Solía decirme que no era normal la manera en que lo quería, no se si era la forma o la intensidad, pero simplemente no le parecía correcta. Quizás el problema era que en realidad no existe una forma correcta. Cuando se quiere se hace como se puede, y eso hice, dije lo que sentía y me la jugué siempre que se le ocurría algún tipo de desafío para que le demuestre que lo hacia, que me lo tomaba enserio. Esa versión loca y apasionada por algo es la que me hizo llegar a él, es la que perdí hace unos meses, y es por eso que mi psicólogo se enfrenta a la dificultosa tarea de instarme a no tener miedo de volver a perseguir. Porque, aunque esta persona no lo haya entendido como algo bueno y lo haya tomado como un peligro, todo se reduce a que yo estaba loca por él. Me he sentido atraída por hombres, los he querido a algunos ya otros pocos los he amado, pero nunca enloquecí por uno. Ese tipo de locura incontrolable, involuntaria y hasta casi inevitable. Esa forma tan propia del amor cuando se siente con todo el cuerpo, con el alma. Cualquier otra cosa, falta de sentimientos que te muevan la piel y se entrometan con tus nervios, sin celos, ansiedad, deseo, necesidad por gustar y otras tantas emociones y sensaciones, es sólo un anestésico para el corazón, desesperado por sentir algo que lo haga vibrar. Y no se si estaba bien o mal, pero sea como sea, quererlo era sentir fuegos artificiales. Y eso me movía bien adentro, ascendente, infinito. Quizás sea que el no sabe lo que es querer locamente, hasta posponer tus prioridades sólo para estar en cada cosa que le pasa al otro, hasta pensar que esa persona es la única que puede entenderte, la única con la que queres estar. Había una discrepancia entre lo que yo sentía por él y lo que él sentía por mí. Supongo que es muy sencillo quemarse en el amor, mucho más de lo que es sanar cuando te lastima la persona que dijo nunca ser capaz de hacerlo. Lo quise locamente hasta que comprendí que no podía seguir prendiendo fuego mi vida, mis días, para mantenerlo contento, para que sintiera que podía contar conmigo, para que viera cuan dispuesta estaba a hacerle bien. Hubieron veces en que no había nada que no hubiese hecho sólo para que me mire como miraba a otras mujeres, sólo para que me deseara físicamente aunque sentimentalmente fuese todo un gran glaciar imposible de descongelar. No, definitivamente, nunca me quiso locamente, porque puede que nunca haya intentado o podido querer a alguien de esa forma. Pero se que esas cosas no se las fuerzan, solo pasan, cuando menos lo esperas, a veces incluso con la persona equivocada. Creo que él nunca sintió que sin mí perdía una parte suya, no como lo sentí yo cuando le solté la mano esperando que la vuelva a sostener precipitadamente como yo lo hubiese hecho. No creo que se de una idea de cuan vacía me sentí cuando vi que sin mí estaba mejor, como cuando lo dejé ir y no se gastó si quiera en despedirse como si fuese alguien que significó algo. Nunca me sentí más vacía que cuando comprendí que no fui nadie, ni lo iba a ser.
6 de noviembre de 2016
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