Se que ya no me necesitas como antes, lo se, no necesito que lo digas, ni que tampoco lo omitas como si fuese algo que no puedo ver y sentir. Bueno, es extraño decir que se mucho sobre vos, porque en este momento, se siente como si no lo hiciera. Y si llegamos a ser mucho, hoy sólo somos dos extraños, fingiendo que no ha pasado nada entre medio, en este tiempo, que no nos tuvimos.
Antes tenía la convicción de que me leías, y ahora, solo encuentro la duda surgida de mi corazón y la negativa de mi cabeza, que no deja de recordarme que no tiene sentido que me quede si no me quieres aquí. Aquí estoy, y siento como si no estuviese, como si fuese un fantasma, transitando por tu vida, ajena a la mía. Mi corazón quiere gritarte que te he extrañado como loca, que te ha estado esperando, ha esperado verte regresar. Mi mente sólo me devuelve al momento en que me dejaste, en todas los regaños que debería decirte, al momento en que yo tuve que acercarme a vos, no una, sino miles de veces porque no volvías. Se me estruja el corazón porque si bien todo lo que dicta mi corazón es lo que me guía a actuar como actúo, la mente también se lleva un puñado de verdad. Mi corazón espera que me sigas queriendo, no sólo afectivamente, sino también para formar parte de tu vida. Por otro lado, mi cabeza sigue la lógica de tus actos y de las duras palabras que has pronunciado con tanta seguridad, y no, no le es difícil comprender que ya no queda ni una pisca del amor que sentías por mí, sólo queda esa amarga compasión, y una conversación superficial para dedicarme sobre cosas que no nos interesan a ninguno de los dos porque ya tienes tu vida hecha y no necesitas de alguien que la transforme en un peso que cargar.
Siempre que escribo sobre vos, se me piantan algunas lágrimas. Y aunque mi mente puede armar una lista interminable de puteadas y reproches que hacerte, sólo puedo sentir un lamento, nostalgia, angustia, o quizás la mismísima empatía que debes sentir por mí. Será que escucho piano de fondo, y Mozart me hace recordar que te gusta el invierno y que mi corazón se congela, se aísla para volverse el iceberg que era antes de tu llegada. Será que su música sólo me hace sentir que todo lo que llega, se va, y que no todo vuelve, y que si lo hace, ya no lo hace de la misma forma. Será que me recuerda lo que se sentía sentir y me ablanda el alma, como vos lo hacías.
Sin importar la pelea que se desprenda con tu nombre entre mi mente y en mi corazón, siempre vas a ser vos, el de mi recuerdo, el de palabras suaves, el del entendimiento, el del miedo, el de las esperanzas, el de mi sueño, el que decía que me quería, el de alma transparente, el que me salvó y devolvió un poco de vida. Ya no te escribo cartas porque no le veo el punto. Da igual si me lees. Porque sin importar si lo haces o no, se que esto es lo que quedará, que luego lo leeré para mi misma, y cuando pronuncie tu nombre en mis pensamientos, la comisura de mis labios se desliará en curva ascendente y sonreirá.
7 de enero de 2013
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