No quiero ser un juego, sólo quisiera ser la primera opción, la única. Quiero ser la mano en la que confíes cuando tengas miedo de caer. Quiero formar parte del equipo de primera, de esos que siempre forman parte del partido. Ya no quiero ocupar la vacante, no quiero ser reemplazante de nadie. Y será que después de tanto tiempo los dos nos ganamos ambos el papel que jugamos. Porque siempre supiste quien y cómo era, sabías que hago enemigos por cada virtud que tengo. Y yo siempre supe tu historia, sabía de ante mano que eras volátil y frío como el metal, pero aún así aposté a vos, con la confianza de quien sabe que va a ganar. Será que me gustan los hombres que suelen romper mi corazón, y a vos las mujeres que hacen lo mismo con vos.
Siempre supiste que estoy a una llamada de distancia si me necesitas, y supongo que es verdad porque siempre te quise así, siempre te gustó que te quiera así, incondicional, y yo se que en el fondo me queres por igual porque te aferras a mí y yo no puedo evitar querer protegerte de todo lo que haga mal, aunque eso me haga mal a mí. Pero supongo que no puedo tocarte sin quemarme, y no quiero ser una más de tus ex, esas que no queres ver. No quiero extrañarte como ellas suelen hacerlo, porque lejos estoy de ser como ellas son, porque lejos estoy de que me des igual. No quiero lastimarte, te digo, porque si fuese por mi, siempre voy a preferir estar con un vaso de alcohol y con vos encima de todo mi cuerpo. Y se lo que pensas, se lo que te dicen de mí, pero no estoy intentando jugar con vos. Francamente estoy cansada y no quiero repetir viejas historias. Será que conectamos cuando éramos dos adolescentes sin mucho peso en los pies, pero ahora que crecimos, creamos más puentes que vacío de por medio. Porque aunque discutamos no lo hacemos como antes, y sí, recuerdo como era, recuerdo que era agresivo e inagotable. Aprendí que siempre uno de dos tiene que ceder, porque el enojo no hace otra cosa que consumirte la cabeza, no hace otra cosa que quitarte una posibilidad. Y no voy a negarte mi alto grado de inseguridad, mi paranoia o todas esas imperfecciones que ya conoces, cometí mis errores y tome decisiones que no puedo ignorar. Pero un 20 de septiembre todo cambió, y después de días y meses sin una sonrisa en mi cara, descubrí que en vos estaba la solución, en vos estaba algo que me faltaba, algo que antes me negabas. Y sin darme cuenta desde ese día, siempre tengo dos palabras en la punta de la lengua, siempre dispuesta a dar más de lo que vos me das.
Pero un día te golpeo con la realidad, con esa que me carcome cuando la guardo sólo para mí, e intentamos olvidarlo pero siempre está ahí. Entierro mis armas para que veas que ya no quiero armar guerras sin sentido, como una señal pacifista. No quiero pelear y no se que más hacer más que jurarte que odio el drama, aunque el drama no parece odiarme a mí. No puedo dejarte ir, porque aunque lo haga siempre voy a tener tu mano marcando mi alma, porque para mí tus ojos son un vaso de licor y tu cuerpo es como oro escondido, quiero encontrarte aunque todo esté perdido. Decís que no es verdad, que sólo se boquear, pero supongo que ahora sabes cual es la verdad, ahora sabes por qué uso ese rojo en estos labios que suelen marcar. No creas que por hablar desde la sinceridad quiero lastimar, no creas que por eso quiero jugar. Se que ahora que todo parece un poco lejano, se que ahora no es igual, pero no puedo evitar tener miedo de que este nuevo corazón, en vez de romperse, pase de ser un músculo fácil de ablandar a un metal en el cual te sería difícil volver a entrar.
Siempre supiste que estoy a una llamada de distancia si me necesitas, y supongo que es verdad porque siempre te quise así, siempre te gustó que te quiera así, incondicional, y yo se que en el fondo me queres por igual porque te aferras a mí y yo no puedo evitar querer protegerte de todo lo que haga mal, aunque eso me haga mal a mí. Pero supongo que no puedo tocarte sin quemarme, y no quiero ser una más de tus ex, esas que no queres ver. No quiero extrañarte como ellas suelen hacerlo, porque lejos estoy de ser como ellas son, porque lejos estoy de que me des igual. No quiero lastimarte, te digo, porque si fuese por mi, siempre voy a preferir estar con un vaso de alcohol y con vos encima de todo mi cuerpo. Y se lo que pensas, se lo que te dicen de mí, pero no estoy intentando jugar con vos. Francamente estoy cansada y no quiero repetir viejas historias. Será que conectamos cuando éramos dos adolescentes sin mucho peso en los pies, pero ahora que crecimos, creamos más puentes que vacío de por medio. Porque aunque discutamos no lo hacemos como antes, y sí, recuerdo como era, recuerdo que era agresivo e inagotable. Aprendí que siempre uno de dos tiene que ceder, porque el enojo no hace otra cosa que consumirte la cabeza, no hace otra cosa que quitarte una posibilidad. Y no voy a negarte mi alto grado de inseguridad, mi paranoia o todas esas imperfecciones que ya conoces, cometí mis errores y tome decisiones que no puedo ignorar. Pero un 20 de septiembre todo cambió, y después de días y meses sin una sonrisa en mi cara, descubrí que en vos estaba la solución, en vos estaba algo que me faltaba, algo que antes me negabas. Y sin darme cuenta desde ese día, siempre tengo dos palabras en la punta de la lengua, siempre dispuesta a dar más de lo que vos me das.
Pero un día te golpeo con la realidad, con esa que me carcome cuando la guardo sólo para mí, e intentamos olvidarlo pero siempre está ahí. Entierro mis armas para que veas que ya no quiero armar guerras sin sentido, como una señal pacifista. No quiero pelear y no se que más hacer más que jurarte que odio el drama, aunque el drama no parece odiarme a mí. No puedo dejarte ir, porque aunque lo haga siempre voy a tener tu mano marcando mi alma, porque para mí tus ojos son un vaso de licor y tu cuerpo es como oro escondido, quiero encontrarte aunque todo esté perdido. Decís que no es verdad, que sólo se boquear, pero supongo que ahora sabes cual es la verdad, ahora sabes por qué uso ese rojo en estos labios que suelen marcar. No creas que por hablar desde la sinceridad quiero lastimar, no creas que por eso quiero jugar. Se que ahora que todo parece un poco lejano, se que ahora no es igual, pero no puedo evitar tener miedo de que este nuevo corazón, en vez de romperse, pase de ser un músculo fácil de ablandar a un metal en el cual te sería difícil volver a entrar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario