27 de enero de 2013

La impotencia de un corazón roto

Somos una familia rota, dehecha, somos un pulover desilachado, estamos desgastados. No puedo soportar ya las peleas, ni las puteadas, ni la flasedad de hablar mal a las espaldas, ni tampoco las críticas cuando no está la persona de la que se habla. Los domingos ya no son lo que eran, ya no la paso bien, ahora me siento fuera de lugar. Esto no puede ser una familia, esto es más una sociedad, un conjunto de personas que actúa en pos de el beneficio personal. Las peleas entre mis papas no pueden más que incrementar la tensión entre todos, es que parece que es una riña entre bandos, y acá, en el medio, estamos los que somos hijos, los que nos salimos de la historia y nos volvemos expectadores de la destrucción que genera el odio y el dinero de por medio. No quiero tener relación con personas así. No puedo escuchar a mi abuela, a mis tios, a mamá hablando mal de papá, ni vicebersa. No soporto ser un nexo, no puedo simplemente sentarme y verlos atarcarse. Terminé gritonenaodme con mi abuela, no se le ocurrió mejor idea que decirme "loca de mierda, anda a tratarte". Gracias abuela, al fin veo tu segunda cara. En esta familia, nadie es sincero. Nadie tiene el coraje de enfrentar a los demás y decir lo que piensa sin tapujos. Estoy loca porque yo si soy así, digo las cosas que creo en la cara de las personas, no tengo que fingir que alguien me cae bien, ni aceptar regalos y después hablar mal de ese indiviuo cuando no esta. Lo pienso, y me asquea ese tipo de relaciones donde nadie es quien verdaderamente es. Me temblaban las manos, el cuerpo, me salí de mí. Estaba tan enojada. Dolida. Me agarró mamá del brazo y me llevó a mi habitación para hablar "traqnuilas". No puedo con esto, no puedo. Tengo que irme. Me agarro la cabeza, "sentate Maite": No quiero, no quiero tranquilizarme, ni sentarme, ni quedarme. Después de una tendida conversación le dije que no tengo por qué estar en el medio del divorcio entre ella y papá, ni tampoco en esta guerra de bandos, de familias que se creó. Lloro, de impotencia, no es una llanto de dolor, hace mucho que no lloro por dolor. Me abraza. Me cree débil, dejo de llorar, la aparto y me seco bruscamente las lágrimas. Estoy quebrada. soy un vaso roto que pierde vitalidad. Deseo tanto hacerme mal en este momento, castigarme, por alguna razón desearía tener un cuchillo, un vidiro en mi mano y cortarme. Quizás así sentiría menos dolor, sentiría algo al menos. Mamá me mira y me habla bajito. No quiere que los vecinos escuchen o los hijos de su novio. Esto me supera, no puedo contenerlo más. Se que mi relación con la familia se ha terminado, lo sé porque no puedo seguir aguantando las criticas del almuerzo, ni tampoco los halagos a mis otros primos, relegandome a mí al puesto de la gordita linda, la especial. Lo lamento, realmente, pero no puedo permitirme ver como siguen degradandome. No me respetan. Estoy hecha una roca, tensa, aprieto los dientes para no gritar. Pienso en que querría estar en mi departamento, conseguirme un puñado de pastillas y tragarlas sin más. Que se detenga este sufrimiento de una vez. Que pare. Mamá me mira, y yo la miro, ya no lloro, no hay culpa, no hay nada. No pertenezco a este lugar, ya no hay lugar para mí. Mi dolor es demasiado grande, más que esta casa. Debería frenarlo, esto debería haber terminado hace tanto tiempo...

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