Llegó el verano y creo recordar que era tu estación favorita. No hay muchas cosas que pueda decir de quien solíamos ser. En retrospectiva, solo puedo alegrarme de que tu camino se haya cruzado con el mío. Nos encontramos en un momento de fragilidad, de tormentas y terremotos existenciales. Y mientras todo se desmoronaba, cerraba mis ojos y podía sentir tu mano aferrándose a la mía. Siempre prensé que si sobrevivimos a eso, podíamos sobrevivir a lo que sea. O quizás, sólo sobrevivíamos a todo porque al final del día nos teníamos el uno al otro. Me sentaba frente a la computadora y esperaba a que apareciera tu nombre en una ventanita para poder contarte todo de mi día. La soledad que abundaba en mi vida en ese entonces te convirtió en mi mayor confidente. Solías estar plasmado en palabras de mi diario y en cartas que se convertían en correos electrónicos dejados en borrador. Y de apoco, sin que te dieras cuenta, me recomendabas películas y canciones para terminar confesando que todas te hacían acordar a mí. Me encantaba ser alguien para vos, pensar que alguien me necesitaba en una historia de vida donde a nadie parecía importarle si estaba o no. Éramos jóvenes supongo, y dentro de toda la inocencia y el ensueño, nos encontrábamos en una nube, bien alto, lejos y a salvo de la cruda realidad.
"Tu alma y la mía están entrelazadas" dijiste, y sigo pensando que algo de esa mística había. Sino cómo se explica, cómo se entiende que te sintiera tan cercano, que te escribiera como si fueras mi mejor amigo, que todavía te recuerde con cariño...aún cuando la historia no haya terminado como pensaba, aún cuando, poco a poco, podía ver como te alejabas en un andén repleto de gente en alguna estación de Madrid. Recuerdo haberte llevado conmigo, grabado en un anillo que colgaba de mi cuello, como una promesa esperando a ser cumplida. Lo hice por varios años, aún cuando ya no hablábamos. Eras como un fantasma imposible de ignorar. Eras un recuerdo imposible de erradicar. Con el tiempo, aprendí a ignorar tu presencia omisa, y un día, de pronto, tenerte siempre conmigo se convirtió en una carga que no podía llevar. Lloraba, como aquel julio de 2012, que te escribí desde la oscuridad de mi habitación y toda nuestra historia se redujo a "espero que te estés cuidando, espero que me leas, espero que sigas acá, espero que vuelvas, espero que estés ahí del otro lado de la pantalla leyéndome, espero sonrías mirando a la luna y algún día, te acuerdes de mi como yo de vos".
Varios meses pasaron hasta que estuve lista, aunque nadie ni nada realmente te prepara para dejar ir a personas que queres. En mayo 2013 visité Madrid, y todos los lugares que visitaba, me recodaban a vos. A la idea de encontrarte en la calle y que me reconozcas o que, lastimosamente, no lo hagas. Ya se, de pronto cree una rom-com en mi cabeza. Ahora me río de tan solo pensarlo...puedo admitir que era muy ilusa, pero después de todo, también querías eso en mi. Recuerdo haberte enviado un mensaje para decirte que iba a estar ahí, que iba a esperarte en un café. Solía haber un Starbucks frente a la estación de metro Callao, y en la eterna espera, me quede con mi vainilla latte observando a una pareja charlando, conociéndose por lo que parecía ser la primera vez. Podríamos haber sido ellos, si tan solo hubieses tenido las agallas de responder. Y en cierta forma, sentí que una parte de mi quedó en ese día, esperando, frizada en un tiempo que nunca fue nuestro. Cuando regresé a Argentina después de un mes de deambular en soledad por Europa, en lo que era mi primer viaje sola, con 18 años a cuestas, me senté en el borde de la cama, me quité el collar y saqué la promesa inconclusa de mis hombros. Me quité el gran peso que conlleva querer a alguien que desaparece sin explicación alguna, que no sabe apreciar tu cariño lo suficiente. Perdí a un amigo, y si bien dolió, aprendí que hay profecías que no se cumplen, que peor que rendirle fe a un dios es profesarle amor a una persona, de carne y hueso, con sus imperfecciones y falencias.
Es muy loco pensar como dos personas pueden pasar de quererse a ser dos completos extraños. Me pregunto si te acordaras mi nombre o si viviste algo remotamente cercano a lo que sentía yo. Me dolería pensar que te quise tanto sólo para convertirme en nadie. Espero que recuerdes mi sonrisa, como yo la tuya. O mis ojos, que tanto te gustaban. Hablamos por un poco más de cinco años, y después de diez, te sigo recordando. Ni mal, ni bien. Pero apareces de a pedacitos, en una poesía o en el eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Como la mía. Sigo leyendo a Carlos Ruiz Zafón esperando encontrar un poco de esos tiempos. Vivíamos con un océanos en medio, imaginando que un día nos cruzaríamos por coincidencias de la vida, soñaba que un día me convertiría en esa extraña que te sonreía en el tren. Escuchaba a Ismael Serrano decir "antes de rendirnos, fuimos eternos" y así nos sentía. Eternos en un mundo paralelo.
Te busqué en pasajes de novelas, y una y otra vez te convertí en uno de los personajes principales. Te quería como quien rinde su amor a la luna, sabiendo que alguien más la ama de lejos, sabiendo que sea donde sea que estemos, no nos encontramos tan distantes y, al menos, algo compartimos. Un recuerdo. Una historia pasada. Un capítulo en el libro de la vida.
PD: Feliz cumpleaños.

No hay comentarios:
Publicar un comentario