25 de septiembre de 2020

Dream of you

 



Hace un tiempo escribí algo muy lindo sobre una persona que amo. La amo a pesar de todo, a pesar de lo mucho que es capaz de lastimarme cuando así lo desea. Lo amo muy a pesar de mi, y de mis convicciones, de las diferencias, de los desencuentros, de las peleas tontas. Amara, realmente amar a alguien, es eso. Es ver lo que hace al todo de alguien, y quedarte. 

"Hace un tiempo que andaba buscando a alguien que me quisiera bien. Digo 'bien' en comparación con el tipo de 'amor' que circula y abunda hoy en día. Ese que es sólo una foto sin perspectiva ni contenido. Ese que pasa más por las redes sociales o lo que se aparenta que lo que realmente significa que te quieran, que estén ahí cuando la cosa esta bien y que se queden aún más cuando todo está mal. que se busque resolver conflictos y aceptar las diferencias dialogando, sin finales abruptos e inentendibles, casi infantiles, sin explicación y termine todo pareciendo ser una guerra en la que las armas nucleares son silencio e indiferencia. En definitiva, buscaba lo que todos en algún punto buscamos: un compañero de vida. 
Tuve muchos amores así, hostiles. Pasajeros pero que simulaban ser correctos. Descubrí la industria del amor que no trasciende las palabras, que no es correlativo con las acciones. Ese amor que se siente como cárcel y condena más que como libertad y tranquilidad. Ese que te inspira constante desconfianza, que te hace sentir reemplazable, que es con vos y con varias más al mismo tiempo (como si fuese una competencia de la que nunca quisiste participar). Ese que constantemente te dice disimuladamente que esta bien con vos, pero que necesita de otras para ver si hay algo mejor. Ese que siempre te hace sentir que estas por debajo de la linea de expectativa que, en el fondo, ni siquiera es suya, sino más bien de la sociedad, que dicta qué es aceptable y que no. 
Hoy en día es difícil conocer a alguien si no es a través de una aplicación, que lejos esta de parecerse a un encuentro esporádico en el que conoces a alguien por moverte en un nuevo ambiente. Con trabajo y estudio de por medio, salir con personas que ya no son amigos tuyos, es más complejo. Crecer y los círculos cercanos se van cerrando. Conoces mucha gente pero hasta ahí. Momentos breves y fugaces, como los que compartís con personas que conoces en esas aplicaciones. A la misma altura. Te juntas, tomas algo, te reís un rato, y nada más. Al día siguiente, si nos vimos, no me acuerdo. 
Pense en un momento que era algo que sólo me pasaba a mí. Esta dificultad para conectar. Luego comprendí que es algo de esta generación, o de este momento, donde todo pasa por lo que se muestra, ya sean apariencias, fotos, likes, follows, etc. En las aplicaciones uno elige a su "match" por una foto, que parece valer más que mil palabras sin comprender del todo que, en realidad, es sólo una foto. Detrás de esa imagen hay una persona, real, y que por sobre todas sus cualidades físicas, es imperfecta. Y no importa cuanto se luche porque todo se base meramente en una imagen, cuando la otra persona hable (y va a hablar), te vas a dar cuenta de que hay mucho más que sólo un item en la lista de requisitos que tenes guardada en tu subconsciente sobre las cualidades indispensables que debe tener alguien, quien más te guste o se adapte a lo que ya tenes construido en tu vida, la que menos joda tu esquema. 
Lo cierto es que una relación es más y mejor que todo esto. Sobre todo cuando estas con una persona que te hace bien y reluce todas tus virtudes por sobre tus defectos. Estar con alguien es más que adaptarse a una estructura, es más bien, hacerle espacio a esa persona. Es entender que el otro no es un reflejo de lo que deseamos, sino que es un otro, que es como puede ser y que, esto, está bien. Estar con alguien es respetarlo, espacios y tiempos, y saber que eso también implica ser sincero y transparente sobre lo que se quiere. Si no sabes que queres, no deberías involucrarte con nadie, un hábito muy común de quien teme a la soledad. Respetar al otro es también saber hacerse a un lado cuando lo que uno quiere (o no) puede lastimar y no ser lo mismo. Estar con alguien es estar en la misma página con esa persona, más allá de los detalles que pueden diferenciarlos. Estar con alguien es aprender a no perderte vos mismo, a preservar tu espacio, ese que te recuerda que para querer bien a alguien, hay que quererse a un mismo primero. 
Pablo apareció en un tiempo impensado de una manera inesperada y con, francamente, cualidades que yo no buscaba en alguien (muchos de esos requisitos subconscientes). Pero de alguno, vaya a saber por qué, nos encontramos. Y lo loco fue coincidir cuando ninguno de los dos tenía la intención de hacerlo. Lejos estuvo de la perfección, lejos estuvo de lo que esperaba, y al mismo tiempo, sin saberlo, era algo que necesitaba que llegara. Al comienzo, estaba negada. Por primera vez yo era la que pedía lentitud y serenidad a la hora de tomar decisiones. No quería ponerle titulo a nada, no quería sentir ni involucrarme sentimentalmente ya que, después de tantas malas experiencias en el año, lo consideraba más una amenaza que algo bueno y con futuro. Quería, esta vez, por primera vez. ser la que quisiera algo fugaz y placentero, evitándome la amarga parte en que siento cosas por alguien que rápidamente me destierra de su vida (como venía sucediendo hasta ese momento con los hombres). 
Cada vez era más difícil poner límites a la relación, y decidí que era mejor dejar que "fluyera" (una expresión que odiaba decir, y mucho más escuchar, sobre todo sabiendo que las relaciones nada tienen de mágico si no hay buena voluntad y esfuerzo mutuo). Coincidir con alguien es estar dispuesto a ceder un poco de uno, es como dije, hacerle un lugar a esa persona, en primera fila, al lado tuyo. Espacio y tiempo, dos de las cosas más difíciles de darle a otro. Tengo que quererte mucho para dedicarte mi tiempo, porque hoy el tiempo cotiza en bolsa. Sentía que tenía que darle una oportunidad, no sólo a él, sino a mí. De querer y ser querida con todas las letras. Querer de palabra puede hacerlo cualquiera, pero en los hechos, en el día a día, ahí es donde se ve qué realmente siente el uno por el otro. En la construcción de la relación, donde se sientan las bases del respeto y la confianza. 
Pablo al principio era muy abierto con todo lo que sentía, por mí principalmente, se la pasaba diciendo que me quería y eso me asustaba muchísimo. Pase de hombres que me despreciaban a uno que desde siempre me hablaba de sentimientos. No es que no le creyera, sino todo lo contrario. Le decía que no podía ser verdad que me quisiera en tan poco tiempo, pero él insistía, en que al menos tenía que darle una oportunidad para demostrármelo. Me abrí a conocerlo realmente, y supe que no había vuelta atrás. Me fui convenciendo de que algo adentro mío, se movía por él. Empecé a mirarlo con otros ojos, y empecé a irradiar amor hasta cuando lo miraba. Los dos teníamos una valija llena de miedos e inseguridades, pero sólo puedo hablar por la mía. Esta lleno de hombres que se pintan de caballeros y te comen, te mastican y te escupen. Fueron meses difíciles esos previos a la llegada de Pablo. Me introduje al mundo de las aplicaciones de citas con la esperanza de cruzarme a alguien que realmente quisiera conocerme, y terminé con mucha bronca por quienes dañan sólo porque pueden, con un supuesto indulto que les permite hacerlo. 
Con la primavera, llegó él. Todavía puedo visualizar mentalmente la primera salida. Estaba nerviosa. Lo conocí por compartir intereses como comida y viajes fuera de una aplicación de citas, lejos del sexo desinteresado, lejos del concepto de elección por envase. Pablo para mí era una bocanada de aire fresco en medio de un verano sofocante. No puedo decir que todo fue color de rosas. Pablo sigue siendo hombre y nuestra relación, empezó con una mentira suya de por medio, lo cual hizo que mi confianza por él se viese dinamitada. Pero le creí que no iba a volver a repetirse, muy a pesar de que todos los que me rodeaban me preguntaban como me permitía iniciar una relación si ya empezaba así. Tumultuosamente. Pero me arriesgué, decidí que lo valía. Y, sin importar las diferencias que tengamos, que no son pocas, llevamos una relación de varios meses a cuestas. Por momentos creo que esto va a durar, que sin importar lo que suceda, podemos superarlo. Otras veces, temo que la magia se pierda y que sin importar cuanto diga que me quiera, se convierta en uno más de los hombres que me lastimaron. Supongo que es algo que habrá que descubrir, de a poco, y que el tiempo nos encuentre más adelante como uno de sus sueños: juntos, en una casa con pastizal, disfrutando esa vida de viajes y vivencias de la que tanto hablamos." 

Escribí esto en la tarde del 31 de diciembre de 2019. Lo escribí en las alturas, en un avión, mientras miraba por la ventanilla y veía el último atardecer del año. Es gratis soñar e idealizar. Pero la realidad tiene un precio, un costo emocional. Supongo que desde que estoy en esta relación descubrí la importancia de evaluar, cuando se ama, si ese amor lo vale. Aprendí a ceder, a "negociar" diferencias y permitir que nos encontremos en un lugar neutro, nuestro. Llevamos doce meses de amor real. Siempre escribí sobre el esfuerzo que implica y la dificultad de estar con alguien, con seriedad y compromiso, sobre todo en tiempos como los actuales, donde prevalece la informalidad y desapego sentimental. A fin de cuentas, asomarse y contemplar el abismo puede sentirse muy angustiante si lo haces sintiéndote sola, pero muy gratificante y alentador si lo haces acompañada, con alguien que te mire y vea un mundo más allá del paisaje, sujetándote la mano, y aún mejor, sintiéndote completa en vos misma.

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