El mundo puede volverse un lugar oscuro, con todas estas personas que aparentan ser alguien que no son. A veces todos ven en vos lo que vos no podes ver en vos mismo, y a veces vos encontras cosas en vos que parece que otros no son capaces de ver. Se usan las palabras como balas en una guerra que aún cuando termina, se queda con cada persona para atormentarla y hacerle creer que es todas esas cosas nocivas que otro dice de uno.
Las personas pierden su esencia intentando sobrevivir, dicen cosas que saben que van a lastimar, hacen cosas que saben que van a decepcionar, sentencian al olvido a personas que quieren sólo para no hacerle frente al silencio, mienten para no admitir que la primera persona a la que decepcionaron con sus acciones es a sí mismos. Parece que cada día algo muere de cada uno, y con cada paso que uno da, en vez de acercarnos al propósito mismo de la vida, nos alejamos. Nos distanciamos de nosotros mismos para no sentir, porque sentir puede doler. La verdad duele. El tiempo se pierde en cosas que de nada aportan, que sólo drenan lo bueno de uno.
Ojalá nadie perdiera la gracia que los mueve bien adentro, que los hace considerarse buenas personas, que los lleva a abrazar a otros cuando los ven llorar e incluso cuando no hay necesidad, sólo porque sienten que nunca está de más. Cuantas personas se pelean sólo para llevarse la razón, que dejan de hablarse para no perder el orgullo. Me pregunto por qué nadie puede ver que ninguna guerra se gana con el odio como arma.
Creo que todos alguna vez nos sentimos lejos de otras personas aunque estuvieran ahí con nosotros, y otras veces queres tanto a alguien que no podes tener es difícil quedarte, cerca. A veces simplemente quisiera que las personas no se manejaran así, con esta frialdad que los distancia uno de otros, con esa falsedad que los hace hacer añicos todo eso que fingieron que les importa para poder llevarse algún tipo de trofeo imaginario, con ese cinismo que los hace romper a otras personas que siempre dijeron querer, que siempre estuvieron ahí, con esa perspicacia con la que esperan que el otro sea todo lo que quieren cuando cada uno es apenas lo que puede ser.
Nadie está ahí para complacer tus pretensiones, y cada vez parece más distante la simple ilusión de que todos aceptemos que si queres a alguien, lejos de querer cambiarlo, lo tomas como es. Cuantas veces me vi a mi misma desde afuera, rogandole a alguien que no me lastime, entre lágrimas y dolor, sin poder ver que el simple hecho de pedirlo ya implicaba que me habían lastimado. Porque quien realmente te quiere, no tiene necesidad de hacerte mal. No le creas a quien te dice algo distinto.
Y si miro hacia atrás, si pienso en tercera persona, me cuesta pensar en quien era, sin extrañar en el proceso algunas de las inocencias de quien todavía no tenía su corazón lo suficientemente destrozado como no recordar como era antes de que las personas incorrectas, esas que no saben querer si no es lastimando a otros para sentirse poderosos e importantes, llegaran a mi vida.
Ojalá no existieran todas personas que se vuelven razones que podes enumerar de por qué el mundo es un lugar oscuro, de por qué hay ciertas cosas que sin importar cuando bueno seas, cuan puro tengas el corazón, te van a pasar, hay personas que te van a pasar, que te van a llevar a esos abismos donde te vas a preguntar si vales la pena, cuando la verdadera pregunta debería ser por qué su vida vale más que la tuya.
No lo hace. A muchas personas tenes que matarlas con tu buen corazón y mostrarles que hay algo mejor, y que no porque a ellos nadie los haya querido bien, vos merecer que te hagan lo mismo.

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