Creo que finalmente mi piel empieza a sanar. Se que las cicatrices van a seguir estando en donde están, pero ya no las observo detalladamente como antes, ya no encuentro que sea la mejor opción cuando puedo elegir un camino mucho más sano y feliz. Estoy decidida a estar bien, y parte de elegir eso, es elegirme por sobre otras personas. Muchas veces me puse última en la lista de prioridades, pero al hacerlo, el que pago los costos fue mi cuerpo. Creo que la razón por la que me enfermé tanto el año pasado fue porque elegí descuidarme, sólo para proteger a otras personas, para poder ser el todo de un tercero, terminé hecha mierda. Y la verdad es que, quiero cuidarme. Sólo vas a tener un cuerpo, una vida, y es tuya y de nadie más. No vas a poder culpar a otros cuando ya no haya vuelta atrás, cuando el tiempo no pueda retroceder. Y ahora que me cuido, comprendo que mi cuerpo enfermó porque mi cabeza y mi corazón estaban desestabilizados. Me costaba admitir que no estaba en equilibrio con quien soy, aunque en el fondo sí sabía por situaciones diarias que algo no estaba bien. Mi cuerpo me advirtió repetidas veces que ir al gimnasio todos los días, no comer, vomitar de los nervios, la anemia, la neumonía, el estres, el dolor del corazón, llorar sólo para sacar de mí todas esas palabras que nunca llegaron a tener letras compuestas ni sentido. Pero yo seguía, porque podía, porque siempre fui de desafiar todo aquello que me intenta decir que no puedo lograr algo. A veces lo hago por demostrar que nada puede tirarme abajo, pero ya sabemos que todos tenemos debilidades. Los médicos me pidieron que pare muchas veces y yo les decía que no podía, cuando la verdad es que no quería. Frenar implicaba darle espacio a mi cabeza para pensar, para notificarme de sufrimientos que aplacé, que congelé. Pero ahora se que eso tiene que cambiar. Empecé a escuchar a mi cuerpo con más atención, dejé de tomar pastillas sólo para calmar dolores del momento. La cabeza es la maquinaria que lo controla todo. Y ahí, ahí está el trabajo duro. El autocontrol del cuerpo a través de la cabeza. Ya no quiero sufrir porque otros crean que no puedo lograr lo que me propongo, no quiero canalizar mis problemas a través de mi piel, de mis huesos, de mis músculos, de mi salud entera. Estuve muy descarriada, llevándome a límites innecesarios sólo para saber que podía hacerlo, sin saber que todo tiene un precio que quizás no lo notes a corto plazo, pero sí, siempre llega el momento. Sé que mis decisiones no van a gustarle a todos los que me rodean, pero a veces la vida es eso, lidiar con que no todos van a apoyarte, no todos van a querer escucharte, no todos van a estar de acuerdo con vos, no todos van a hablar bien de vos, no podes quedar bien con Hades y Zeus, no vas a poder comprar el cariño ni tampoco conseguir que quererte si te agachas y suplicas el cariño ajeno. No lo intentes, sólo te va a doler a vos, a nadie más que a vos. Y es por eso que se que no va a ser un camino fácil, y a veces me encuentro con que me aterran las cosas más simples, pero estoy convencida de que existe una mejor vida, un mejor camino, y sí, que cuando elegís (lo que te hace) bien, al final, siempre hay recompensa. 8 de febrero de 2017
The answer
Creo que finalmente mi piel empieza a sanar. Se que las cicatrices van a seguir estando en donde están, pero ya no las observo detalladamente como antes, ya no encuentro que sea la mejor opción cuando puedo elegir un camino mucho más sano y feliz. Estoy decidida a estar bien, y parte de elegir eso, es elegirme por sobre otras personas. Muchas veces me puse última en la lista de prioridades, pero al hacerlo, el que pago los costos fue mi cuerpo. Creo que la razón por la que me enfermé tanto el año pasado fue porque elegí descuidarme, sólo para proteger a otras personas, para poder ser el todo de un tercero, terminé hecha mierda. Y la verdad es que, quiero cuidarme. Sólo vas a tener un cuerpo, una vida, y es tuya y de nadie más. No vas a poder culpar a otros cuando ya no haya vuelta atrás, cuando el tiempo no pueda retroceder. Y ahora que me cuido, comprendo que mi cuerpo enfermó porque mi cabeza y mi corazón estaban desestabilizados. Me costaba admitir que no estaba en equilibrio con quien soy, aunque en el fondo sí sabía por situaciones diarias que algo no estaba bien. Mi cuerpo me advirtió repetidas veces que ir al gimnasio todos los días, no comer, vomitar de los nervios, la anemia, la neumonía, el estres, el dolor del corazón, llorar sólo para sacar de mí todas esas palabras que nunca llegaron a tener letras compuestas ni sentido. Pero yo seguía, porque podía, porque siempre fui de desafiar todo aquello que me intenta decir que no puedo lograr algo. A veces lo hago por demostrar que nada puede tirarme abajo, pero ya sabemos que todos tenemos debilidades. Los médicos me pidieron que pare muchas veces y yo les decía que no podía, cuando la verdad es que no quería. Frenar implicaba darle espacio a mi cabeza para pensar, para notificarme de sufrimientos que aplacé, que congelé. Pero ahora se que eso tiene que cambiar. Empecé a escuchar a mi cuerpo con más atención, dejé de tomar pastillas sólo para calmar dolores del momento. La cabeza es la maquinaria que lo controla todo. Y ahí, ahí está el trabajo duro. El autocontrol del cuerpo a través de la cabeza. Ya no quiero sufrir porque otros crean que no puedo lograr lo que me propongo, no quiero canalizar mis problemas a través de mi piel, de mis huesos, de mis músculos, de mi salud entera. Estuve muy descarriada, llevándome a límites innecesarios sólo para saber que podía hacerlo, sin saber que todo tiene un precio que quizás no lo notes a corto plazo, pero sí, siempre llega el momento. Sé que mis decisiones no van a gustarle a todos los que me rodean, pero a veces la vida es eso, lidiar con que no todos van a apoyarte, no todos van a querer escucharte, no todos van a estar de acuerdo con vos, no todos van a hablar bien de vos, no podes quedar bien con Hades y Zeus, no vas a poder comprar el cariño ni tampoco conseguir que quererte si te agachas y suplicas el cariño ajeno. No lo intentes, sólo te va a doler a vos, a nadie más que a vos. Y es por eso que se que no va a ser un camino fácil, y a veces me encuentro con que me aterran las cosas más simples, pero estoy convencida de que existe una mejor vida, un mejor camino, y sí, que cuando elegís (lo que te hace) bien, al final, siempre hay recompensa.
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