
Me crees fuerte e irrompible, pero por dentro, soy de cristal, me rompo con facilidad. Me rompí en el segundo en que te diste la vuelta y empezaste a caminar, a alejarte de mi, de nosotros. Solo soy un obillo, me retengo, tengo ganas de gritar pero ya no hay nada que pueda hacer para retenerte y hacer que me quieras como solías, ya es pasado. Con vos, estaba a plena luz del día, no había más oscuridad, podía decir que eramos perfectos, o así se sentía, con eso nos bastaba. Muchas veces dudaba que todo eso fuese real, y te pedía que me pellizques. Cuando creía que iba a volver a las sombras, me sonreías y me besabas, me arrastrabas al paraíso. Nunca me sentí tan vacía como ahora. No quiero extrañarte, no quiero hacerlo, pero los recuerdos siempre me juegan una mala pasada, quisiera poder deshacerme de ellos y ser libre, quiero sentirme libre. Se siente como si me hubiesen cortado las alas y la misma vida parece inalcanzable.Respiro y trago con fuerza, para retener este llanto que odio, que no hace más que hablar de vos, de todo lo que tuvimos, de cada momento. Al lado tuyo, podía volar, ahora soy sólo un alma herida. No se si debería pedirte perdón por algo, quizás debería empezar por lamentar haberte dado tanto de mí, confesiones, secretos que sólo compartí con vos con la luna llena de testigo, quizás te espanté, nunca seré digna de tu compañía. Nunca quise herirte, nunca querría hacerlo, porque en el fondo se que en el intento me lastimaría a mi misma. Espero no haberlo hecho, pero aún si lo hice sin intención de hacerlo, nunca podría haber imaginado que ibas a deshacerte de mi con esa facilidad repugnante. Y quiero pensar que también fue duro para vos, pero se nubla mi mente, no puedo defenderte si la que no puede levantarse de la caída soy yo. Se me eriza la piel de sólo pensar que no fui suficiente para vos, que necesitabas más, mucho mejor, y no pude dartelo. Es impotencia, bronca, dolor y angustia. Todo eso junto, acobachado en mi corazón. Debe ser que estoy sensible, o que extrañarte es un estado permanente en el que permanezco obligatoriamente. Te llevo conmigo. Me pesas, me pesa tu olvido. Y lloro, no se muy bien de que, si de tristeza o por inercia. Tengo que aceptar que se me cae el alma a los pies cada vez que te recuerdo y con ello, inevitablemente rememoro que ya no me debes querer. "No me quiere, no me quiere, ya no, no me quiere". Y lloro ahora, porque se que la peor parte de perderte, fue perderme a mi misma.
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