17 de diciembre de 2017

Finally...breathe.

Después de mucho tiempo, siento que finalmente todo se acomoda. Y después de sentirme ahogada, de sentir como el agua colapsaba mis pulmones...siento que finalmente puedo respirar. 
Supongo que es la ley de la vida que, cuando le cerras la puerta a cosas que no te hacían bien, muchas cosas buenas te rodean. Mi psicólogo dice que, cuando uno cambia, cambia el entorno, todo lo que a uno lo rodea. Y el dicho que dice "como te ven te tratan..." nunca me pareció más real. Siento que cuando uno está débil, es cuando peor a uno lo trata la vida, y las personas que quieren lastimarte, encuentran el momento perfecto para lograr su cometido. Y ahora que siento que recupero mis fuerzas, que el agua comienza a ceder dejándole paso a la brisa del verano, es que encuentro mi lugar. Rodeada de todas las personas que quiero, de quienes están siempre que necesito, siempre que las cosas se vuelven complicadas y no puedo respirar, de quienes me abrazaron cuando todo parecía desmoronarse, de quienes estuvieron con los peores pronósticos y confiaron en mi fuerza de voluntad, en mis ganas de vivir. Siento que no puedo hacer otra cosa más que estar agradecida, por estar acá, por haber superado todos los obstáculos habidos y por haber. 
Mi cuerpo es mi mayor escudo, que logró sobrevivir y que, soportó todos los maltratos a los que lo sometí, e incluso a aquellos dolores que no pude evitar que padezca. Supongo que no puedo evitar sentirme agradecida, no puedo evitar pensar "gracias vida". Gracias por este momento que tengo, por todo aquello de lo que no puedo quejarme, de todo lo que conseguí con ayuda e incluso aquellos logros de mérito propio. Gracias vida por dejarme vivir, por hacerme volver, por darme esta segunda oportunidad que tomo como si fuese sagrada, a la que planeo rendirle el honor que merece y las oraciones que mi orgullo muchas veces no me permite dedicar. Gracias por estas nuevas oportunidades que me son dadas como muestra de confianza en esta nueva persona que volvió a la vida, que me devolvió las ganas de vivir. Gracias a mis papas que siempre estuvieron para mí, que se tomaron aviones sólo para darme la mano, aunque todas las soluciones sólo estuvieran en las mías. Gracias a mi mejor amiga, Andrea, por soportar mis peores estados emocionales, por estar en las buenas y en las malas, por arrastrarme fuera del departamento cuando sólo quería undirme en la cama y dejar que todo muriera adentro mío, por abrazarme cuando muchos se alejaron de mí, por cuidarme la espalda de las malas lenguas y sacar las garras para defenderme hasta cuando, ya con el corazón roto, intentaron seguir lastimándome. Gracias a quienes incluso sin ser mis amigos, sin saber bien qué es lo que pasaba, por qué estaba mal, se preocuparon por mí, y llamaron, y preguntaron, y estuvieron. Gracias a mis primas, que más que primas son mis hermanas, Agustina y Lucía, que guardaron mis más preciados secretos y los escondieron para que el resto de la familia no supiera la verdad, esa verdad que sólo podría haberlos lastimado y que en cierto punto, me ponía a mi en una situación de mayor vulnerabilidad de la que ya estaba, gracias por ser mi roca, por visitarme en el hospital, por quedarse a dormir conmigo cuando me sentía tan sola que hasta el silencio me consumía. Gracias a mi madrina por siempre estar pendiente de mi bienestar y a mi sobrina por darme luz y arrancarme tantas sonrisas sin siquiera ser consciente de ello. 
Después de haber pasado por tantas cosas malas, creo que era tiempo de llegar a este lugar, a este lugar que me merezco y que me merece a mí, un espacio de paz interna, incluso a pesar de mi hostigante ansiedad. El jueves recibí una llamada, y me dieron la mejor noticia que pude haber recibido en muchos años. Por fin puedo irme del ámbito de mayor toxicidad en el que estuve, y  la simple idea de estar limpia de todas esas cosas malas, de todas las personas tóxicas que me cruce en estos años, finalmente, siento que puedo respirar, siento que por fin cambie mi postura y posición en el mundo y todo a mi alrededor, me devuelve con la misma moneda, con una sonrisa amplia, como nunca vi en toda mi vida. 

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