Solía tener el corazón cerrado. Solía quedarme en casa a ver como el tiempo y el espacio se consumía, cómo los días pasaban sin realmente vivirlos. Mi vida era una muy distinta a la de ahora, o será que la de antes no era vida. Porque una vez que me operaron en julio, se sintió como si yo ya no fuese yo, como si todo lo que conocía hubiese cambiado de paradigma y no pudiese verlo igual. Solía deshacerme con muy poco, con un par de palabras me quebraba e incluso sentía que la mirada ajena me definía de una forma u otra. Pasé por todos los temporales por los cuales puede pasar una persona y sobreviví para contarlo, para recordarme que si pasé por todo eso, no hay forma en que no pueda sobreponerme a un corazón roto. Estaba volviendo a vivir, como nunca antes había vivido, y nadie hubiese podido prevenir que me enamorara. ¿Es posible nunca dejar de querer a alguien? ¿Cómo es que todo murió en mi, menos el sentimiento de quererlo a él?. Supongo que uno puede enamorarse reiteradas veces de la misma persona, o al menos es así si los queres enserio, si los queres con más que con tu corazón. Y eso me pasaba con Agustín. Apareció de nuevo en mi vida, se escurrió entre las ranuras de las paredes que separaban mi vieja vida de la nueva y se metió de nuevo en mis días, con esa simplicidad y facilidad que sólo tengo con él. Supongo que como todo corazón nuevo, mi proceso de aprendizaje en el amor era de principiante. Siempre le dije que no era la misma que antes, pero no creo que haya comprendido que no ser la misma, ser alguien nuevo, implica que todo es algo novedoso para mí. Quererlo se sentía como aprender cuanto es dos mas dos sabiendo que nunca el resultado me iba a dar cuatro, quererlo era aceptar que mis formas de expresar ese cariño eran prematuras y adolescentes, quererlo era sentirlo en todo lo que era, abarcando lugares que nunca antes fueron suyos.
Y cuando todo terminó, cuando sin empezar todo se desintegró, todas las expectativas que generé sobre él y alrededor suyo se cayeron como una pirámide de naipes mal construida. Si lo pienso, tenía sentido que se cayera, pero me jodía y me dolía igual. Pero recuerdo que cuando lo perdí hace un año pasé por seis estados emocionales. La ansiedad, la negación, el enojo, el vacío, el perdón y la redención. Pero ahora...ahora sólo sentí esta gran ansiedad al comienzo, esa que te consume de sólo mirar el tiempo pasar y un gran vacío que se desprendía del hecho de haber pasado de hablar todos los días con él a sufrir el silencio y la indiferencia de quien pensaba que me quería. Y sí, me enoje, pero era más bien un enojo conmigo. Antes solía enojarme mucho con él, y creábamos guerras donde no parábamos hasta que no quedara nada de ninguno de los dos. Supongo que como no podíamos tenernos, nos lastimábamos. Pero esta vez fue distinto, al menos para mí. Esta vez lo tuve, entre mis brazos, y su amor fue mío por un breve lapso de tiempo que, de nuevo, al menos para mí, fue preciado. Lo quise no sólo con palabras en textos, sino con todo mi cuerpo, mi cabeza y mi corazón. Y sin importar el resultado, nunca podría arrepentirme de que haya pasado, de haber formado parte de su vida por una fracción de tiempo, por más mínima que sea.
Quizás (pienso) mi corazón estaba listo para sentir, pero mi cuerpo, nuevo, junto con mi cabeza, no lo estaban. Quizás ninguno de los dos, corazones adolescentes, estábamos listos para lo que nos pasaba. Será que abrir el corazón es romper con esquemas pre-establecidos, es afinar las capas de piel para que otro entre en tu vida, es abrir la cabeza para entender que no necesitas un igual, que el amor se alimenta de diferencias que te hacen crecer con el otro como persona. Y se que ahora tengo el corazón roto, es verdad, pero lo tengo abierto. No quiero dejar de creer en que existe un estado de felicidad compartida, no quiero dejar de creer en mí, en que alguien un día va a mirarme a los ojos y voy a poder ver en ellos un resabio de todo ese amor que tengo por mi misma en alguien más.
Y cuando todo terminó, cuando sin empezar todo se desintegró, todas las expectativas que generé sobre él y alrededor suyo se cayeron como una pirámide de naipes mal construida. Si lo pienso, tenía sentido que se cayera, pero me jodía y me dolía igual. Pero recuerdo que cuando lo perdí hace un año pasé por seis estados emocionales. La ansiedad, la negación, el enojo, el vacío, el perdón y la redención. Pero ahora...ahora sólo sentí esta gran ansiedad al comienzo, esa que te consume de sólo mirar el tiempo pasar y un gran vacío que se desprendía del hecho de haber pasado de hablar todos los días con él a sufrir el silencio y la indiferencia de quien pensaba que me quería. Y sí, me enoje, pero era más bien un enojo conmigo. Antes solía enojarme mucho con él, y creábamos guerras donde no parábamos hasta que no quedara nada de ninguno de los dos. Supongo que como no podíamos tenernos, nos lastimábamos. Pero esta vez fue distinto, al menos para mí. Esta vez lo tuve, entre mis brazos, y su amor fue mío por un breve lapso de tiempo que, de nuevo, al menos para mí, fue preciado. Lo quise no sólo con palabras en textos, sino con todo mi cuerpo, mi cabeza y mi corazón. Y sin importar el resultado, nunca podría arrepentirme de que haya pasado, de haber formado parte de su vida por una fracción de tiempo, por más mínima que sea.
Quizás (pienso) mi corazón estaba listo para sentir, pero mi cuerpo, nuevo, junto con mi cabeza, no lo estaban. Quizás ninguno de los dos, corazones adolescentes, estábamos listos para lo que nos pasaba. Será que abrir el corazón es romper con esquemas pre-establecidos, es afinar las capas de piel para que otro entre en tu vida, es abrir la cabeza para entender que no necesitas un igual, que el amor se alimenta de diferencias que te hacen crecer con el otro como persona. Y se que ahora tengo el corazón roto, es verdad, pero lo tengo abierto. No quiero dejar de creer en que existe un estado de felicidad compartida, no quiero dejar de creer en mí, en que alguien un día va a mirarme a los ojos y voy a poder ver en ellos un resabio de todo ese amor que tengo por mi misma en alguien más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario