2 de julio de 2016

Forgiveness


Ya no llevo la cuenta de los días que pasaron. Supongo que es lo que sucede cuando encontras paz. Fue un largo camino el que recorrimos, pero por alguna razón, el que recorrí sola este último mes, se sintió como una eternidad haciéndose paso en el tiempo. ¿Hace cuantos años hablamos? ¿seis?, no estoy segura, pero no puedo evitar sentir que ya no lo conozco, que comenzamos a convertirnos en extraños, aunque quizás ya no deba sacar a flote el pasado. Eso es lo que pasa con los momentos y las personas que lo conforman, cuando estás viviéndolo, no te das cuenta de cuan valiosos son. Soltar no va a ser fácil, y va a requerir tiempo. Lo sé. Pero antes de dejar todo esto ir, creo que tengo que sincerarme y decir todo lo que no pude decir antes. Ahora que no queda nada de quien nació en mí cuando volvimos a hablar en noviembre del año pasado, ahora que durante todo este mes la ansiedad me consumió, la negación se volvió claridad, el enojo logró reducir todo a cenizas y el vacío se hizo lugar en mí, en ese espacio que antes ocupaba él, siento la necesidad de perdonar. Y no va a haber mejor oportunidad que ésta por lo que pienso aprovecharla. Lo perdono, por ese primer momento en que me pidió que sea sincera con él, que le dijera que lo quería, porque es verdad que lo hacía, aunque sólo necesitaba que lo escribiera para evaluar cuando ser mezquino al decir que él también lo hacía. Lo perdono, por todas esas veces que fue injusto conmigo a través de sus acciones y omisiones, todas esas veces en que me dio un sí para luego arrepentirse y decir mil veces no. Lo perdono por hacerme daño cuando tenía la opción para hacerme bien, por haberme rechazado infinidad de veces y decirme que no era eso lo que hacía, a pesar de que no lo aceptaba por miedo a que lo dejara. Lo perdono porque no sabe cuanto daño se hizo a sí mismo lastimándome. Lo perdono por no valorarme todas esas veces que quise desesperadamente demostrarle cuanto me importaba, cuanto significaba para mí. Pero no, no lo perdono para que encuentre una justificación en mis palabras por lo que hizo y mucho menos para que siga haciéndolo indiscriminadamente, sino porque entiendo que todos somos humanos, nos equivocamos, y a veces la vida nos pone personas enfrente para las que no estamos listos. Lo perdono porque se que no estaba listo para dejarme entrar en sus días, porque por ahora le sienta bien la compañía momentánea, porque por ahora las excusas le dan la ilusión de que avanza aunque esté dando marcha atrás. Pero, ya no voy a hablar de él. La razón por la que principalmente lo perdono es porque es un paso necesario en el camino para perdonarme a mí misma. Así que me pido perdón, por ponerme en una situación de mierda, por haberme tapado los ojos cuando sabía lo que estaba pasando y los oídos cuando todo el mundo me decía "Maite, no es real, vos y él, no es real" y yo no hacía caso porque estaba cegada por el cariño que le tenía a alguien que no puede quererme en forma de abrazos, besos y caricias. Me pido perdón por no valorarme lo suficiente como para agarrar mis cosas al primer "no" que dijo, por no haberme ido cuando estaba claro que lejos estaba de ser importante en su vida. Me pido perdón por haberme sentido disminuida cuando me rechazó, como si él pudiese definirme cuando la única que puede hacerlo soy yo misma. Me pido perdón, por haberlo colocado antes que a mí, por haber soportado siete meses de idas y vueltas, por haber permitido que me coloque al final de una lista, por no haberle puesto un punto final cuando no estaba lo suficientemente involucrada. Finalmente, me pido perdón por no haber entendido a tiempo cuan importante es que alguien te quiera más allás de las palabras, de esas malditas palabras que no significan nada si ninguna acción las respalda. No me arrepiento de haber perseverado el tiempo que sentí que debía hacerlo, pero hubo un punto de quiebre, en ese estado de enojo, en que comprendí que ya no puedo soportar otro rechazo, otra excusa, otra mentira, otro "te quiero" que no sea sentido, no de la misma persona. Nos perdono, a los dos, por todas nuestras equivocaciones, porque incluso después de la nada misma, está la redención con uno mismo. 

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