Sos tan frío, le digo. Y no entiendo si hice algo para merecerlo, si es que debería empezar a sentirme fría como él, para poder estar al lado suyo sin perderme, sin congelarme, o eligiendo voluntariamente quedarme acá, en mi calidez y aceptar que cada vez que intente acercarse va a cortarme de forma tajante. Se que está pasando algo, le digo, no juegues conmigo, se que sabes como manipularme hasta hacer que olvide por qué estaba enojada en primer lugar, hasta que ya no se por qué empezamos a discutir. Se siente como si no te conociera, le digo, es que yo no puedo no saber si estamos en una pausa o nos vamos a tomar un tiempo, si esto es el principio, el desarrollo o el final de lo que tenemos si es siquiera tenemos algo. Pero no estoy segura de que él sepa que carajo quiere, de si mismo y de mí, no estoy segura de que siga siendo el mismo hombre del que me enamore. Estoy en el auto de alguien más, intentando arreglarme y no pensar en todo eso, intentando no pensar en lo que hace cuando dice que hace que algo y miente, intentando no hacerme mal sólo para lastimarlo como él me lastimo a mí. Puedo sentir los huesos dolerme, porque me duele su amor cuando es tan crudo, cuando actúa como si nunca nos hubiésemos conocido, como si no tuviéramos nada lo suficientemente relevante como para que a él le importe no dañarlo.
No entiendo, le digo, qué queres de mí, de qué te aferras cuando te aferras a mí, si queres irte, sólo tenes que hacerlo de una vez. No soporto la distancia que existe entre dos personas cuando están cerca y eligen no estar mas entre ellos en silencio, sin animarse a terminarlo. Si no vas a elegirme, le digo, si vas a estar conmigo para buscar a alguien más en otros lugares, prefiero que no estemos juntos en lo absoluto. Es que quizás escuché mal cuando dijo que estaba enamorado de mí, porque a veces se que nunca pudo haberlo estado. Las cosas a veces estan tan mal que hasta cuando respira puedo ver que hay algo distinto. Puedo ver como intenta apagarme como si fuese un interruptor, como si los sentimientos se detuvieran sólo porque se cree que no son los acertados en un tiempo y en una forma. Intento quedarme, pero me voy, entre frustrada y perdida. Dice que necesita un tiempo para respirar su propio aire, como si fuese yo quien succiona el oxígeno de la habitación y yo creo que a este ritmo es inevitable que terminemos en caminos distanciados. Dice que tiene que irse, y empiezo a creer que tiene razón, de cualquier forma ya no actúa como solía hacerlo, trate de darle espacio para que resuelva sus indecisiones, esas nebulosas que dicen que le afectan tanto que sólo puede ver a través de ellas cuando está alcoholizado, en brazos de alguien más, pero el tiempo para él se convirtió en una herramienta para tenerlo todo y evaluar a expensas ajenas lo que le conviene y lo que no.
Me pregunto si el amor que sentía le mordió la mano como la verdad va a morderlo cuando ella se entere todas esas cosas que odia sin decir palabras alguna. Y es que una y otra vez caí entre sus omisiones y silencios mientras yo moría por decir que sabía la verdad, que sabía que nada de todo eso estaba funcionando. Le digo que voy a cerrar la puerta, en un intento de ver que hace, si suspira o se alivia, esperando que haya sido todo lo que había por hacer, sabiendo que me alejo porque de nada sirve quedarse donde no se es bienvenido, porque si eligiera quedarme, sería elegir no ser querida. Estuve mucho tiempo luchando la misma guerra de siempre, intentando derribar paredes que no eran mías, intentando cuidar que nada más pusiese sal en sus heridas, aceptando sus palabras como si vinieran de alguien que hace lo que puede después de haber sido severamente lastimado, estuve intentando querer a alguien que mientras decía quererme sólo supo aprender a querer a alguien más. Deje de luchar una guerra que no era mía, una que se libraba en él, y descubrí que no estaba enojada, sino decepcionada, porque sin importar cuanto yo hubiese intentado quererlo en sus defectos, el que no podía quererse así era él. Descubrí que no siempre hay cura para la enfermedad, que los corazones rotos permanecen así hasta que quien lo porta decide dejar de prestarle atención a las grietas, a los motivos que lo llevaron a ser quien es y crear de todo eso, algo bueno y sano.
No entiendo, le digo, qué queres de mí, de qué te aferras cuando te aferras a mí, si queres irte, sólo tenes que hacerlo de una vez. No soporto la distancia que existe entre dos personas cuando están cerca y eligen no estar mas entre ellos en silencio, sin animarse a terminarlo. Si no vas a elegirme, le digo, si vas a estar conmigo para buscar a alguien más en otros lugares, prefiero que no estemos juntos en lo absoluto. Es que quizás escuché mal cuando dijo que estaba enamorado de mí, porque a veces se que nunca pudo haberlo estado. Las cosas a veces estan tan mal que hasta cuando respira puedo ver que hay algo distinto. Puedo ver como intenta apagarme como si fuese un interruptor, como si los sentimientos se detuvieran sólo porque se cree que no son los acertados en un tiempo y en una forma. Intento quedarme, pero me voy, entre frustrada y perdida. Dice que necesita un tiempo para respirar su propio aire, como si fuese yo quien succiona el oxígeno de la habitación y yo creo que a este ritmo es inevitable que terminemos en caminos distanciados. Dice que tiene que irse, y empiezo a creer que tiene razón, de cualquier forma ya no actúa como solía hacerlo, trate de darle espacio para que resuelva sus indecisiones, esas nebulosas que dicen que le afectan tanto que sólo puede ver a través de ellas cuando está alcoholizado, en brazos de alguien más, pero el tiempo para él se convirtió en una herramienta para tenerlo todo y evaluar a expensas ajenas lo que le conviene y lo que no.
Me pregunto si el amor que sentía le mordió la mano como la verdad va a morderlo cuando ella se entere todas esas cosas que odia sin decir palabras alguna. Y es que una y otra vez caí entre sus omisiones y silencios mientras yo moría por decir que sabía la verdad, que sabía que nada de todo eso estaba funcionando. Le digo que voy a cerrar la puerta, en un intento de ver que hace, si suspira o se alivia, esperando que haya sido todo lo que había por hacer, sabiendo que me alejo porque de nada sirve quedarse donde no se es bienvenido, porque si eligiera quedarme, sería elegir no ser querida. Estuve mucho tiempo luchando la misma guerra de siempre, intentando derribar paredes que no eran mías, intentando cuidar que nada más pusiese sal en sus heridas, aceptando sus palabras como si vinieran de alguien que hace lo que puede después de haber sido severamente lastimado, estuve intentando querer a alguien que mientras decía quererme sólo supo aprender a querer a alguien más. Deje de luchar una guerra que no era mía, una que se libraba en él, y descubrí que no estaba enojada, sino decepcionada, porque sin importar cuanto yo hubiese intentado quererlo en sus defectos, el que no podía quererse así era él. Descubrí que no siempre hay cura para la enfermedad, que los corazones rotos permanecen así hasta que quien lo porta decide dejar de prestarle atención a las grietas, a los motivos que lo llevaron a ser quien es y crear de todo eso, algo bueno y sano.
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