace por desamor. Quieren ir a buscarte, quieren hacerte mal porque eso me hiciste vos a mí, pero yo no quiero, no quiero que nadie te lastime, aunque aca este sangrando de nuevo por vos. Y pienso que vas a llamar, para ver si algo grave me pasó, por momentos te imaginé abriendo la puerta de la habitación, pero esa nunca soy yo, nunca fui prioridad en tu vida, y esta vez no iba a ser la excepción. No quiero soñar más con imposibles, no quiero siempre esperar y pensar lo mejor de vos si vos siempre elegís quedarte con mis errores y multiplicarlos por cien para que te alcance de motivo para dejarme ir. Ya no quiero esto. No puedo. Me dieron una nueva vida el 11 de julio, y un 11 de noviembre casi la pierdo de nuevo. Te di lo mejor de mí, por años siempre estuve ahí para vos, pero si el precio de tenerte es mi vida, lamento decirte que esta vez, y de ahora en adelante, primero estoy yo. 

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